Tom se acercó a mí y yo a él, rodeó mi cintura con sus brazos y yo puse mi mano en su cuello, le sonreí y el a mí. Acaricié su mejilla y luego me acerqué más a él, rodeando su cuello con mis brazos. Sentí como sus labios rozaron suavemente al principio con los míos y luego me beso, sentí lo que mis labios más ansiaban, sus manos recorrían mi espalda y eso me hacía sentir un poco nerviosa, yo entrelacé mis dedos por su pelo y sentí como necesitaba de él. El beso cada vez era más prolongado y yo me pegaba al cuerpo de Tom.
- Te adoro Gemma Stone ¿Sabías? – Me susurró el al oído. El calor subió hacia mis mejillas.
- Yo también te adoro Tom Carter.
- Ven conmigo. – Dijo Tom, mientras que nuestros labios se rozaban.
- ¿A dónde?
- Sólo ven.
El tomó mi mano, poniéndome algo nerviosa, pero, estaba feliz. Salimos de su habitación y no había muchos alumnos en los corredores. Ambos, subimos por unas escaleras, por las que nunca había pasado, es más, nunca me había dado cuenta que existían. Tardamos unos segundos en subir, y cuándo estábamos arriba, había dos puertas. Una a la derecha, y otra a la izquierda. Tom abrió la puerta de la derecha. Era una habitación de paredes blancas, había una sola ventana que alumbraba con la habitación con la luz del sol. En medio de la habitación, había un piano negro, con unas cuantas notas sobre él. Había una pequeña sala contemporánea, y una pequeña órquidea púrpura sobre el piano.
Antes de que pudiera articular alguna palabra, Tom me tomó de la mano, y me guío hacia él piano, dónde tomó una de las notas y me la entregó.
- Love Me. – Leí el título de aquella nota. – ¿Esto lo escribiste tú?
- Sí, ¿Quisieras escuchar?
- Me encantaría, Tom. – Contesté, y ambos nos sentamos en él piano.
(Pongan el video)
Sus dedos comienzan a moverse automáticamente, casi duele ver lo fácil que se sincronizan con el piano; y suena una perfecta melodía. Él sigue tocando aquella perfecta melodía.
Cada tecla que el presionaba, hacía que mi oído se agudizara y captara la perfección en aquella melodía.
Él terminó de tocar, y pasó las yemas al rededor de su cabello rubio. Aquella, había sido la más hermosa melodía que había escuchado en mi vida. Él tosio, pidiéndome que dijera algo.
- Es hermosa, Tom. Me encantó. – Dije, mientras lo veía a los ojos.
- La escribí para ti. Quiero que tengas por seguro, que pase lo que pase, yo jamás te dejaré ir. – Me dijo, mientras que me acariciaba mi mejilla.
- Tom, gracias. – Contesté, mientras que él, se apróximaba a mis labios. – Es lo más hermoso que alguien ha hecho por mí.
Sentía la cálida respiración de Tom sobre mi nariz. Él se apróximo más a mis labios, y chocarón, haciendo que un delicioso sabor a menta inundara mi boca. Sus suaves y carnosos labios no se separaban de los míos ni un sólo segundo.
Quería que este momento durara para siempre.
Me recosté sobre mi cama, y comenzarón a pasar por mi mente, todos los besos que él y yo habíamos compartido. La emoción y la felicidad no cabían en mi cuerpo.
Valerie, no se encontraba en nuestra habitación. Seguro, y estaba al lado de Alex, preguntándose por que estaría herido, o quizás estaba con Omi, enterándose de los últimos chismes que rondaban por el colegio. Miré por la ventana, y me encontré con una escena para fotografía. El alba, se encontraba a punto de llegar, y las nubes comenzarón a teñirse de un hermoso color naranja. Las aves, comenzarón a despedir al sol, y se marcharón hacia el norte. Era algo precioso.
Cubrí mi cuerpo con una sábana, y cerré mis ojos, tratando de quedar dormida.
