Cap. 1 « Por mi cuenta » [♈♀+♏♂]

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Se conocieron  en el club de cine, cuando no tenían nada mejor que hacer. 

Ella, Aries, es en sí parte del dichoso club aunque (debe admitirlo) no es participe ni tampoco destaca. Va y viene entre la multitud, a veces poniendo atención, otras tantas disimulando que escucha lo que el profesor dice. También cree que sólo está ahí para ver películas viejas o cosas que nadie más se da el gusto de descubrir.

Él por otra parte, Escorpio, necesita rellenar el espacio vacío en su horario. Había pensado en los clubes de música y deportes, sin embargo el titulo de una película en la pizarra de difusión cultural habría de llamarle en seguida la atención. En el pequeño cartel aparece dibujado torpemente un avestruz. Los colores usados son chillones y para finalizar el titulo tiene errores ortográficos. ¿O es que todo es adrede?

"Aveztruses del himperio, el revuelko"

Ya está decidido, el club de cine es la opción a elegir. Escorpio chasquea la lengua mientras anota en su matrícula el nombre del club. La secretaria en turno lo observa lasciva entre tanto el chico intenta lucir distraído e imagina en su mente un gordo avestruz corriendo con tacones de aguja.

*

Su inscripción es innecesariamente rápida y la secretaria le indica de mala gana el edificio al cual debe ir. Ya los pasillos de la escuela pronto se vuelven ruidosos. Los alumnos y sus cosas.

En el trayecto, Escorpio le echa un ojo a la gente en su entorno. Puede soportar la idea de pasar ahí los próximos dos años sin embargo algo en su mente le impide siquiera admitirlo. Tampoco se siente muy optimista ante este cambio tan repentino. Y todo por un maldito error. Todo fue abrupto pues tuvo que dejar la lucha (su deporte favorito) por haber lesionado a un compañero mientras entrenaban para una competencia.

 La razón fue estúpida: su padre y él habían reñido la noche anterior y, por supuesto, el pobre chico que hacia de contrincante fue quien salió perjudicado. Escorpio descargo parte de su ira en el otro, algo que no pudo evitar del todo. Su conciencia cargó con la imagen del chico hecho añicos. La sangre en sus manos fue la gota que derramó el vaso.

Se niega a ser la maldita continuación de lo que fue meses atrás. Quiere ser legal con todos, no soportaría los sobrenombres de siempre. El Agresivo, el Relegado, el Apestado.

Los minutos avanzan y su respiración es breve, se relame los labios secos intentando parecer condescendiente con los demás pero el caminar lo vuelve atento a lo que ocurre en su mente, por eso piensa mucho en las confrontaciones con su padre. La de ayer por la noche y las de la semana pasada. O las del mes pasado. Mejor aún, las del año pasado. 

"Vaya mierda"

Aquel hombre que dice ser su papá es probablemente  la maldita persona más malditamente cabeza dura en todo el maldito universo. Y nada ni nadie puede cambiar la manera en la que el viejo vive su vida y de paso, tampoco la forma en la que intenta imponer sus conductas tóxicas en el día a día de su único hijo varón.

Por eso ya va siendo hora de demostrar su valía ante los límites impuestos. Jodida procrastinación. Porque después de todo uno tiene que avanzar, ¿verdad? 

Con esa idea y otras tantas por fin llega al salón. La puerta tiene inscritas la letra A y el número 7. El suspenso de saberse nuevo hace efecto. Su ritmo cardiaco aumenta y el sudor en las palmas de las manos no tarda en aparecer.

"Tranquilo, sólo es una hora. Sesenta minutos. Tres mil seiscientos segundos. Tres millones seiscientos mil milisegundos... sólo debo mantener las nalgas en el asiento y fin de la historia"—. Se dice para sí mismo. Para afianzar el momento.

ζώδιαWhere stories live. Discover now