-Capítulo 1 / Mayordomos-

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Un día como cualquier otro fui de visita a la Mansión Erizawa, sí, de aquella familia que se había ganado el nombre de "la familia maldita". Para mí visitar ese lugar era como cualquier otro, pocas cosas me sorprendían y ya era habitual que pasara de todo un poco en esa casa. Pero... Aquel día algo llamó mi atención.

Nos encontrábamos sentados en el comedor, justo era la hora de la comida. Siempre tan oportuno yo, pero las delicias culinarias que preparan los cocineros de Erizawa son de primera calidad, hoy en día existen pocos cocineros como ellos. No es que yo acostumbre comer algo, pero me deleito con los aromas que esos platillos despiden y si algo me apetece, ordeno a quien obediencia me debe que me prepare aquello.

Sirvieron la comida y fue ahí cuando mi atención fue robada, nada para alarmarse... O al menos eso pensaba en un principio.

–¿Quién es él? –pregunté de inmediato, antes de que colocara mi comida en la mesa. Realmente de nadie me fio.

–Mi nuevo mayordomo –me respondió el señor de la casa, pero una mueca de disgusto en mi rostro indicó a ese nuevo personaje que no me sirviera la comida –. Deja, Su Alt...

–Su Majestad...–interrumpí de inmediato–. Hoy no deseo que me reste jerarquía. Soy Su Majestad Ave.

–De acuerdo. Su Majestad Ave tiene a su propio siervo. –dijo dirigiéndose al nuevo mayordomo, el cual asintió y continuó sirviendo a los demás.

>>Al parecer hoy no habrá día de descanso –se dirigió a mi hermoso albino Amon, éste sólo sonrió y contestó:

–Es un honor para mí servir a quien le pertenezco, es decir a Su Majestad. No importa el qué, incluso si debo rechazar tan honorífica invitación de compartir la mesa con usted Señor Erizawa –dicho esto se colocó de pie, recorrió su asiento y al mismo tiempo se acercó un tercer mayordomo para retirar el plato de Amon y todo lo demás. Ya que un mayordomo no comparte mesa con los amos a menos que éstos lo pidan o en casos muy especiales como había sido éste en el que Amon iba a compartir mesa porque no venía como mi mayordomo, sino como mi acompañante, mi pareja, mi amante, mi esposo; pero dadas las circunstancias tuvo que abandonar la mesa. Él mejor que nadie sabe que no me fío de extraños, mucho menos dejo que me sirvan, quien sabe que intenciones podrían tener. No, definitivamente no.

–Siempre tan lindo... Ese es mi siervo –murmuré y mis mejillas enrojecieron un poco–. Regresando al tema... ¿No tiene suficientes mayordomos? ¿Por qué uno más?

–Este es especial –contestó el Señor de la casa mientras Amon me servía, él mismo había ido a supervisar la calidad y procedimiento de mis alimento, podría apostar que incluso los preparó. A mí no me gusta cuando las cosas cambian en lo más mínimo. Confio y mucho en Erizawa, pero saber que había alguien nuevo me ponía de nervios, Amon sólo hizo todo lo posible -como siempre- para conseguir mi tranquilidad.

Aquellas palabras me habían generado un malestar, "Este es especial" resonaba de vez en cuando en mi cabeza. Comimos tranquilamente, ya no indagué más en el tema. Sin más la tarde fue amena, estuve conversando con el Señor de la casa y revisamos algunos proyectos que tenemos en común.

Todo parecía normal o al menos eso intentaba yo. Nos encontrábamos en su estudio conversando, realmente no recuerdo sobre qué, ya que mi mente estaba ocupada por algo más e inevitablemente retomé el tema:

–¿Qué lo hace tan especial? Tiene una docena de mayordomos ¿Y dice que uno es especial? No lo comprendo.

–Relájese Su Majestad –me dijo al tiempo que se posaba detrás de mí y colocaba sus manos en mis hombros, claro que tal acto provocó en mí todo efecto contrario al deseado.

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