La rivalidad entre hermandades acaba de comenzar.
Abbie y Corey se encuentran en una disputa debido al Alpha. ¿Qué es el Alpha? Te invito a que lo descubras.
La rivalidad entre estas dos hermandades se hace relevante en todo el campus, y al parecer...
Hola, soy Abbie. Tengo 18 años y acabo de ingresar a la universidad de Stanford en California.
Soy proveniente de una familia adinerada, los Mc'Guire. Muy conocidos debido a su fama en negocios y cadena de tiendas.
Tengo una hermana pequeña llamada Emma, de 5 años. Y también un hermano mayor; Andrew, 20 años exactamente. No somos hermanos de sangre, Andrew proviene del primer matrimonio de mi padre, pero aún así convivía con nosotros. Digo ''convivía'' ya que hace unos pocos años que decidió huir de nuestro hogar, ya que deseaba vivir a su manera. Mis padres, Gladys y Joseph, en un principio no estaban de acuerdo, pero ¿qué se le podría hacer?
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En este momento me aproximo a la universidad de Stanford... Y como ya saben... Me deberé unir a una hermandad; Delta Gamma Phi. Lo sé, suena asqueroso, sólo le añaden palabras griegas para sonar más "intelectuales", pero nadie le quita lo zorras. Y sí, yo seré una de ellas.
-Abbie -Me susurró mi padre mientras estacionábamos fuera del campus. -¿Estás segura de quedarte en este lugar? - puso una mueca de horror.- Si deseas, podemos regresar en este instante.
-¿Por qué lo dices? - Le respondí extrañada. Todo parecía normal, exceptuando los tipos que bailaban en ropa interior en la entrada del campus mientras cantaban You Can LeaveYourHatOn. Sí, terrible.
-¿Por qué lo digo?, ¡Sólo míralos! - Dijo algo sorprendido. - ¿En qué momento la Universidad se convirtió en un manicomio de locos?
-Padre, los manicomios tratan a locos. - Lo miré con cara de ¿enserio?
- Como sea. - dijo renegando. - ¿Te quedarás? - Me miró con una careta angelical, pero sí, me quedaría.
- Sí, me quedaré. - Me miró con resignación. - ¿Me ayudas con las maletas? - Sonreí, por lo que asintió. Bajamos del auto y nos dirigimos al maletero. Sacamos las maletas y me dirigí a la entrada del campus. Mi padre me lanzó un beso en signo de despedida y yo le respondí de la misma manera. Esperé hasta que se alejase completamente. Dí media vuelta y me adentré en el campus.
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Comencé a caminar junto a mis maletas que se encontraban a cada lado. Algo llegó a interrumpir mi paso.
-Hey. -dijo el chico de hace un rato. -Pero qué buena estás, princesa.
-¿Y ese culito?- decía otro mientras se mordía el labio. Me dí media vuelta. Mis manos ardían y mi rostro estaba enfurecido.
-Si no quieres ver este dedito- dije indicándole mi dedo de en medio. -En tu culito, es mejor que cierres el pico. - Le dije mientras les tiraba un beso.
[..........](tiempo más tarde)
Me dirigía a la entrada de la universidad para poder hablar con el director sobre mi lugar en este campus. Y el muy responsable me dejó esperando por una hora fuera de su oficina, ¿pero qué gran día no?
Dentro de unos minutos me abrió la puerta y entré.
-Señorita Mc'Guire, un gran gusto de conocerla, por favor tome asiento - Asentí -Es un gran privilegio para nosotros poder recibirla, le espera una cálida bienvenida en este lugar.
-Gracias señor director. Si me disculpa, solo vine a preguntarle dónde quedaba mi hermandad.
-Oh - Dijo entusiasta. - Por supuesto. Como sabrá hay dos hermandades, la suya es la de la derecha, la de la izquierda corresponde a la de los hombres.
-Gracias. -dije con un gesto de agradecimiento para luego irme.
- ¡Ah! ¡Señorita Mc'Guire! - Me dí vuelta en señal de pregunta. - Espero que disfrute del rito de iniciación. - Me miró sonriente, y solo le correspondí.
[............]
Al salir de la oficina del director, caminé en dirección a la hermandad. No quedaba tan cerca como el director me lo había indicado.
Al caminar me reencontré con los chicos de un principio, los cuales nuevamente me dirigieron la palabra, pero esta vez, tuvieron el descaro de tutearme.
-Nena, ¿vas a seguir evitándonos? -decía mientras se acercaba a mi.
-¿Por qué no debería hacerlo? - le respondí seriamente.
-Porque eres nueva, ¿no es así?- Dijo riendo el otro.- Todas las chicas nuevas; guapas obviamente, pasan a ser nuestras.
-¿A qué te refieres con nuestras?-hablé un poco afligida.
-Debes venir a mi cama para comprobarlo, guapa. -Se rió.
Al momento que empezaran a tocarme, juro que los dejaría sin su día del padre. Pero algo los detuvo antes. Un chico apareció detrás mío con otros 5 más.
-Tay, Matt. Déjenla - Dijo con un tono serio. Los chicos inmediatamente se alejaron con cara de aburridos. Lo que me faltaba, un puto marica que se las da de superman viene a salvar mi día. -¿Eres nueva no? - Me di vuelta y pude ver su rostro. Era alto, moreno, de ojos color miel, se podía notar su cuerpo muy tonificado, pero... Tenía un rostro serio.
-Sí, ¿y tú eres? - Lo miré confundida.
-Vaya chica, sólo te lo perdonaré porque acabas de llegar hace unos minutos. - Dijo burlándose con sus amigos.
-¿Como sabes que acabo de llegar hace unos minutos y no hace unos días? Idiota engreído. - Dije amenazándolo. Se volvió a reír.
-No sé si te habrás dado cuenta, princesa, pero por tus maletas no es muy difícil de adivinar. - Dijo cruzándose de brazos con mirada desafiante. - Además, una está abierta. -Sacó unas bragas y comenzó a reírse. - Creo que te encanta lo diminuto... - Intenté quitárselas. - Alcánzalas. -Decía riéndose debido a que por mi estatura ni en mil años podría alcanzarlas.
-Vete al infierno. -Le dije secamente y ¡pum!, Una cachetada en su cara llegó a voltearle el rostro. Sus amigos solo se rieron.
-Mocosa. -dijo ahora enojado acercándose a mi. - Pronto sabrás quien soy y te arrepentirás de haberlo hecho. - Dió media vuelta con sus 5 princesitas y se fue.
Lo que me faltaba, ya tenía mi primer enemigo en Stanford y sólo por unas "braguitas".
[............]
Ahora sí nuevamente me dirigía a mi futura hermandad. Realmente era hermosa, grande y sofisticada. Llamé a la puerta y al parecer nadie salía. Por lo que entré sin su permiso. Al entrar no pudo ser más terrible, ¿de verdad mi fraternidad sería este escondrijo? Las chicas corrían y lloraban hacia todos lados desesperadas, al parecer se encontraban en una reunión de... ¿fraternidad? Si así suelen llamarles.
Intenté ser cautelosa pero tropecé con una chica que se encontraba en el suelo, por lo que automáticamente comenzó a gritar. Inmediatamente todas dirigieron su vista hacia mí. La encargada de la reunión tomó el micrófono y me apuntó.
-Tú -dijo seriamente. ¿Yo qué? - ¡NUEVA HERMANAAA! - comenzó a gritar y todas se lanzaron sobre mí.