Piratas japoneses
y no de nacionalidad
sino de mejillas
beben ron al son de una canción inventada,
y bastante buena, por cierto.
Danzando como si sus cuerpos
carecieran de peso
o como si algo en los pies
les picara con locura.
Como si pisaran lava hirviendo.
La madera crujiendo,
la mar dándole una azotaina al barco.
Ellos tan ebrios, tan pobres, tan ajenos al mundo,
tan felices.
Y yo estudiando.
