Un Mes

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Una silueta apenas perceptible en la oscuridad.

¡Te prometo que todo va salir bien! –solía decirme –. Con su voz ronca y labios apretados. Puedo decir, ahora más que nunca, que no había tenido tanto miedo de algo antes. La pura idea era tentadora. Ahora que el tiempo ha pasado, ya no puedo recordar todos los hechos, o los factores que me hicieron tomar decisiones; ahora solo puedo recordar una vida larga y muy bien vivida.

Desliza una mano por sus muslos, descubre que ha olvidado ponerse una toalla femenina. Se levanta; sus dedos están manchados de sangre. Sobre la silla aparece una rodaja roja, como si hubiera dejado un trozo de tomate.

Judith se dirige al balcón. Abajo, la calle está repleta de gente alegre, el bar de la esquina está abierto. Ella lo miraba todo; el olor jazmín le recordaba la casa de su infancia.

Querida Mer, estoy a punto de emprender un largo viaje hacia el pasado, dónde nos escondíamos de los fantasmas. Es un viaje que me aterra, pero lo voy a hacer porque creo que es justo para ti.

Judith hace a un lado las cajas de zapatos que están regadas por el suelo. Al fondo, sobre un muro, hay un cuadro que representa el fin del mundo, enmarcado con madera antigua. La vitrina: llena de frascos, esferas de colores, recuerdos de sus viajes por el mundo, platos y cucharas, herencias. Libros que nunca leyó dentro de cajas.

-Mamá, me tengo que ir, regreso a las ocho-. La puerta se cerró de golpe.

Aun te siento aquí, Mer, no te has ido, no podré descansar hasta contártelo todo. Estoy empacando una maleta, la roja, la que te llevabas cuando viajabas a la playa. Llevo ropa para un mes. Terminando el viaje dejaré de escribir; llegué a la conclusión de que si alguien escribe es para que otro lo lea, y yo no quiero que nadie me lea, solo tú.

Hay un olor peculiar en el aire, el polvo se removió y salieron a relucir los puntos que no se habían limpiado en meses, por ejemplo: Judith encontró un bolígrafo azul que le había reglado su padre, ella creía que lo había perdido y había culpado a la empleada. Debajo del sillón de la biblioteca había una moneda y mucho pelo. Judith lo juntó todo, alguno de esos pelos podría ser de Mer.

2

Facciones suaves, sensuales labios, arrugados, aun se nota que esos labios besaron mucho. Se podía ver por la manera en la que hablaba, tratando de saborear las palabras, como si fueran caramelos de vainilla.

Oportunidades hubo, hija. Las dejé pasar, como siempre. Aprendí mal desde el principio. Algo que los padres siempre se reprocharán es la manera en la que trasmiten sus demonios a los hijos, como una terrible sentencia. Si pudiera en este momento tenerte en mis brazos, hija, te diría: ¡Ama, ama, ama, ama, ama, ama! Ama al mundo y a los demás como si fuera la única misión de tu vida, porque todo lo demás, no vale la pena, te lo digo yo, tu madre; te tuve adentro de mí y ese es el regalo más grande que jamás tendrá igual con nada, por lo menos nada que esté en este planeta, y quizá en ningún otro tampoco. Ojalá te hubiera podido enseñar el amor como lo siento ahora por ti, ahora que ya no estás, es ahora cuando más siento que pude haberte enseñado cosas sobre el amor. El amor de verdad hija.

-Buenas tardes, veo que está sola, ¿puedo hacerle compañía?-inquirió el hombre.

-No veo porque no –contestó Judith.

-¿Es usted de aquí? –preguntó el apuesto hombre.

-Si-.

-Ya me lo parecía, esos ojos son solo de esta región-. Añadió el encantador y apuesto hombre.

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⏰ Last updated: Dec 21, 2021 ⏰

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