Ella despertó. Se sentía mareada, confundida, no recordaba lo que había sucedido, no, no era amnesia, probablemente su mente estaba demasiada cansada como para recordar algo. Se sentó sobre la pequeña cama en la que se encontraba y miro a su alrededor, las paredes eran de ladrillo rojo, el piso de madera y el techo de palma, además de no encontrarse ningún otro mueble en la habitación; miro sus manos atemorizada, estaban llenas de llagas, sus uñas crecidas y poco cuidadas, su cabello largo, color chocolate, estaba lleno de tierra y echo una maraña.
De pronto, escucho la manija de la puerta abriéndose, tomo la delgada sabana que tenía encima y se cubrió con ella hasta la cabeza. Un hombre entro en la habitación.
