dos

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Dos hueás: Fede RICO.

Era mucho más rico de cerca y eso no pasaba con todos los hueones. Casi siempre tenían buen lejos pero de cerca eran unos sujetos dejaditos de la mano de Dios.

Una hueá curiosa es que a los hueones feos siempre se les ha dicho «federicos», pero el Fede rico era una excepción. En eso se vino a mi mente The Only Exception de Paramore.

Alonso, ¿quién te conoce?

A regañadientes quité la vista del Fede rico y volví a sapear hacia atrás. Estaban todos los amigos del Fede riéndose, como si se estuvieran burlando de mí, como si estuvieran apostando si yo caía o no en los encantos de su amigo.

Quizá yo era muy perseguida, o quizá la menstruación se había metido en mi cabeza y me estaba haciendo imaginar hueás. No, si la regla hueona era mala.

¿Quién entendía a la naturaleza, que nos castigaba por ser puras y virginales?

Me empezó a bajar de nuevo y tuve que disimular mi incomodidad.

─ ¿Y por qué no hací la fila mejor? ─le respondí de impulso, sonando pesá.

Pero hueón, yo había hecho la fila pacientemente, mientras sangraba y mi útero se desgarraba por dentro, ¿y ellos que estaban en perfectas condiciones no podían hacer la cola?

¡Seguro les pesaban las pichulas po!

Me había enojado sola.

Vi la sorpresa posarse en la cara del wachito rico que estaba en frente mío.

¿Qué pasó, amiguito?

¿Pensaste que no me iba a resistir a tus encantos?

Yo también lo pensé, pero al parecer soy más strong que la Demi Lovato.

Me quedó mirando para ver si cambiaba de opinión, pero no lo hice, ni tampoco agregué más hueás a la conversación, así que al final se fue con la cola entre las piernas. Con otra cosa entre las piernas en volá, pero para qué ponerse ordinarios...

Compré las salchipapas de la Nacha y me compré unas papas fritas para mí, además de dos cocas. Ni siquiera me entregaron bandeja los culiaos cagaos', así que me acomodé las hueás como pude y emprendí mi rumbo de vuelta.

─ ¡Mala onda! ─me gritó el grupito del Fede cuando pasé por su lado.

Chupen la que cuelga, flojos culiaos. No estoy de humor pa' soportar sus hueás.

Cuando llegué donde la Nacha, la traidora estaba conversando con una hueona que me caía mal, la Macarena.

─ ¡No puedo creer que vino la Lidia! ─comentó ella en voz alta, tapándose el hocico de caballo que tenía, con las dos manos.

Le dediqué una sonrisa falsa muy notoria y después le hice un gesto a mi mejora para que sacara sus patas de mi silla.

─ ¡Grax! ─me agradeció mi amiga y me quitó sus salchipapas.

Me senté sin ni siquiera darle la cara a la Macarena y me comí una papa frita, bien choriza.

Aaah, ¡un manjarate!

─ ¡Lidia, supongo que vai a bailar! ─volvió a hablarme la Maracarena.

Ah, ¿y vo todavía no te vai?

Incluso ya me había olvidado de su molesta presencia.

─ ¡Suponí mal! ─le respondí, mirándola de reojo.

¡Apaguen esa música que me carga hablar a gritos!

─ ¡Ah, qué erí  fome! ─me volvió a decir la hueona.

Enamorada de un ahueonaoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora