~ Te escucho ~

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Qué espantosa era la sensación de saber que estás a punto de perder a alguien que quieres.

Aquél desabrido momento en el que esperas una respuesta. Con tus ojos clavados en los del contrario, tratando de que no notase cómo temblabas por el sinfín de brisas frías que recorren tu cuerpo.

Cuando luchas contra el impulso de lagrimear.

Una discusión se desata en tu cabeza, donde se te presenta la opción de salir corriendo, y con la respiración agitada tienes que permanecer en tu sitio. Fingiendo querer escuchar las palabras que el otro tendrá que decir, cuando muy adentro, quieres que calle, porque sabes que lo que dirá no hará más que partirte el corazón.

─ ¿Qué pasa? ─Preguntó, sin poder evitar que en el acto un minúsculo sollozo se le escapara.─ Dime, ¿por qué quieres hacerlo? ¿Algo no te gustó? ¿Es eso? ─Relamió sus labios al sentirlos secos, para luego continuar hablando, moviendo las manos; tratando de que éstas se calentaran, pues se hallaban heladas.─ N-No te preocupes, cariño. Podemos cambiar la fecha...

─ No. ─Interrumpió el castaño, en un tono serio, haciendo que su palabra callara a Mariana de inmediato.─ No entiendes, Mariana ¡Por qué tienes que hacerlo tan complicado, joder!

Las ventanas de la casa se veían nubladas a causa de una llovizna reciente que amenazaba en regresar. Como también, aún se escuchaba como gotas de agua caían de las grandes hojas de los árboles, en donde se habían quedado estancadas minutos atrás.

─ ¿Qué es lo que no entiendo? ─Añadió, cuando pudo sentir una amarga sensación en sus mejillas, aquello que aparece cuando estás a punto de llorar. Negó moviendo su cabeza hacia los lados agachando la mirada lo más que pudo, ahora con temor de que sus ojos chocaran.─ ¿Cómo puedo entenderlo si lo único que haces es gritarme?

─ Oh no, vas a comenzar de nuevo. ─Se quejó, dejando caer sus brazos sobre sus piernas en una expresión de inconformidad.

A Mariana se le hundió el pecho ante el comentario de su prometido.

Unió sus manos dejándolas quietas sobre el mesón que tenía en frente, y, con la tristeza que emanaba su ser, fijó su vista en su anillo de compromiso, teniendo el abrumador presentimiento de que era la última vez que lo usaría.

─ Lo único que haces es quejarte como si tú fueras perfecta, ¿Y yo qué? ─Continuó hablando mientras se levantaba de su asiento, causando que la silla sonara ante el raspón que emitió contra el azulejo.─ ¡Siempre recibo quejas, reclamos, descontentos!

─ ¿Y tu solución es terminar... ─Musitó─... con todo?

Roger continuaba con las palmas de sus manos apoyadas sobre la mesa y reclinado levemente hacia el frente; sin embargo, las palabras que Mariana había dicho, su pregunta, llegó a tocar su corazón.

Él ya tenía firme la decisión de romper el compromiso de matrimonio que entre ambos habían inculcado hace más de seis meses, y que se había estado posponiendo por razones tan poco relevantes que con el pasar del tiempo, sus ganas emotivas por contraer matrimonio con aquella mujer se le agotaron. Y se dio cuenta que en realidad, ya no la quería. Se dio cuenta que todo aquello a lo que decía sentir era tan sólo una obsesión por casarse y tener el respeto que añoraba de su padre. Se dio cuenta que tan sólo la estaba utilizando, y contra ello no podía hacer nada, debía terminarlo.

─ No es sólo eso ─El tono de su voz fue calmado, pues la pena y lástima que sintió al ver a la contraria, la mujer que tan sólo le había dado amor y un apoyo incondicional por más que él la haya engañado e insultado tan injustamente, ahora llorara por una imposible oportunidad.

Te escucho.Dove le storie prendono vita. Scoprilo ora