Un fuerte sonido, fué el que hizo que me levantara de golpe. Abrí mis ojos como platos, y logré ver una figura entrando a la habitación. Era un hombre. No lograba distinguirle el rostro, ya que la oscuridad rebozaba toda la habitación. Miré la cama de Vale, ella no se encontraba.
Miré fijamente a aquel hombre, que reflejaba al rededor de 29 años de edad, y él hacía lo mismo, me miraba fijamente desde el marco de la puerta. Estaba inmóvil. El pánico comenzó a invadirme. No sabía quien era, ni que hacía aquí, ni mucho menos sabía sus intenciones.
- ¿Quién eres? – Le pregunté, con la voz entre cortada. Tenía miedo.
- Tranquila preciosa, no vengo a hacerte daño. – Se acercó a mí, y se sentó al costado de mí cama.
- Aún no contestas mi pregunta. – Repliqué. – ¿Quién eres?
- Eres valiente. Me gusta. – Acaricio mi mejilla, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. – Creo, que aún no estás lista.
- ¿Lista para qué? – Quise saber. Mis manos, comenzarón a temblar.
- Vendré por ti luego, preciosa. Cuándo estes preparada.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Lo sabrás pronto. – Se paró de mí cama y besó mi mejilla.
Se dirigió a la puerta, pero la puerta se cerró. Cerré la puerta. Él regresó su mirada, y gracias a la luz de la luna, logré ver sus ojos. Unos ojos azules, tan azules como el océano mismo. Él soltó una carcajada.
- ¿Qué es tan gracioso? – Pregunté, levantándome de mi cama.
- Me sorprendes querida. – Contestó, acercándose a mí.
- Aléjate de mí. – Giré mi muñeca, e instantaneamente, su cuerpo yacía en el suelo. – Contesta mis preguntas, ahora.
- Wow, creo que Rayne te ha subestimado. Eres fuerte.
- Más de lo que piensas. – Sus muñecas, se pegarón al suelo, como sí trayera puestas unas esposas. Él no escaparía, hasta que yo consiguiera las respuestas que necesitaba.
- Y además eres preciosa. – Sonrió pícaramente. Se me revolvió el estómago.
- Para ya y contesta mis preguntas, ¿Quién eres?
- Matt Williams, a tu servicio. – Me sonrió. – Y tú eres Gemma Stone, ¿No es así?
Me quedé paralizada en ése momento. Él era Matt, él hermano de Rayne, quien quería destruir a los humanos, quien quería usarme como un arma, quien quería convencer a los alumnos del colegio que este no era su lugar.
- Así que, haz oído hablar de mí. – Contesté, tratando ser fuerte.
- Más de lo que piensas, por cierto, conozco un mirador, al que podría llevarte algún día.
- ¿Mirador?
- Podrías ver las estrellas mejor que nunca. – Río.
- Basta de juegos, Matt. – Giré su brazo. – ¿Por qué haces esto?
- ¿Esto que, preciosa?
- ¡Por que quieres destruir a los humanos! Y deja de llamarme preciosa.
- Me sorprendes, Matt. Dimelo tú. Los humanos te han hecho sufrir, tus mismos padres, ellos no te querían, sólo por ser evolución. – Sentí una punzada al corazón. – Aquellos jovenes que te hirieron cuándo tenías nueve años.
- ¿Como sabes todo eso? – Pregunté, con los ojos llenos de agua.
- Rayne es mi hermana gemela, nuestras mentes están conectadas. Ella ha tenido su mente bloqueada por los últimos años, pero, comenzó a exponerse hace unos días, por cierto, ese tal Tom es buen partido. Pero, yo que tú, preferiría saber el pasado de alguien antes de enámorarme de él. Podría hacerte daño.
- Conozco a Tom, y él jamás me haría daño. – Contesté con seguridad.
- Yo no estaría tan seguro.
Noté que una sonrisa llenó su rostro, y de un segundo a otro, una mujer apareció en la habitación. Tenía un cuerpo hermoso, formidable, era lo único que noté distinguir. Ella tomó a Matt con su mano derecha, y en un abrir y cerrar de ojos, ambos desaparecierón de la habitación.
