Cerbero

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  Antiguamente existía una ciudad que solia sufrir asaltos de bandidos.

  Por suerte, contaban con un guardia formidable que amaba su ciudad natal.

  Con dos feroces perros de caza a su lado, el guardia protegía las puertas de la ciudad, repeliendo a los posibles asaltantes.
  El trío llego a ser famoso por su ferocidad en combate.

  Gracias a sus éxitos, le ofrecieron puestos de mayor prestigio, pero el guardia siempre los rechazaba.

  Nada le proporcionaba más orgullo ni felicidad que proteger su ciudad.

  Pero no sospechaba que su felicidad no duraría mucho...

  El lugar sufrió una terrible enfermedad que se propagó rápidamente y resultó mortal para todos los infectados.

  La gente, asustada, huía en masa, y a medida que la ciudad se vaciaba, iba perdiendo su vitalidad.

  El guardia no soportaba ver marchitarse el lugar que amaba.
  Había dedicado su vida a proteger la ciudad y ahora temia quedarse sin motivos para vivir.

  Consideraba cobardes a quienes intentaban marcharse. Con el tiempo, empezó a sentir resentimiento hacia ellos.

  No podía permitir que se fuesen. Al fin y al cabo, seria absurdo proteger una ciudad desierta.
  Por increíble que pudiera parecer, se volvió contra sus ciudadanos, usando el miedo y la fuerza bruta para asegurarse de que no abandonaran la ciudad.

  Aunque la enfermedad seguía propagándose, el guardia no dejo de actuar así. Estaba perdido en las profundidades de la locura.

  Una tarde, los bandidos iniciaron un asalto a la ciudad. El guardia estaba preparado para recibirlos.

  Su cara se retorcía en un profundo éxtasis. Solo en momentos así se sentía realmente vivo...

  Cuando los bandidos intentaron huir, el guardia fue atravesado por una lanza desde una posición donde no podía haber ningún bandido...
  Desde la retaguardia. Desde la ciudad a cuya protección había dedicado su vida...

  Los habitantes de la ciudad habían decidido rebelarse contra la tiranía del guardia y atacarle por la espalda.

  Mientras el guardia yacía en el suelo y su conciencia se desvanecía, una extraña luz brilló ante sus ojos.

  Un cáliz flotaba ante él, bañado con un frío destello blanco.

  "Dedicame una ofrenda. Ofrece lo que te sea mas preciado y te concederé tu deseo..."

  Hipnotizado por las palabras del cáliz, el guardia ordenó a sus perros que matasen a toda la ciudad, amigos y enemigos por igual.
  Se volvió contra las personas a las que había protegido toda su vida. Sus seres más queridos. Ahora eran su ofrenda.

  El resultado fue un gigantesco montículo de cadáveres, junto a él, el guardia lloraba.
  Resonaron los aullidos de un perro enloquecido y la zona fue envuelta por un brillo oscuro.

  De los estanques de sangre acumulada surgió un monstruo.
  Un monstruo que desafiaba toda descripción...

  Cuenta la leyenda que la ciudad aún existe en algún lugar del mundo.

  Con un aspecto inalterado por los años, el mismo que tenia en los días de gloria del guardia.

  Dicen que aún sigue allí, montando guardia ante sus puertas.
  Puede que te deje entrar, pero seguro que no te dejará salir...

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