Capítulo 1

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Estaba recostada en la cama, viendo hacia el techo, como siempre me resultaba difícil conciliar el sueño, ya que me perdía en mis pensamientos.

Tenía diez años cuando mis padres murieron, yo no paraba de llorar, y había un montón de sangre por todos lados, los cuerpos de mis padres estaban muy golpeados, yo los veía aterrada, no sabía que hacer, lo único que deseaba en ese momento era que ellos despertarán y me dijeran que todo estaría bien, pero no lo hacían. De pronto vi muchas luces y escuché ruidos, unas personas se nos acercaron rápidamente a ayudarnos, mis padres no despertaban y yo seguía llorando, me dolía mucho el cuerpo; un bombero me tomó, y escuché lo que quería escuchar, él me dijo que todo estaría bien, y yo le creí.

Me encontraba en un hospital, las enfermeras sanaban mis heridas, mientras yo seguía sintiendo mucho miedo, preguntaba por mis padres, pero nadie me daba razón, de repente llegó de nuevo el hombre que me salvó la vida, lo veía como mi héroe, al tomarme me hizo sentir tranquila, me dió paz y en ese momento era justo lo que necesitaba, le pregunté por mis padres, pero cuando él respondió a mi pregunta, mi corazón se rompió, quería que todo fuese una pesadilla, estaba consciente de lo que decía, esas palabras se repetían una y otra vez en mi mente, de pronto él me abrazó y pude llorar desconsoladamente, estaba sola en el mundo mis padres eran todo y de un segundo a otro ya no estaban conmigo, el bombero me calmó y decía un montón de palabras, que yo no entendía, porque me encontraba perdida en mis pensamientos. Mis heridas no fueron graves, así que yo estaba bien por fuera, pero con un gran dolor en el alma.

Pasaron los años, yo no recordaba mucho sobre el accidente, trataba de recordar algo, pero nada mi mente seguía en blanco. Me encontraba ahí en ese lugar, que no podía llamar hogar, pero no tenía de otra. No me gustaba hablar con los niños que estaban viviendo bajo el mismo techo que yo, no quería saber nada de nadie, pero a veces valía la pena socializar, me llevaba bien con algunos, la vida era un tanto mala en ese lugar, no había mucho presupuesto para nosotros y las personas que trabajaban en el eran de lo más amables y cariñosas ¡já!. Habían algunas personas bondadosas que nos visitaban y donaban dinero, pero de este dinero casi no veíamos nada, nosotros no podíamos decir nada, no eran nuestras reglas.

Faltaban dos meses para que cumpliera diécisiete años, aún me faltaba todo un año para salir de este espantoso lugar, estaba en el patio trasero, cuando escuché que habían visitas, me emocionaba mucho saber que él vendría. Él era un muchacho muy apuesto, supongo que de unos veinte años, sus ojos un poco achinados, su cabello era color negro, se veía suave, casi siempre se le veía serio, pero cuando reía ¡Dios! Su sonrisa me estremecía, era moreno claro, más alto que yo, y su cuerpo era perfecto, se llamaba Neyzan, él era el hijo de la Señora Roms, la cuál donaba una gran cantidad de dinero al mes, eran muy buenos y jugaban con lo niños, pero yo como siempre permanecía alejada; Neyzan y yo no hablábamos, pero una que otra vez intercambiabámos miradas. Me gustaba y mucho, pero yo no sabía si le gustaba a él y por ahora no quería saberlo. Las visitas se habían ido, y yo había ido a mi cama para repasar una que otra cosa que llevaba apuntada en mi cuaderno de estudios.

Los días, semanas iban pasando y hasta ahora no había ninguna visita; extrañaba a Neyzan, extrañaba intercambiar miradas, aunque él y la señora Roms no nos visitaban tan seguido yo me sentía melancólica y necesitaba verlo.

Escuchaba los gritos de las personas que nos cuidaban, era hora de levantarse, por fin cumplía diécisiete, cada vez faltaba menos para salir de aquí. Para mi sorpresa veo un gran pastel en la mesa y unos cuántos globos, y ahí estaba él. Era el mejor regalo, pero yo seguía confusa, aquí no celebraban los cumpleaños y menos con un pastel como este.

>Felicidades. -Me dice.

>>Muchas gracias. -Respondo.

>Nos enteramos que hoy cumples diécisiete. -Dice.

>>¡Oh sí!, no se hubiera molestado. -Le digo.

>En lo absoluto, mi madre no pudo acompañarme, pero quería traerte esto. -Me dice, dándome una bolsa donde había un obsequio y señalando el pastel, me da un abrazo y me susurra al oído -eres mi favorita-. Me separó de él un poco confusa, pero a la vez emocionada.

Neyzan se había ido, y yo esperaba el momento adecuado para abrir el regalo. Al ver lo que había dentro me sorprendí, había un pulsera muy bonita de corazones, había una foto y una nota; al ver detalladamente la foto estaba el hombre que me salvó la vida en aquel accidente automovilístico en donde murieron mis padres, el hombre que me dió palabras de ánimos y me trajo a este lugar, bueno de lo contrario estaría desamparada, se supone que éste era uno de los mejores orfanatos, pero los que trabajaban en el no cumplían las normas. Seguía confusa por la foto, no sabía que relación tenía Neyzan con este hombre, leí la nota y decía -todo estará bien-; ahora, no sabía si este obsequio era de Neyzan o del hombre que salvó mi vida, pero me sentía tranquila, al leer aquellas palabras.

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⏰ Last updated: Jan 20, 2017 ⏰

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