Capitulo 1

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Lúgubre era el camino, su sombra se veía a lo lejos, traía un vestido rojo brillante, los zapatos en una mano y en la otra una pequeña cartera oscura, sin fijarse en el sitio, se agachó reposando su peso en las piedras. Ella terminó sentada a la orilla del mar.

Bajó la mirada y se veía ahí, sonrió de lado e hizo una zic zac con su dedo, su rostro desapareció dejando sólo pequeños destellos reflejados en el agua, gracias a la luz de la luna.

Un pequeño ruido hizo que volteara la cabeza como reflejo sacándola de sus pensamientos, era solo el viento moviendo las hojas de las palmeras esa noche.

Red guardaba eso en su mirada, eso que solo mirando a los ojos de la persona afectada se entiende. La luna lo sabía, el viento también.

Levantó la cabeza he hizo un movimiento circular con su cuello, Red respiró hondo y sonrió con tal cinismo que dolía. Las lágrimas pidieron permiso y cayó una, no la detuvo, su corazón estaba roto y ya no podía aguantar más.

No podía ignorar lo que su mente le repetía una y otra vez, ella recordaba todo. Sintió un pequeño rasguño en su corazón, que pronto se volvieron en múltiples puntadas, lo sabía, ella sabía que aún estaba dañada, sabía que aún le dolía. Consideraba que el amor era como beber una taza de café muy cargado por las mañanas, es delicioso y te hacía sentir despierto, pero a la vez igual que el amor... te dejaba un sabor amargo en el último sorbo, al final.

Estaba perdida buscando el final del mar, las lágrimas cesaron poco a poco. Red pegó sus rodillas al pecho y trató de darse consuelo, la noche era larga, le daba vueltas al motivo de su presencia ahí esa noche. Pasaban los minutos y ella seguía ida, esa noche no podía poner sus ideas en orden, estaba desesperada, ella quería sacar el puñal que asfixiaba su tranquilidad ¡Por dios!

Un ruido más, la saco de sí asustándola puesto a que esta vez el viento estaba callado. Se paró agarrando por la punta uno de sus zapatos y mientras se acercaba, logró diferenciar entre los arboles una sombra masculina que se tambaleaba, cayendo finalmente sobre unas boyas abandonadas, dándose un fuerte golpe en la cabeza. Ese hombre probablemente era un vagabundo, y ella por instinto corrió a ayudarlo. Él necesitaba ayuda, lastimosamente ya no podía ignorarlo.

Red:

Estaba tirado en el suelo inconsciente, cuando me acerqué pude hacer un cálculo rápido de su edad y no pasaba de los 30. Tenía el cabello algo corto, un poco ondulado hecho todo para atrás, barba pronunciada y traía una botella en la mano que ni después del golpe la soltaba. Ya no pude diferenciar más pero definitivamente no era un vagabundo (menos mal) –Ay Reeeeed.

Me senté a su lado ¿y ya qué? Él estaba inconsciente y probablemente lo esté por buen rato.

– Al menos respiras.

Me iré antes de que despierte, hice que la botella se deslizara de su mano y me alejé un poco.
El alcohol poco a poco se fue haciendo presente en mi cabeza, pero aun así no podía dejar de sentirme algo incómoda con su presencia ahí, pero otro lado mi lado humano me decía que no lo abandone, porque eso de dejarse llevar por el alcohol yo ya lo había pasado...
La luna seguía brillando, prendí mi celular y las notificaciones empezaron a llegar, llamadas y mensajes preguntando dónde estaba, y uno de él:

"Todo fue un error, perdóname por favor, quise detenerte pero desapareciste, te estoy buscando, por favor respóndeme Red."
Omar – 1:23a.m.

Guardó el celular, no eran ni las 2a.m., sacó de su cartera una cajetilla de cigarros y encendedor, dio una jalada y el humo le llegó al corazón. Sintió como el tipo se acomodó en el suelo quejándose, abrió los ojos con fuerza y se paró como pudo, casi cayéndose

– ¿Quién eres?La miró con el ceño fruncido mientras se sobaba la cabeza y trataba de mantenerse en pie.

– ¿Perdón? ¿Quién eres?, yo fui quien te ayudó cuando caíste como bolsa de basura.

Él respiró hondo y soltó un suspiro exagerado rodando los ojos

¿Y mi whisky?

Ella miró su mano y lo fulminó con la mirada.

Toma

Gracias. Entonces ¿quién eres? –dijo dando un sorbo de la botella

Mi nombre es Red.

Yo soy Javier, ¿quieres?

Claro. – ella estrechó la mano.

Y cuéntame ¿Qué haces aquí, Red?

Agachó la mirada e hizo una mueca con la boca.

Necesitaba pensar. –Tomó un gran sorbo de whisky– Hoy arruiné lo que pudo ser el mejor día de mi vida

¿Qué pasó?

Pasó mucho ¿Por qué quieres saber?

No tengo con quien más conversar aquí. –dijo señalando la playa con la mano. –Además ni te conozco, no cambiaría nada jajaja.

Cierto, bueno Javier, es una laaaarga noche... Se levantó con botella en mano y caminó hacia la orilla esperando que la siga

¡Madrugada, querida! –Dijo sacudiéndose la arena de la cabeza.

Narra él:

Sentía frio, escuche el sonido del mar ¡Mi maldito cerebro estaba dando vueltas en círculos! Un momento... ¿¿Mar?? Abrí los ojos asustado y una mujer estaba a mi lado. Sólo atiné a pararme y ahhhh mi cabeza, me detuve a observarla un segundo y pude ver como su piel muy blanca se percibía fosforescente con el reflejo de la luz en el mar ¿¡Mar!? ¿¡Quién eres!?, ella me miró con una cara rara y empezó a hablar, veía como movía sus labios rojos mientras yo trataba de recordar cómo fue que llegué hasta ahí porque sinceramente no tengo ni puta idea. Busqué con los ojos algún recuerdo y vi mi botella de whisky en su mano ¡ahhhh mierda! ¿Qué pasó?, baje los ojos y ella traía un vestido que dejaba ver gran parte de sus piernas, ella era realmente blanca. Sus ojos estaban hinchados y parecía enferma de gripe, se notaba triste, sus ojos estaban perdidos y cansados. Se llama Red, es Red como sus labios y vestido. Me giró a ver como si esperara que la siguiera, bueno y así fue.

¿Mientes?Where stories live. Discover now