Eodum.

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"Antes de que hubiera luz, antes de que existiera Dios y los arcángeles, existía la nada misma. Ahí estaba la Oscuridad abarcando todo y derrotando a cualquiera que tratara de hacerla brillar, era una fuerza amoral horriblemente destructiva, que cada creación que se topaba con ella destruía.

Pero Dios y sus Arcángeles, y el poder y la justicia fueron capaces de derrotarla en un terrible encuentro.

Dios se aseguró de encerrar en una jaula a la Oscuridad donde no podía hacer daño, alejada de toda hermosa creación que podría llegar a destruir, en una jaula que robaba su esencia y cada vez la debilitada más. Y confió en su más valioso teniente, Lucifer, para que la destruyera por completo, pero la Oscuridad y su esencia comenzaron a ejercer su voluntad, haciéndose cada vez más fuerte y comenzando a corromper la luz que existía a su alrededor.

Y Lucifer se enamoró de la Oscuridad, dejándose llevar por la oscura y placentera sensación que la esencia de aquella destructiva fuerza creaba en él.

Dios, perturbado por cómo la Oscuridad había corrompido a su mejor soldado, desterró a Lucifer al Infierno, encerrándolo en una jaula justo como lo hizo con aquella deidad. Y se aseguró de exterminar por completo a la Oscuridad, que tanta hermosa creación había destruido.

Pero ésta aún habitaba en un lugar, y como la poderosa y destructiva deidad que era, se aseguró de que Lucifer siguiera con su plan, dándole el poder absoluto para destruir lo qué sea que él quisiera".

-¿Por qué algo tan tétrico está tallado en la entrada? -había preguntado Park Jimin apenas vio la escritura a lo largo de ambas puertas, envolviéndolas en toda su anchura y altura.

Kim NamJoon puso los ojos en blancos al ver por milésima vez el párrafo de aquellas puertas de acero.

-Porque él las talló -respondió él.

Park Jimin le dio una última repasada a la gigantesca puerta en frente de él antes de que el Capitán Kim la abriera para poder entrar al establecimiento de máxima seguridad. El gobierno coreano había financiado aquel proyecto junto con la OMS (Organización Mundial de Salud) y la ONU (Organización de las Naciones Unidas), debido a que la ayuda y la información que se requería de la persona a quien mantenían segura y cautiva dentro de aquel fuerte, era prioridad máxima a nivel mundial y por ende, al ser de nacionalidad coreana, era retenido en su país aunque no en su cuidad natal.

-¿Y las talló así como si nada? -volvió a preguntar. La curiosidad cosquilleaba en su estómago, retorciéndolo y haciéndole sentir aún más nervioso.

Kim NamJoon suspiró cansado y talló sus ojos con sus puños.

-No lo sé, Park. De alguna manera convenció a alguien para que le permitiera hacerlo... No estaba a cargo yo en ese entonces.

Park Jimin detuvo su andar al mismo tiempo que el Capitán Kim lo hacía y esperó a que el reconocimiento dactilar, facial, ocular y la tarjeta de identificación fueran aceptados como contraseña para permitirles entrar al interior de establecimiento y continuar caminando.

Las paredes blancas insípidamente decoradas le hacían sentir como en un mal sueño. Aún no podía creer que había sido elegido como el principal detective a cargo se la operación, pero eso no significaba que no daría lo mejor de sí para cumplir con cada uno de los objetivos propuestos.

Atravesaron el túnel subterráneo que los conducía hacia la sala continúa a la habitación donde aquella persona se encontraba cautiva. Él ya se encontraba  sentado y esperando a que el detective Park llegará y se hiciera cargo del interrogatorio que se iba a llevar a cabo como objetivo inicial de la operación.

Una vez frente a la puerta de metal que los separaba a ambos, el Capitán Kim detuvo a Park del brazo y le entregó la carpeta que contenía todos los detalles y puntos necesarios a cubrir en aquella interrogación, sumándole el expediente de la persona. Park Jimin necesitaba estar preparado, y si no estuvieran en horas de trabajo ni a punto de estar cara a cara con quien podía destruir a la humanidad completa a base de segundos, seguramente le habría dado una botella de whisky y una buena película porno para que se distrajera y calmara.

