El jarrón

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Era un sábado, una noche de verano con tormenta, habitual en Escocia. Estaba viendo la tele. Me corrijo. Estaba mirando la tele sin pensar en lo que estaba viendo. No recuerdo si era algún concurso, una serie o una película. Entonces entró mi hermana.

- Ya he llegado, díselo a mamá. - dijo subiendo las escaleras hacia su cuarto.

- Mamá no está.

- Pues díselo cuando llegue.

- Vale.

Volví a mirar la tele.

- ¡Baja el volumen! - me gritó desde arriba.

- ¡Voy!

Media hora más tarde, oí cómo apagaba su música y bajaba las escaleras para cenar.

- ¿Hacemos una pizza? - me preguntó.

- Barbacoa, porfa. - contesté yo.

- Sí, a mí también me apetece.

Metió la pizza en el horno y se apoyó en el frigorífico. Comenzó a recolocar los imanes por lo que me di cuenta enseguida de que tenía algo que contarme.

- A ver, canta.

- No me di cuenta. Estaba discutiendo con mamá porque no me dejaba ir a la piscina y ella me dijo que claro,que cómo me iba a dejar ir si la noche anterior me había quedado hasta las tres de la madrugada en la calle, con mis amigos. Una cosa llevó a la otra y, bueno... Le dije que te había visto leyendo cuando volví.

- ¿Que hiciste qué?

- Esque no paraba de compararme contigo y...

- Madie, ¿eres imbécil? ¡No es mi culpa que no te dejen salir por tardona!

- Bueno, ¿y qué puede pasar?

- Me van a quitar los libros.

- ¿Y por qué te importan tanto?

- ¡Te odio!

De repente, oímos un ruido terrible y nos tapamos la cara con los brazos. Miles de pedacitos de cerámica del jarrón persa de mis padres habían volado por los aires sin que nadie lo tocara. Hola había ningún petardo, ninguna piedra...

- No lo has tocado, ¿no?- preguntó mi hermana, alarmada.

- No, tú me has visto.

- Madre mía, nos la vamos a cargar...

- ¡No hemos hecho nada!

Sentí que me escocía la muñeca derecha, y descubrí que tenía uno de los trozos de cerámica clavado en ella.

- ¿Te has hecho daño?

- No, solo... Voy al baño.

Entré corriendo al cuarto de baño y, con sumo cuidado, me quité el trocito que seguía incrustado en mi piel. Me lavé la herida con agua, le eché Betadine, y me la cubrí con una tirita. Cuando me vi en el espejo, estaba roja y bastante nerviosa. Sentía, de alguna forma, que yo tenía la culpa de todo eso, de que hubiese estallado el jarrón.

- ¿Estás bien, Anna?- me preguntó Madie desde fuera.

- Sí, sí. ¿Y tú?

- Yo también. Voy a llamar a mamá. ¿Sacas tú la pizza del horno?

- Sí.

Marcó el teléfono bastante nerviosa, no sabíamos qué nos iban a decir.

- Hola, Madie. ¿Qué tal?

- Pues... la verdad es que no muy bien.

Diez minutos después, no sé cómo, mis padres ya estaban en casa pero, mientras esperábamos, me levanté la tirita para ver cómo tenía la herida y, para mi sorpresa, el corte ya había cicatrizado. No habían pasado ni cinco minutos y la herida parecía tener una semana de antigüedad.

Nuestros padres llegaron nerviosos. Nunca había visto a mi padre así, siempre había permanecido sereno ante cualquier situación. Esta vez era diferente.

- ¿Qué ha pasado? ¿Estáis las dos bien?- preguntó.

- Sí, sí. Estábamos haciendo una pizza y, de repente, el jarrón estalló. Ninguna de las dos lo tocó, te lo prometo. - Le explico Madie.

- ¿No hay ningún petardo? ¿Ninguna piedra que hayan podido tirar de fuera? - siguió interrogando mi madre.

- No, todas las ventanas están cerradas.

Mis padres se miraron.

- Subid a vuestro cuarto, niñasy poneos también las zapatillas. No sea que piséis algún trozo y...- dijo mi padre.

Noté cómo se fijaba en la tirita semidesprendida que tenía en la muñeca, pero no dijo nada. Sólamente se levantó y fue a la cocina a recoger el desastre. Yo subí, me tiré sobre la cama y me puse a leer "El retrato de Dorian Gray". Con el lío del jarrón, mis padres no se habían acordado de castigarme sin libros, por suerte. Perdí la noción del tiempo, y cuando miré el reloj, ya eran las doce, y se me estaban cerrando los ojos, así que aparqué la lectura, dejé el libro en la mesilla, y me eché a dormir o por lo menos lo intenté. Yo había mirado el jarrón cuando estalló. Yo había hecho estallar el jarrón.

EL OCTAVO LIBROStories to obsess over. Discover now