Incertidumbre

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La voz de Adriana ingresa por la ventana. Es inevitable escucharla y el imbécil del profesor me reclama por no atender a lo que dice. La Economía nunca fue de mi interés, pero mis padres insistieron en que al estudiarla aseguraría mi futuro. Falso. Lo único seguro que tuve durante mi vida aquí en la universidad fue que encontraría a la persona a quien más odio.

Ahora, ella destaca en el festival de talentos de la universidad y yo me encuentro frente a un aburrido computador tratando de escribir un ensayo acerca de las economías emergentes en los países de Asia. Podría considerar que es una situación triste, aunque, por qué no, también podría decirse patética. En breve creo que ingresará el inepto de Arturo, un individuo que se gana la vida cantando. Cantar no sería lo adecuado. En todo caso, imita a un artista pasado de moda que apenas y suena en las emisoras locales de esta maldita y pérfida sociedad; además, ya carente de alma y espíritu de época. Vamos camino a la extinción y todos siguen actuando como si nada ocurriera. Como si la vida fuese eterna, como si todo, absolutamente todo, no fuese a terminar mañana.

"La economía es una discipl...". No puedo terminar la frase. Otra vez el sonido va y viene. Ahora es una joven mujer que intenta alcanzar los niveles de Ima Sumac, pero apenas y logra cautivar a los veinticinco individuos que corean una canción desentonada.

Adriana ya bajó del estrado. Arturo, en breve, tomará su turno en el evento. Aprovecharé que aún no se ven y me acercaré para decirle todo lo que he guardado este tiempo. Ella fue quien propició todo esto.

Levanto la mano. El profesor se acerca. Intento explicarle que no puedo continuar con mi examen porque necesito, con urgencia, comer. Sonríe estúpidamente y en señal de aprobación indica la puerta. Apago la computadora y salgo a toda prisa.

"Porque nunca habrá nadie quien pueda llenar el vacío que dejas en mí". Retumban en mi cabeza estas palabras. Maldigo a la canción y apresuro el paso. Me encuentro ya en el segundo piso y pronto la veré y podré decirle que todo fue su culpa.

"Detente", escucho tras abandonar el pabellón A de la universidad.

Observo en derredor y no hay nadie. Todos están en el festival. No entiendo cómo toleran este frío de invierno. Yo no lo haría. Y claro no puedo decir que sí porque en este preciso momento mis clases lo impiden.

Avanzo y nadie me detiene esta vez. Observo el largo corredor hasta el auditorio y dudo si he de hacerlo. Unas lágrimas invaden mi rostro. He observado el cielo y tiene un color rojizo. "Es hora", me digo convencido.

Ingreso por la parte posterior del auditorio. Está oscuro; sin embargo, logro distinguir la silueta de Adriana entre la multitud. Ahora lo haré. Le diré que se merece el paraíso que soñó y yo le ayudaré a llegar mucho antes de lo previsto. 

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⏰ Last updated: Nov 28, 2016 ⏰

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