El inicio.

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Jil era una chica de 15 años, tenía cabello largo y un poco rizado, su piel tenía un tono claro, y siempre vestía de negro y con mangas largas.
Vivía en una pequeña cabaña junto a un lago, casi apartada del mundo.
Se había quedado al cuidado de su padre, un hombre de 40 años, su madre había muerto en un accidente de auto cuando ella tenía ocho años.

Su padre la había inscrito a una preparatoria que quedaba cerca, ella decía que no quería ir, que sólo sería una pérdida de tiempo pero al menos era mejor que estar en su casa.
Los primeros días fueron complicados ya que su forma de vestirse llamaba la atención de otras personas que la veían como alguien rara.

La escuela era grande, tenía muchas jardineras y grandes espacios para caminar, eso a ella no le importaba, sólo se quedaba en su lugar, anotando lo que los maestros decían y casi no participaba en la clase.

Al llegar a su casa siempre encontraba a su padre dormido en el sofá con un montón de latas de cerveza  vacías.
Lo único que la hacia sentir bien era sentarse en el cobertizo y mirar al lago, la hacia recordar el tiempo que pasó ahí con su madre y su padre, el tiempo donde ella era feliz, usaba vestidos, vestía de colores y siempre hablaba.

Una noche, mientras ella dormía plácidamente, la puerta de su cuarto comenzó a abrirse, ella se despertó, todo estaba oscuro, sólo sentía como un brazo la tomaba del cuello y la tiraba al suelo, se levantó rápidamente y encendido la luz.
Su padre se acercó a ella, seguía borracho, mientras se acercaba con voz tranquila le  decía: -que linda te has puesto -
Se acercó más rápido y la tomó del cuello, la arrojó a la cama y apagó las luces.

Al día siguiente en la escuela, un chico se acercó a ella.
- ¿Quién te hizo eso? -
Jil no dijo nada, sólo se quedó mirando a su cuaderno, cuando entró el profesor todos regresaron a sus asientos y comenzó la clase.

En el receso, un grupo de chicos se juntaron a jugar verdad o reto, cuando llegó el turno de Émile de decir una verdad le preguntaron que quien del salón le gustaba, el sonrojado y en voz casi baja contestó - Jil se me hace bonita -, todos gritaron asombrados.
Pasaron los años y llegó el último día de preparatoria, unos lloraban, otros se abrazaban pero Jil estaba en una esquina viendo a todos.
- Que raros se ven -
Dijo un profesor al lado de Jil, ella no decía nada, al otro lado de la sala estaba Émile mirándola.
Nunca pudo hacer que hablara con él si quiera dos palabras.
Al terminar el día todos partieron, dejando la escuela  vacía.
Émile, un chico como cualquier otro, tenía cabello negro, ojos grandes, era alto y algo robusto, siguió a Jil hasta su casa.
Jil se había percatado que la seguía desde que salieron de la escuela, cerca de los árboles Jil se  ocultó, Émile pasó derecho y sólo sintió cuando Jil ya estaba sobre el.
- ¡Porque estas siguiendome! -
Grito  Jil.
- sólo quería saber dónde vives, eso es todo - respondió Émile con la cara sobre el lodo.
Jil se levantó y señaló a la cabaña.
- Ahí es donde vivo, ahora largate -
Émile se levantó y comenzó a correr con dirección a su casa.
Cuando Jil entró a su casa encontró la misma escena de siempre, puso un gesto de repugnancia y caminó a su  cuarto.
Tomó una mochila y comenzó a meter todas sus cosas, cuando estaba a punto de irse encontró a su padre en la puerta.
- No te vas a ir a ningún lado -
Jil corrió rápidamente hacia su cuarto y salió por la ventana, su padre estaba demasiado hebrio como para seguirla.
Jil comenzó a caminar hasta que se hizo de noche, llego hasta una gasolinera, y se recostó en una banca, sacó una manta de su mochila y la puso sobre su cuerpo.
La banca estaba demasiado dura y hacia mucho frío como para poder dormir, de pronto escucho un grito de una mujer, se levantó de la banca y caminó hacia donde había escuchado el grito.
No tardó mucho para encontrar a un hombre volando a una mujer, por su cabeza pasó el recuerdo de aquella vez, sin pensarlo, tomó una roca y golpeó la cabeza del hombre.
- Será mejor que te vallas - le dijo Jil a la mujer.
Jil se quedó mirando el cuerpo inerte de aquel hombre, miraba como su sangre recorría su cuello, tomó otra piedra y comenzó a golpear la cabeza del hombre hasta cansarse, después se quedó dormida junto al cadáver, aquella escena era desagradable, se podía ver el cerebro, los ojos llenos de sangre, el cráneo desecho y la lengua cortada, pero a Jil no le  importó.

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⏰ Last updated: Nov 23, 2016 ⏰

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