Era la mañana del 22 de marzo de 1985, Morgan era su nombre; salió de su casa, como de costumbre, para dirigirse al escuela.
Ella es una chica sutil, un tanto especial, es maravillosa, trae consigo una pena que nada alivia, pero ella consigue continuar. Su necio cabello, oscuro enredado sin roce de peine, su rostro adormecido y con esas ojeras que caracterizan su belleza. Luce sus típicas blusas holgadas y un jean. Acompañada de sus auriculares, se dirige una vez más a uno de los lugares que se han vuelto su prisión.
La escuela, para Morgan, es sin duda, la principal causa de sus ataques de ansiedad, por cuestión de estudio, y cuestión social, ¡que dolor de cabeza!, pero no le queda más que resignarse.
Sam era el único amigo que tenía Morgan, pero éste, había fallecido tres primaveras atrás. Aquel hecho, la volvió mucho más callada, la conllevó a excluirse más, se alejó completamente de todo, pues para ella se había terminado su mundo o lo que quedaba de él.
Al terminar la jornada, Morgan sale sin preámbulo, directo a su casa, para ella caminar un par de cuadras, es reconfortante y pacífico.
Por las tardes, luego del almuerzo, la joven, realiza sus tareas, y dedica lo que le queda de tiempo, a la lectura y escritura; sus palabras, son de esas lecturas que destrozan el alma, y la vuelven a construir, y sin duda posee un intelecto muy particular, puesto que consume hojas y más hojas en lectura.
Pero es cruel, cuando Morgan se deja atrapar de las redes de la melancolía y depresión, no lo puede controlar, y empieza a golpear todo lo que esté a su alcance, no es ira ni coraje, es tristeza y dolor.
Le encanta estar sola en su habitación, y ésta, es la más exquisita estadía de su casa durante todo el día, ahí se puede respirar el aroma del roble, y se escucha la lluvia llorar con claridad; este cuarto pequeño da al jardín de una casa que desde hace 20 años se encuentra abandonada, sin embargo, las plantas y los árboles permanecen en perfectas condiciones.
La niña tiene que convivir con ella misma, hasta que su madre llegue, pero cuando esto sucede, lo único que existe entre ellas, son gritos, insultos, y corazones más rotos. Desde que el padre de Morgan murió, su madre, se hunde en el vicio del alcohol, no tiene tiempo para ella, la deja sola todas las tardes, bien por trabajo o porque está acabándose en un bar.
Un día que transcurre, para Morgan es la más vil de las torturas, no sabe ya, de que manera lidiar con su realidad, no sabe con quien hablar, no sabe a donde acudir, ella ha creado su mundo, donde es ella la sobreviviente, donde ella impera, y donde sólo ella existe, su mundo en el que le es conveniente encerrarse para no sentirse penando en el exterior.
Ya por las noches la penumbra cubre su sentir, está apunto de llorar, pero prefiere esperar, y... ¿esperar a qué?, si, ella quiere juntar todo lo que siente para liberarlo, por esto, no concilia el sueño, se encuentra en madrugada, 2:00am, sigue pensando, y esa noche invade su cabeza, un a vez más, el recuerdo de Sam, todos los días compartidos, todos los momentos vividos, todas la risas prestadas, y las lágrimas regaladas. No soporta más el peso del dolor, y el rocío de sus ojos, comienza a brotar. Son las 3:15am el sueño la ha vencido, y dormir se constituye, como el momento más feliz que Morgan puede tener.
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Cautiverio de mis actos.
Short StoryMorgan es una joven de 17 años, quien, como cualquier chica de su edad, busca su identidad, la diferencia es que ella no lo hace mediante la aceptación del resto, si no que se descubre poco a poco a sí misma. Pronto, se suscitarán varios problemas;...
