Hace 250 años, la humanidad sufrió una serie de catástrofes que amenazaron con destruir la existencia de los seres vivos en la tierra. Grandes cataclismos, plagas, enfermedades nunca antes vistas, guerras...todo junto en un panorama desolador.
La situación era insostenible: la madre naturaleza por fin había decidido acabar con nosotros, destruirnos. La población mundial mermó, la tasa de natalidad disminuyó hasta el punto en que nos planteamos seriamente que la extinción de nuestra raza era algo mucho más cercano de lo que habíamos imaginado. Habían pasado casi 9 años en que ninguna mujer había dado a luz y la mayoría de los esfuerzos gubernamentales mundiales se enfocaron en esa situación, preservar la fertilidad humana a como diera lugar.
La gente peleaba unas con otras, las familias ya no se reconocían como tales y nuestro lado más feroz y animal salía a la luz. El ambiente hostil y las dificultades estaban terminando con nuestro lado humano.
Y entonces sucedió...
Una mujer en Asia había logrado no sólo concebir un hijo y llegar al término del embarazo, si no dar a luz a un pequeño bebé varón que se planteaba como la nueva esperanza de la humanidad: el milagro. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para ver que esta situación solo nos abría las posibilidades a una realidad mucho más compleja. "Faith" como le habían llamado, desprendía un olor que algunas pocas personas, hombres y mujeres, podían percibir y que despertaba un instinto animal incontrolable que los hacía querer poseerlo, aunque esto implicara batirse en luchas sangrientas para poder acercarse al pequeño. Sin embargo se dieron reportes de más niños nacidos con características similares, los gobiernos y sus científicos comenzaron a caer en cuenta de que esta situación era completamente nueva.
La gente se encontraba dividida, había personas que veían a estos niños como milagros, mensajes de la naturaleza en los que se nos otorgaba una nueva oportunidad para avanzar como humanidad, mientras que otro grupo les consideraba aberraciones, seres inferiores creados a partir de las catástrofes acontecidas, niños nacidos para aumentar las disputas entre la población y ocasionar más guerras.
Por su seguridad, se decidió recluir a los niños en centros de concentración especializados, y se aprovechó para iniciar una exhaustiva investigación sobre las características que poseía este nuevo tipo de seres humanos, capaces de entrar en celo y procrear independientemente de su sexo.
Fue así como, después de años de investigación, se llegó a la denominación del prototipo A-B como raza surgida a partir de lo que, muchos años después, llamaríamos "El Cataclismo". Desde entonces se designaron a los niños que nacían según su raza: Alfa, Beta u Omega.
Sin embargo, las guerras no cesaron. Pronto los grupos de personas que se oponían al prototipo A-B conformaron ejércitos rebeldes encargados de la búsqueda y eliminación de todos aquellos sellados como Omegas, pronto estos seres vieron su existencia en peligro. Por todo el mundo se cometían actos de violencia y asesinatos de hombres, mujeres y niños Omega, siendo considerados inferiores y débiles para la raza humana. La población Omega se redujo a un 10% de la población mundial, y la mayoría de ellos eran repudiados por sus familias, abandonados o vendidos como esclavos.
El mundo se había convertido en un caos completo. No era seguro. Y menos si eras un Omega...
.....................................................[ Ω ].......................................................
Una bocanada de aire y el llanto que anuncia una nueva vida. Anton movía los labios pero no podía articular ninguna palabra. Junto a él, el equipo médico lo observaba expectante y el hombre solo sentía que el alma escapaba de su cuerpo.
-Doctor, ¿qué haremos?- La enfermera pidió con su voz entrecortada, sosteniendo con fuerza la mano de la mujer que, a su lado, se encontraba tendida en la cama. Pálida, con respiraciones irregulares y la mirada perdida. Hiroko moría lentamente.
Anton miró al pequeño que lloraba fuertemente, como si comprendiera lo que estaba pasando, y luego al médico que se encargó del parto de su "sirviente" y amiga. Hiroko era una pequeña Omega de tan solo 3 años de edad cuando llegó a su casa en condición de esclava, sin embargo él nunca pudo tratarla como tal y terminó convirtiéndola en su amiga. Por ella es que Anton se había convertido en lo que era ahora: un eminente científico, jefe Alfa de la división de genética y especializado en prototipos A-B. Y ahora ella estaba ahí, respirando lo último que le quedaba de vida.
Envolvió al pequeño en una manta y lo tomó entre sus brazos mientras se acercaba a Hiroko. Acercó el pequeño bulto el rostro de la asiática, una de las últimas que aún vivían. Una lágrima resbaló por la mejilla de Hiroko y con mucha dificultad levanto un dedo y acarició la suave mejilla del bebé.
-Anton, por favor...-susurró con su suave voz, sin despegar la vista del recién nacido, aprovechando el poco tiempo para admirar a su hijo-...cuida a mi hijo, te lo ruego. Cuida a mi Yuri, no permitas que pasé todo lo que yo pasé.-
El personal médico dentro de aquel quirófano improvisado los observaba fijamente, compartiendo el dolor de los ahí presentes. Anton acarició el rostro de Hiroko y esta cerró los ojos con cansancio. -Sé feliz...Yuri- Dio un último suspiro y su corazón dejo de latir. Ese domingo 29 de Noviembre del año 1011, Hiroko Katsuki había abandonado el mundo.
Anton sintió que algo dentro de él se rompía lentamente, que sus pulmones no podían expandirse correctamente y que en cualquier momento él también moriría. A su lado, los médicos y enfermeras, amigos suyos, le miraban con pena e impotencia.
Un llanto leve sonó.
Antón desvió su mirada hacia el bulto de mantitas que sostenía aún entre sus brazos y por primera vez fue consciente de lo que veía. El pequeño abría perezosamente sus ojos rasgados. El hombre no pudo evitar soltar las lágrimas que estaba reprimiendo y que pronto inundaron sus mejillas. Ese bebé era el último recuerdo que tenía de Hiroko, su posesión más preciada y si era necesario, daría la vida por cumplir la promesa.
Yuri Katsuki, con sus escasos cabellos azabaches abrió completamente los ojos. Grandes, redondos...cobrizos. Un Omega.
-No te preocupes, Yuri, yo cuidaré de ti como un hijo. Te lo prometo, pequeño.-
Y lo haría, con un demonio que lo haría. Protegería a ese Omega con su vida de ser necesario, o convertiría en un miembro más de su familia.
Lo juraba tanto como que era Anton Nikiforov.
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Ladybird Ω [Omegaverse] #PremiosKatsudon2017
Fanfiction(AU) "Las cenizas cubren todo, al amado y al amante, ambos. ¿Cuándo sabremos qué es lo correcto?" En un mundo donde ser Omega es sinónimo de esclavitud y represión, Yuri, el protegido de Anton Nikiforov, crece entre las sombras. Nadie nunca ha vist...
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