Una chica cualquiera, con una vida difícil y amante del anime y manga. Pero repentinamente despierta en otro cuerpo. A miles de kilómetros de su hogar.
[...]
Marinette está muerta.
Sacrifica su vida por la de un pequeño después de un combate contra...
—♪♫ ¡Aléjate de mi, escapa, vete ya no debo verte! ♪♫
Scarlett iba saliendo de la Universidad nocturna con los cascos puestos, sin prestar atención a las miradas indiscretas de las personas cuando la veían pasar cantando.
Como era habitual vestía el uniforme del instituto, una mochila y los indispensables cascos. Perdida en sus pensamientos sin prestar atención a nada que no fuera la música, cosa que lamentaría después.
La belleza de la chica estaba por encima del promedio, al igual que su cuerpo entrenado. Pero la desmarañada melena negra sobre sus ojos, la ropa varias tallas más grandes; cubierta de lodo y su modo especial y varonil de caminar, sin contar el hedor que emana su cuerpo. Haría hasta a el más desesperado alejarse sin ver atrás.
Pero obviamente eso, a ella no le importaba. Siguió caminando con la mirada baja hasta que su mirada se cruzó con la grada que indica el comienzo de la calle. Con una mano subió un mechón de cabello dejando a la vista un iris gris, vio el semáforo en rojo y pasó tranquilamente a la otra calle sin notar que una sombra negra se deslizó detrás de ella.
Se metió en un callejón, y la sombra detrás de ella la siguió. Entonces una figura se movió detrás de ella, a pesar de que los pasos del sospechoso no eran para nada silenciosos, incluso parecía hacer más ruido a propósito, aún así ella no lo notó. Pero la música terminó y llegó ese intervalo de silencio antes de la siguiente melodía.
Escuchó los pasos y frunció el ceño, su corazón palpitó con fuerza, advirtiendo el peligro. Abrió los ojos —que hasta entonces tenía cerrados— y paró en seco bajo la luz de un foco, solo para ver una sombra por encima de la suya. Un grito salió de su garganta, pero fue interrumpido por un ¡Bang!, luego su cuerpo cayó al suelo con un ruido seco.
Un charco de sangre se formó bajo su cabeza. Una ráfaga de viento pasó por su rostro apartando el cabello, sus ojos estaban abiertos de par en par viendo el vació, bañados de un escalofriante blanco.
Una persona salió de la oscuridad, caminó hasta ella y le quitó los cascos sin inmutarse por la obra a sus pies, limpió la sangre de los cascos con la manga de su camisa y los elevó a la luz del foco, una sonrisa se formó en sus labios.
—¡Jejeje!
El mendigo se alejó de la escena silbando mientras giraba los cascos de 250 dolares en su dedo índice.
—Ryu-Nixhyd
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