La Sinfonía de Benjamín y Libia

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Libia no podía recordar exactamente cuándo fue la primera vez que tocó el violín.

En cambio, nunca sería capaz de olvidar la ocasión en que su madre no la forzó a tocar en un recital; se trataba de un evento para motivar a niños con enfermedades terminales, y Libia se sentía feliz de participar en él. Hacía mucho tiempo que no experimentaba ese tipo de felicidad. Quizás desde que su madre le quitó las muñecas y le dio un instrumento y su padre le prohibió ir a casa de sus amigas para darle partituras.

Libia tenía siete años, y gracias a sus padres, había pasado casi la mitad de ellos en clases y más clases.

Suspiró y sonrió en cuanto su madre terminó de arreglarle el cabello y acomodarle el vestido color celeste.

Por otro lado, sentado entre las butacas y con una cara de fastidio que espantaría a cualquiera, se encontraba Benjamín. Sólo que él no tenía ningún violín o clases particulares, sino únicamente un extraño caso de anemia y debido a ello debía estar vigilado casi las 24 horas del día.

Sus padres lo llevaron a rastras al concierto de beneficencia que organizaba el hospital para "niños como él". Benjamín se había opuesto al principio.

El sonido de los aplausos interrumpió los pensamientos de Benjamín, haciéndolo reparar en que el telón subía.

Vio con curiosidad a una diminuta figura con un violín en manos. Nunca antes había escuchado un violín, mucho menos a una pequeña niña tocarlo.

En cuanto la primera nota salió del instrumento, Benjamín se sentó hasta el borde de la silla para contemplarla mejor. Y si, definitivamente, todo en ella era perfecto; la manera en cómo su cabello se encontraba sujetado en un moño y sus manitas que tomaban una vara que movía con delicadeza.

Revisó el cronograma que le habían entregado al entrar, y en cuanto vio que su ángel se llamaba Libia Rodríguez, un nombre precioso.

Según lo que leía, esa pieza era original. ¡La niña esa tenía su misma edad y ya había inventado algo! Benjamín sólo dibujaba, y dibujaba fatal. Aun así, su madre pegaba sus dibujos en el refrigerador, pero sólo porque era su hijo.

Pronto, Benjamín quería saberlo todo acerca de la pequeña prodigio. Así que mientras sus padres y la enfermera aplaudían y se preparaban para recibir al siguiente artista, Benjamín saltó de la silla y corrió hacia el escenario.

-¡Oye!- le gritó a Libia. Una multitud de cabezas giró en su dirección. El pequeño ángel enrojeció por la vergüenza y Benjamín por la excitación. -¿Eres un ángel?

Libia sonrió. Abrió la boca para contestar, pero fue interrumpida por una señora.

-Vamos, no tenemos tiempo para esto. Tienes un encuentro con la filarmónica en dos horas-dijo ella-. Recuerda que es lo que siempre has soñado.

La niña asintió y tomó la mano de su madre para irse.

-¡No te vayas!-rogó Benjamín, corriendo de nuevo.

Libia fue arrastrada por su madre fuera, y Benjamín se quedó ahí, triste y confundido.

Pero esa no sería la última vez que se verían.

*********

Al día siguiente, cuando las enfermeras casi le gritaron porque una niña había ido a buscarlo, Benjamín no supo exactamente cómo reaccionar dado que ellas solían chillar por todo, y siempre las encontraba irritantes. Más en cuanto vio las extrañas rayas y los puntos con palos colocados en el pedazo de papel, supo de quién se trataba.

Entre los conjuntos de línea había unas palabras: "Gracias por lo de anoche". Pero Benjamín estaba que rebozaba de alegría porque el ángel había pensado en él.

La Sinfonía de Benjamín Y Libia ©Stories to obsess over. Discover now