"Otra vez no, otra vez no" Dije buscando de manera desesperada en mi bolsa, estaba segura de haberlo guardado ahí. "Por favor, Alfonso, aparece" Murmuré desesperada.
"¿ Buscas a alguien? Escuché decir, levanté la cabeza y miré hacia mi lado izquierdo, el asiento estaba vacío. "Prueba hacia el otro lado." Esa fue la primera vez que le vi.
"Definitivamente a ti no" afirmé y continué en mi búsqueda.
Hace apenas dos semanas una nueva ley se había tomado mi ciudad, a partir de ese día todos los semáforos tardarían 15 minutos en la señal de rojo, esto sería a las 10:59 de la noche y con la intención de que cada ciudadano tomara ese tiempo para reflexionar acerca de los cambios que podía traer a nivel social. Esa medida me parecía poco convincente, principalmente porque a esa hora la mayoría de las personas ya estaría en su casa.
Esta era la primera vez que vivía la ley en un autobús. Cuando tomé el sexto puesto del lado derecho en la ventanilla, ya temía la ausencia de mi teléfono celular.
Él se encontraba en un autobus diferente, también estaba sentado en el sexto puesto, sólo que del lado izquierdo del vehículo.
"No creo que una persona quepa en tu bolso" Sentenció cruzado de brazos. Su tez era color canela, el bronceado que algunos poseían por naturaleza y otros buscaban en las playas o de forma artificial. Su cabello era negro azabache y sus facciones bastantes marcadas sin dejar de ser delicadas, su rostro era particularmente llamativo, bastante atractivo. Sin embargo, eran sus ojos color miel y su mirada profunda lo que más llamaban la atención.
"Aquí estás, Alfonso" Grité emocionada dando besos a mi móvil "No vuelvas a hacerme eso"
"No eres normal" Soltó entre risas "¿ Quién pone nombre a su teléfono celular y le regaña?" Le fulminé con la mirada, podía tener 24 años.
"Normal es relativo" Pronuncié cortante sin mirarle.
"De cualquier manera, eres muy rara." Giré mi rostro hacia él y endurecí mis facciones.
"Raro también es relativo."
"¿ La amargura también lo es?" Preguntó arrugando si frente.
"¿ Me estás diciendo amargada?" dije entre dientes.
"No, sólo pregunté si era relativo" Se apresuró a contestar "Es para un amigo."
Le miré y luego giré mi cabeza al frente ignorándole.
Antes de que alguno de los dos pudiera emitir una palabra más nuestros autobuses ya estaban en marcha tomando vías contrarias. No dijimos adiós.
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Cuando el Semáforo Está en Rojo
Short Story¿ Conversar con desconocidos en los autobuses? Es algo que quizá todos hemos experimentado; pero, hablar con un desconocido que va en un autobús diferente, parece ser algo fuera de lo convencional y sin embargo, nada descabellado para Marcela y Juli...
