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Como siempre hacía al regresar de la escuela me dirigí al baño, ansioso de ponerme bajo el chorro de agua y no moverme nunca más de ahí. Hoy, especialmente, había sido un día agotador.
Lo que en principio iba a ser un gran día, terminó siendo todo lo contrario. Llevaba preparando el discurso que le iba a decir a Samanta Jones, mi amor platónico desde hace más de un año, para decirle mis sentimientos hace semanas. Pero no resultó exactamente como pensaba. No es que hubiera pensado que me iba a decir que yo también le gustaba, pero claramente no se me había pasado por la cabeza que me iba a rechazar de la forma que lo hizo. Tan fría. Y cortante. Cruel.
Giré hacia la izquierda el grifo que daba el agua caliente y me metí a la ducha.
—¿Por qué me declaré? —Me pregunté mientras me pasaba las manos por mi cabello mojado.
No importa. He pasado muchas vergüenzas a lo largo de mis diecisiete años. Ésta sólo será una más.
Tomé la toalla blanca que estaba encima del retrete y la puse alrededor de mi cintura mientras me miraba en el espejo.
Sin embargo, aunque haya pasado tantas vergüenzas en mi vida, eso no quita las ganas que tengo de meter mi cabeza en la tierra y no sacarla nunca más de ahí.
Mientras me ponía el desodorante sentí una corriente de aire frío llegar a mi espalda que me provocó un escalofrío.
Con cuidado puse mis pies en la bañera de la que recién había salido para poder cerrar la pequeña ventana que ventilaba el baño.
Estiré todo mi cuerpo para alcanzar la manilla de la ventana, y lo logré. Sin embargo, no la cerré enseguida ya que algo llamó mi atención.
Una chica estaba leyendo un libro con un gato blanco y gordo en sus piernas, en una terraza del edificio vecino, detrás de unas cortinas de color rosa.
Ya que no quería resfriarme, porque hacía bastante frío, cerré la ventana y me encaminé a mi habitación, abandonando el baño que compartíamos mis dos hermanas y yo.
—¡Al fin! —Exclama una de ellas, Grace.
Entre nosotros tres no había mucha diferencia de edad. La mayor es Rose, que tiene veinte años y estudia para ser chef en la universidad. Luego está Grace, que estudia conmigo en el instituto, ya que repitió un año. Grace tiene dieciocho años. Y luego estoy yo, con diecisiete años, cursando mi último año de la escuela.
—Todo tuyo.
—Gracias hermanito. La vida es bella, ¿no crees? —Lanzó una carcajada al tiempo que cerraba la puerta. Lo había olvidado. Gran parte de la escuela sabía de la vergüenza que me había regalado Samanta.
Resoplé y me dirigí a mi habitación. Eso sólo empeoraba las cosas.
* * *
—Hola Coury. —Me saludó Bianca, sonriendo yo dejaba el paraguas al lado de mi pupitre. —Hace tiempo no llovía tan fuerte.
—Lo sé, y me tuve que venir caminando porque no alcancé el autobús. —Bufé.
—Me hubieras avisado y nos veníamos juntos. Yo tampoco alcancé el autobús. —Dijo mientras sacaba algunos libros de su mochila y los guardaba debajo del pupitre.
Con Bianca somos amigos desde la infancia. Nos conocimos porque vivimos cerca y siempre nos encontrábamos en el parque. Al final nos terminamos haciendo amigos.
—¡Hola! —Exclamó alegre Luke. Uno de mis amigos. Un chico alegre y carismático, esa clase de personas que todos quieren. —¿Qué tal estás? —Se dirigió a mí mientras se sentaba en mi pupitre.
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Cortinas rosadas.
Teen Fiction"Me pasé noches enteras pensando si tu voz era tan rosa como tus cortinas." mcmart
