Las paredes me están mirando en silencio. No entiendo cómo es que logran encontrar tanta paz después de todo lo que han visto en ésta habitación.
Es terrible.
Me tiemblan las manos. Casi puedo sentir cómo brota cada gota de sudor, una a una.
Puedo recordarlo todo, es tan claro. Estoy intentando darle algún sentido a estos garabatos plasmados en este pedazo roto de papel.
"Sus ojos verdes se cruzaron con mi mirada (primer error). Sostuve la postura y mi frente en alto logró hacerme parecer alguien que no soy. Inflé el pecho. Vi la oportunidad para aprovechar nuestro contacto visual (segundo error).
Aceptó mi invitación (tercer error), fuimos por un café que, por cierto, ha sido el café más amargo que he tomado en mi miserable vida. Tal vez merecía ese café amargo. Tal vez fue la manera en la que el destino trataba de decirme algo.
Hice caso omiso.
No quise escuchar lo que me estaba gritando en la cara."
Que mi consciencia remuerda eternamente por el acto atroz e impuro que he cometido posteriormente a ese amargo café.
Las secuelas que probablemente tendré me atormentarán, así, permaneceré anclado a la miseria y decepción.
Continué mi escrito en prosa. La iluminación no me favorecía. Era de noche y ya llevaba más de setenta y dos sin electricidad. Ya no era necesaria. La compañía de la intensidad de luz de la insignificate vela a punto de morir, era insuficiente.
Mis ojos debían adaptarse a la oscuridad. Tenía que terminar.
Las palabras idóneas para contar exactamente lo que sucedió, parecían escapar de mi. Pero no eran del todo rápidas.
"Nunca me había puesto a pensar en lo mucho que puedes llegar a encariñarte con alguien (cuarto error; carajo, desde que la vi mi vida se llenó de errores).
En incontables ocasiones mi respiración se veía cortada por consecuencia de su sonrisa. Esa sonrisa capaz de transmitir felicidad al país más triste, al anciano más solo, al adicto más perdido. Iluminaba el alma más negra.
Hacía sonreír al mismo Sol.
A pesar de ésta descripción, no era su sonrisa mi parte favorita. Eran sus enormes e hipnotizantes ojos verdes que antes mencioné.
Pensar en ella y en cómo lucía no es de mucha ayuda.
Veinticinco de octubre. Éste día fue en donde todo cambió de golpe.
El cielo estaba completamente tapizado de nubes grises, casi parecían negras. Las hojas de los árboles eran escasas. Sin embargo la calidez y el bochorno del ambiente eran dominantes.
- ¿Fumaste?- ella quiso saber.
- ¿El olor me delata mucho?- contesté con una pregunta insinuando que la respuesta era afirmativa.
- Si. - hizo una pausa. - Además te vi a lo lejos con un cigarro entre los labios cuando me acercaba a ti -.
- Entonces, ¿porqué preguntas si ya lo sabías? - quise saber.
- Quería que tú me lo dijeras - concluyó.
El problema aquí era que yo le había prometido dejar de hacerlo. Me decía que el olor del humo del cigarro le recordaba a su padre (el cual tenía varios años de muerto).
Después de eso hubo un gran silencio.
Ninguno de los dos tenía algo relevante que decir. No era posible entablar una charla amena.
Ella rompió la tranquilidad pronunciando unas palabras imposibles de olvidar.
Con tan solo cinco palabras logró destruir millones de momentos.
<<He encontrado a alguien más.>>
La frase capaz de romper a el hombre más duro.
Ya me lo esperaba mas no quería aceptarlo.
Me quedé callado, di un paso atrás y me fui. Después de ese día seguí visitándola, estaba al pendiente de todo lo que ella hacía, comía, cómo se divertía y hasta me preocupaba su manera de trabajar.
Ella no sabía que yo estaba ahí, era casi una sombra.
La analizaba, cada paso que daba era fundamental, sabía que lo que planeaba no era la manera correcta, pero no importaba, era necesario terminar con esto.
En un descuido volvimos a tener un encuentro.
Si no soy yo quien está a su lado, nadie lo será."
El reloj digital (por suerte funcionaba a base de pilas) marcaba las 2:35 a.m.
No había comido en horas, sin embargo no sentía hambre en lo más mínimo.
No espero indulgencia por lo que hice.
Simplemente quiero que más de una persona sepa el porqué.
Ya no había más papel en dónde escribir, así que decidí dejar la nota a la mitad.
El mensaje sin final escrito obligará a quien lo lea imaginar de qué manera termino todo. Aunque resultará más que obvio.
Tomé el brazo que estaba en mi escritorio.
Después fui por la pierna y así fui reuniendo cada extremidad y demás partes de cuerpo.
Jamás había visto tanta sangre.
La piel estaba pálida, su tono generalmente era un poco más bronceado, empezó a lucir blanca horas antes de que fuera privada de su libertad. Y de su vida.
Gritaba, lloraba, suplicaba.
Ella me orilló a esto. Ella debió saber que un hombre enamorado es capaz de todo. Todo.
La segueta oxidada que encontré en mi garage estaba roja en su totalidad.
La sangre estaba en todos lados, en los sillones, en el piso, en el baño. Incluso en mi ropa.
Me tomé un tiempo para limpiar el desastre, no quería ser una carga para quien nos encontrara aquí al siguiente día. O al siguiente año.
No importa el tiempo que pasara, encontrar dos cadáveres es mucho problema como para también tener que limpiar lo ajeno.
En mi escritorio se encontraba una jeringa con morfina. La suficiente para tumbar a un elefante macho adulto.
El complejo psicópata que había en mi estaba escondido, bastaba un mal día para despertar toda perturbación.
Quién diría que de esta manera podría salvar nuestro amor.
Espero ir al lugar en donde ella esté.
