«DDR» Los personajes son de mi completa autoría. Brujita Lunera.
«N/A» Está prohibida la reproducción de esta historia en otros lugares, si lo ven no duden en avisarme, ya que principalmente estará copiando algo sin autorización, es decir, plagiando. Además, porque copiar es un tributo a la mediocridad. ¡No lo incentives!
No seas un lector fantasma, anímate a comentar porque sus opiniones nos nutren como escritor y son importantes para nosotros. ¡No seas indiferente con lo que lees!
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Desde siempre la conocí, de niños fuimos los más grandes amigos hasta que la adolescencia llego y aunque seguimos siendo los mejores amigos, también se convirtió en mi gran amor hasta que nos separamos en aquella primavera de abril hace seis años.
Aún recuerdo como si fuera ayer como fue nuestra separación. Tan doloroso fue todo, pensé que era por el bien de nuestro futuro, pero que equivocado estaba...
—No me dejes —suplicó una adolescente de aproximadamente quince años, de piel de porcelana, de ojos dulces que en ese momento atormentados por la soledad, sus ojos de un negro que parecían esconder en su mirar el universo, cabello negro como la noche, con aquel mirar que siempre la hacía ver inocente y tierna a pesar de tener aquel cuerpo que podía tentar al más santo de los hombres.
— ¡Sabes que no puedo hacerlo! —Intentó explicar tomándola entre sus brazos, aferrándose a ella en un arrebato.
Ella lloro en sus brazos hasta quedarse dormida, le partía el corazón dejarla, pero no podía quedarse, tenía que estudiar y labrarse un futuro para ambos en aquella universidad si quería tener el poder de protegerla a ella del padre que le toco tener.
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«Que arrepentido estoy de no habérmela llevado conmigo —pensó con amargura mirando a la mujer que dormía en su cama aparentemente tranquila».
Al verla así no podía reconocerla, su cuerpo ahora más maduro, pero muy delgada, su piel de porcelana siempre tersa, ahora se presenta amarillenta, opaca, había perdido su brillo habitual, su rostro rozagante ahora mostraba las ojeras de las noches en vela que paso perdida en su agonía, por el dolor de las cosas que le impusieron, por la soledad que sentía al sentirse desprotegida ante los buitres que eran las personas que llevaban su propio sangre, ante sus propios demonios.
Amador, el padre de Amada es un hombre cruel que no le importa usar a su hija para obtener beneficio de lo que quiere. Nunca le intereso el bienestar de ella, solo le importa el dinero que ella significa en su cuenta bancaria, porque si ella no representará aquello él la hubiera dejado a su suerte aquel día en donde la madre de ella murió.
Aun después de muchos años de preguntarse los motivos de aquel odio desmedido que un padre sentía por un ser inocente y sumiso lo entendió con las investigación que le llego días antes de regresar a su natal país.
—Tu padre siempre te vio como un intruso en su vida, si no hubiera sido porque tu abuelo te convirtió en la heredera universal de todos sus bienes él te hubiera abandonado en aquel hospital a tu suerte —susurró mirando a la mujer dormir pasivamente aunque de un momento a otro la vio cómo su dormir se volvió tormentoso, aprieta con fuerza las sabanas y se veía agitada en la forma de respirar.
—No, no, no, suéltame —grita entre sueños la joven convulsionando e inquieta por el efecto post-consumo de la cocaína.
—Mi amor, tranquila —Le susurra intentando calmarla.
Como alma que lleva el diablo, corrió por toda la casa en busca de un recipiente para poner un poco de agua con hielo y un trapo para pasarlo por el rostro humedecido por la fiebre que había aparecido tan de repente.
Paso unos minutos mojando la frente de su niña o lo que queda de ella, llego un momento en que se sintió perdido porque la fiebre aumento, por lo que sin dudar llamo a la única persona que podía ayudarlo en aquel momento.
—Primita, por favor. Consigue un médico —habló gimoteando un poco—. Amada está muy mal Sabrina, por favor, ayúdame —pidió con frustración e impotencia.
—Listo en menos de media hora estaré ahí con él —respondió con rapidez.
—En menos —Urgió, mirando a la joven en su cama temblar.
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En otra parte, se veía a una menuda mujer, pelirroja, de un metro setenta y de ojos azules como el cielo, vestirse rápidamente y caminando hacia el departamento de su vecino y ex-amante, el cual era un gran médico.
Golpeo la puerta como si su vida dependiera de ello.
—Por favor, abre Sergio —grita aporreando con fuerza la puerta.
Sergio se despertó furioso por el ruido de los golpes en la entrada de su casa, pasándose las manos con frustración por su castaño cabello y con aquellos ojos avellana miro con resentimiento a la mujer delante de él que tuvo la osadía de despertarlo:
— ¿Qué no sabes qué hora es? —preguntó irritado, pero al ver el estado de su vecina y amiga de cama, se alarmo—. ¿Qué sucede?
—Toma tu maletín y vístete. Corre —Apremió entrando a la sala del apartamento buscando el maletín.
—El maletín lo tengo en el coche —dijo poniéndose el pantalón que encontró en el mueble—. ¿Qué sucede?
—Mi amiga que consume droga...—habló confusa—. No sé qué le paso, solo sé que se puso mal —explicó abatida por no haber estado para ella cuando más la necesito.
El no dijo nada, termino de ponerse la camisa para salir corriendo tras de Sabrina hacia su coche. En silencio total iban en el vehículo solo se escucha de vez en cuando las indicaciones que le daba y la prisa por llegar.
Damián se sentía morir, verla así simplemente lo ponía mal, sin poder ser aquel bálsamo que necesita, sin poder ser el aliento que le era robado, los veinte minutos en que demoro su prima en llegar fueron eternos para él que cuando escucho el timbre abrió la puerta con tal velocidad que el mismo se sorprendió de estar nuevamente frente a su amada.
Observo a aquel hombre revisa sus constante rápido y por la expresión en su rostro sabía que no diría nada bueno de lo que está notando en la joven. Sin dudar, el doctor inyecto un medicamento y se acercó a ellos.
—Presenta síntomas de infarto aguado del miocardio y debo realizarle pruebas y aquí les voy a dejar —dijo anotando cosas en un papel—, los datos de un excelente cardiólogo y lo mejor es llevarla ahora mismo a la clínica.
Sabrina tomo las cosas de su amiga y las indicaciones de Sergio y todos fueron hasta el hospital en donde trabaja, quien al llegar dio indicaciones a gritos porque la fiebre no remitía a pesar del medicamento.
Sin dudar fue la madrugada más larga y dura que vivió Damián, una de las tantas que tuvo que vivir desde que volvió a encontrarse con ella.
ŞİMDİ OKUDUĞUN
No me dejes niña, Amada mía.
RomantikLa vida y la muerte. Una es la más dulce mentira que podemos inventar para vivir a nuestro modo y la otra, la verdad absoluta, una de la que nunca podremos escapar.