-Jimin -le llamó-. Él no te conoce ni sabe tu nombre. No tiene ningún poder sobre ti y no lo tendrá a menos que tú se lo des. No quiero que uno de mis muchachos y de mi equipo salga perjudicado, ya tuviste la entrevista con el psiquiatra antes de venir aquí y te autorizó, haciéndote el único preparado mentalmente para enfrentarlo. Confío en ti, suerte.

Después de decir aquello, se movió del camino y le abrió la puerta para permitirle entrar a la habitación. Si creyeran en Dios, el detective Park y el Capitán Kim habrían estado rezando en el momento en que Jimin dio un paso dentro de la habitación.

-Buenos días -saludó apenas se sentó en la silla al otro lado de la mesa, observando las cadenas en las manos y pies de la persona en frente a él, que le impedían hacer moviendo alguno contra suyo-. Yo estaré a cargo del interrogatorio hoy, ¿de acuerdo? Primero te haré algunas preguntas básicas -informó sin dirigirle la mirada directamente. Sus instrucciones fuero no hacerlo y no hablar más de la cuenta, y realmente creía que podía lograr aquello si seguía así.

-Ajá.

-Dime, ¿cuál es tu nombre? -preguntó, tomando el lápiz, escribiendo la respuesta que ya sabía, pero que necesitaba como confirmación obligatoria para las cámaras instalas estratégicamente. Abrió la carpeta con la información y esperó pacientemente a que su pregunta fuera respondida.

Pero la única respuesta que obtuvo de la boca de aquella persona fue una risa burlesca que se instaló en lo más profundo de sí mismo, entrando por sus poros y envenenando su sangre.

Jimin sintió su boca secarse a medida que los segundos pasaban. Debía hacer algo para que respondiera, por lo que se atrevió a alzar la vista, pero su cuerpo se paralizó apenas su mirada chocó con una ajena. Aquella persona, aquel hombre, tenía los ojos más oscuros y la tez más blanca que había visto a lo largo de toda su vida.

-Te ves un poco verde, detective. Incluso diría hasta pálido -señaló él, inclinándose sobre la mesa de interrogaciones-. No te estaré poniendo nervioso, ¿verdad... Park Jimin?

Las manos del detextive Park quedaron paralizadas en la segunda página del expediente, luchando contra el impulso de reaccionar. Le habían indicado específicamente que no se presentara, porque nadie ademas de ellos, sabrían su nombre dentro de esa habitación. El psiquiatra Choi le había recalcado aquello como algo esencial en la interrogación; había dicho que personas como aquellas, como Min Yoon Gi, solían pensar que tenían el control apenas sabían el nombre de la persona con quién trataban.

Comenzó a sentirse levemente acorralado. Aquel sujeto nunca lo había visto en su vida, ¿cómo es que sabía su nombre? Quizás se lo había escuchado a uno de los guardias, pensó Jimin. Había empezado todo mal.

-No -respondió seguro.

Yoongi sonrió, mostrando toda su dentadura.

-Acabas de tener tu primer error, detective.

-Yo no cometo errores.

A pesar de que su cara se mantenía impasible, sentía toda su sangre hervir dentro de sus venas, sentía el veneno hacer bombear su corazón. Aquel ser humano era despreciable y no había manera en que él iba a intentar ser amable con él, no cuando tanta gente había muerto y cuando aún más estaba por morir.

-Ay, detective Park -murmuró el pelinegro, aún gozando en burla las palabras del detective-. Tú y yo nos vamos a divertir demasiado.

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Nueva historia pipúl.

Espero que le den apoyo, y comentario y votos bonitos ♡.

Es un poco diferente a Before I fall, pero espero que les guste.

Eodum (어둠) | «YoonMin».Stories to obsess over. Discover now