Mañanas de Café y Tardes de Rutina
No se supone que alguien llegue y de repente te cuente su historia, pero digamos que ese día fui la excepción:
Mañanas de café y tardes de rutina, el chico de enredada cabellera castaña, sentado al lado de la ventana en el autobús, creando mundos con su imaginación, deseando cosas que quizá nunca podrá tener, pues ese chico soy yo y esta es la historia de ese día en el que todo cambio.
- ¿Puedo sentarme? – Preguntan, pero al parecer la voz paso desapercibida - ¡Oye! – añade, tocando con el índice su hombro.
- ¿Disculpe? – pregunta aún atolondrado con la escena.
- ¿Qué si está ocupado? – repite el hombre con tono molesto. El chico niega con un leve gesto, y el sujeto prosigue a sentarse. El chico vuelve a encerrarse en el mundo imaginario que cada día es diferente, cuando de pronto esa voz vuelve a sacarlo de sus pensamientos.
- ¿Sabes? Tenía diecisiete años cuando la conocí, y era muy diferente a la mujer que es ahora... si hablo contigo – dijo el sujeto, al notar que el chico le veía curioso, como si de un loco se tratase.
- ¿Conmigo? – pregunta, sin entender nada de lo que sucede.
- ¡Sí! Contigo, y ahora por favor, ya no me interrumpas muchacho.
- José... mi nombre es, José – dice el chico estupefacto.
- Oh bueno, José lo que ahora he de contarte es la historia de mi vida. Mi nombre es Efraín, tenía diecisiete años cuando la conocí, o mejor dicho: cuando la vi por primera vez, ella llevaba un vestido carmesí, con hombreras grises igual al listón de su cabello y su cadera. Siempre fui de los chicos que actuaban antes de razonar, pero ese día algo cambio, deje de actuar, de razonar, deje de ser yo.
- ¿Crees que eso sea posible con una simple mirada? – interrumpió el muchacho incrédulo ante la situación.
- Es posible, claro que lo es, pero solo si logras ver más allá de lo físico y eso fue lo que yo hice, aun sin que ella notara mi presencia pude ver más allá de sus ojos, observar la curva de sus sonrisas, admirarla aunque fuera de lejos, he estado enamorado de esa misma mujer durante veintisiete años, y nunca he tenido el valor de presentarme, jamás su voz se ha dirigido a mí, tampoco sus labios se han posado en los míos, y mucho menos he sido parte de sus sueños, pero la he amado, como se ama de verdad. Cada día me prometía que la saludaría, que le preguntaría la hora o le hablaría del clima, pero nunca me atreví, su belleza siempre logro confundirme, hasta que una noche decidí escribir una carta, en la que mis sentimientos quedarían plasmados, en la que mi amor se haría notar y con la que no harían falta palabras, escribí durante toda esa noche, cada palabra enlazada a la anterior, cada una con más amor y pasión. Llego la mañana, y con ella la tarde y luego la noche, ese día no la vi, ni en su instituto, tampoco en el café que solía estar, y así paso una semana, sin saber de ella o su paradero, creía que todo estaba perdido, que de nada me servía portar una carta que nunca sería entregada a su destinatario, me resigne, y perdí la esperanza de algún día ser notado...
- ¿Qué paso con la carta? – dice en un susurro que muestra inmensa curiosidad.
- ¿La carta? – repite el hombre con un poco de melancolía, aún la llevo en mi bolsa después de veintisiete largos años, y tengo la certeza de que si esta carta hubiese llegado a sus manos, ella me hubiese correspondido, me hubiese amado tanto como yo la amo, y hubiéramos sido muy felices; sin embargo muchas veces tomamos decisiones que nos hacen arrepentirnos toda la vida, y mi decisión fue dura: no tomar decisiones. Ella se casó ¿sabes? Y podría jurar de que no es tan feliz de como lo sería conmigo – musitó, mientras le daba una pequeña sonrisa al joven que estaba a su lado - ¿Qué cómo lo sé? – Interrogo – lo sé porque llevo veintisiete años enamorado de ella y aunque su voz nunca se ha dirigido a mí, sé que ya no suena con el entusiasmo de antes, que aunque sus ojos nunca han visto los míos, sé que ya no brillan como lo hacían, eso me deja claro que no es feliz, y aunque jamás le he hablado o siquiera preguntado la hora, todas las noches le pido perdón por esta condena que nos obligue a vivir, si tan solo mi voz no hubiese huido al verle la primera vez, no fuera ella la que llorará en las noches, ni tampoco yo el que viviera de suposiciones.
El amor es un sentimiento sobrevalorado en métodos, y dividido en acciones, el amor para muchos significa solamente una noche de placer, para otros un lugar a donde llegar, pero para mí es poderla ver reír de nuevo.
Antes de su boda, solía salir libremente a las calles de la ciudad, le gustaba oler las flores de las floristerías y amaba en sobremanera al chocolate, le gustaban los animales y adoraba pintar, y antes de que creas que soy un acosador empedernido, déjame decirte que amar te hace olvidar cualquier limite o barrera, y si alguna vez has amado y aun así no me entiendes, solo te digo que eso no fue amor.
Porque amar es: no importarte lo que piensen o crean, amar es ser pleno y libre, amar es bailar bajo la lluvia y creer que no enfermaras, y yo la amo.
ŞİMDİ OKUDUĞUN
Carmesí
Kısa HikayeUn autobus, un asiento para dos y dos completos desconocidos. Una historia de amor que lleva veintisiete años escribiendose y la misma decisión que ha prolongado su extensión. Un chico aburrido y desaliñado, un hombre solitario y arrepentido y una c...
