•Agonía•

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"Deja que el dolor te tome esta noche, deja que este momento te haga mierda, te perfore el alma, grita, llora, canta, sientelo, estás viva. Mañana te vas a recuperar, mañana vas a volver a ser la misma, mañana, mañana..."
Me repetía en silencio una y otra vez, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas, Andrés me miraba con cara de preocupación por el espejo retrovisor del auto y antes de que pudiera abrir la boca subí el volumen de la música, deseando como nada en la vida que aquella opacara mis pensamientos.
Todo acabo, todo... Cierro los ojos y comienzo a recordar, cada momento, cada palabra, cada caricia, me duele el cuerpo, no puedo hacer nada si no esperar que el llanto se apacigüe, el viaje en auto me parece tan largo, sólo deseo llegar a casa deshacerme de esta ropa, tomar la ducha más larga de la vida y esperar, esperar, esperar. Mi Sabines dejo dicho que curarse de una persona es posible sólo necesito "Tiempo, abstinencia, soledad".

Después de 15 minutos, por fin Andrés se estaciona a fuera de mi casa, apaga la radio y me mira desconcertado.

Mañana estaré bien, no te preocupes -le digo, conteniendo las lágrimas, para dos o tres segundos después comenzar a llorar de nuevo- ¡no puedo¡ no ahora, vale.

-No sé qué decirte Celeste, él odiaria verte así, las cosas durán lo que tienen que durar, ni más ni menos.

Asiento con la cabeza y seguido de eso bajo del auto. -Gracias, nos vemos-le digo cerrando la puerta y dejando todo atrás, camino con determinación a casa, antes de ingresar volteó y le regaló una última sonrisa a Andrés, para que no se preocupe más por mí.
La soledad de mi casa es tan acogedora, quisiera que mi madre estuviera aquí, que me dijera que todo estará bien, pero no está, está lejos de aquí, si estuviera y supiera tal vez me odiaria. O tal vez lloraría conmigo pensando en qué momento me convertí en alguien así.
Me veo tentada a tomar le teléfono y llamarla, pero para que preocuparla, me arrastro hasta mi recámara dónde pasó los últimos dos días, como una cosa inmóvil e inútil, qué yace en la cama.
El ordenador se llena de mensajes de amigos, de conocidos, incluso hay un mensaje de mi jefe. Me la paso mirando el "Whatsapp" esperando que de pronto su foto aparezca y me percato que estoy esperando algo que no va a pasar, ni pasará, por más que mire durante horas aquel ícono con ese nombre falso que le asigné. Lloré mientras leía y releía aquella única carta que me dió, que con tanto amor guardé. Tarareo esa canción aprendida, con la boca llena de helado y mirando con ansia el celular.

Las horas me resultan agonizantes, duermo por ratitos, cada que el cansancio del llanto me vence,  pienso en todos los cambios que están por llegar apenas comienze esa nueva semana, me recuerdo que el lunes no estará ahí, ni el: martes, miércoles, jueves o viernes. Qué no estará ahí a ningúna hora, de ningún día, de ningún mes. 

Tomo de pronto la laptop y comienzo a escribir, a escribir con desesperación, con amor, con dolor.
Y tal vez, sólo tal vez cuándo terminé esto deje de doler.

¿Cuándo comenzó todo?

Eso fue antes, antes de que yo me diera cuenta, antes incluso de conocerlo, en el destino estaba, que él y yo nos conociéramos, nos amáramos, nos dijéramos adiós.

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⏰ Dernière mise à jour : Jan 07, 2017 ⏰

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