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-Por favor.-rogó en un hilo de voz. Hice un puchero y ladeé la cabeza. Le puse mi dedo índice sobre sus rotos e hinchados labios y siseé.

-No hables... es un esfuerzo tonto... ¿No querrás morirte, verdad?-su respiración seguía agitada. Intentó fulminarme con la mirada pero ni siquiera tenía fuerza para levantar su cabeza. Aún estando la habitación oscura, gracias a la pequeña bombilla que colgaba en medio de aquél frío techo, podía ver todas sus heridas. El pobre chico, sentado en una silla, estaba desnudo, en medio de esta fría habitación, amarrado de pies y manos. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y sangre. Su pecho dejaba ver cortes no muy profundos inundados en alcohol. Las uñas arrancadas una a una, y metidas en un cubo lleno de agua tintada de rojo. Me agaché frente a él para poder ver su rostro. Ese rostro hinchado y torturado. Sin ojo, sacado con mis propias manos. Sus orejas desaparecidas, al parecer me dio hambre. Le apreté un poco más el collar de pinchos que se le clavaba en la piel pero sin matarlo. Sus escrotos estaban sin bolsa y su pene partido por la mitad.

-Por favor... mátame.-volvió a rogar. Me enfadé.

-¿Cómo que te mate?-le pregunté agarrándole de su cabellera y levantando su cabeza para que me mirara.-No soy un asesino.-estaba intentando llorar, pero ya no le quedaban fuerzas para nada... ni para vivir. ¡Qué débil!-Pensaba que eras especial.-le susurré acercándome a su rostro.-Pensaba que ibas aguantar más.-me levanté y le di un puñetazo haciendo que su mandíbula se desencajara. Gritó de dolor... o lo intentó. ¿Cómo quería que lo matara? No podía matar a nadie... No soy un asesino.

"Sí que lo eres"

-¡Déjame en paz!-grité agarrándome la cabeza.

"Psicópata"

-¡Cállate!-empezé a agitar mi cabeza de un lado a otro.

"Asesino"

-¡Qué me dejes, joder!-seguía gritando con fuerza. Me puse de cuclillas y con mis manos aún sobre mi cabeza, tapándome los oídos me escondí la cabeza entre mis piernas.

"Estás sólo"

Mi respiración estaba agitada. La cabeza empezó a darme vueltas.

"No mereces vivir"

Seguía agitando mi cabeza, apretándome los oídos con más fuerza. De fondo, escuchaba los gemidos de mi víctima. Todo ese ruido... toda esas voces taponaron mis oídos y sentía cómo mi cabeza estaba apunto de explotarme. Sin darme cuenta tenía un cuchillo en la mano. Miré mis manos aterrado. Estaban llenas de sangre. Tiré el cuchillo haciendo que el golpeteo de este resonara por toda la habitación. Mis ojos se quedaron estáticos. Mi pulso desapareció por unos instantes. Mis manos se movieron indirectamente a mi cabeza al ver al cadáver degollado, con veinticuatro apuñaladas en todo el cuerpo. Caí de rodillas al suelo, con lágrimas recorriéndome las mejillas. Solté un grito de terror recordándo el primero. La primera vez que pasó todo esto. Agité la cabeza intentado que esas imágenes no volvieran a mi cabeza... pero no podía.

Flash back:

Ella estaba en el suelo, desangrada. Con el cuchillo en la yugular. Ya había acabado su lenta agonía. Sus ojos ahora muertos, estaban abiertos, con una expresión de horror. La mujer vino corriendo, empujándome a un lado y agachándose al lado del cadáver. Cogió su cabeza y la apoyó sobre sus rodillas. La mujer lloraba y lloraba, gritando su nombre.

-¡Natalia, por favor, despierta!-rogó en llanto.-¡Natalia, despierta!-movía la cabeza de la pequeña con cuidado, intentando despertarla.-¡Por favor, Natalia!-me quedé estático, mirándo la escena. Mis manos estaban machadas de sangre. No tenía pulso. No podía reaccionar, sólo quedarme mirándo.-¡Asesino!-gritó la mujer, mirándome con una mirada degolladora.-¡Eres un monstruo!-siguió gritando. Su mirada era cada vez más oscura, mientras le rogaba a mi hermana.

-Mamá...-pude susurrar.

-¡No soy tu madre!-sus gritos eran terroríficos. Su llanto hacia que mi cabeza explotase.-¡Asesino!-volvió a gritarme.-Por favor, Natalia.-empezó a acunar al cadáver, abrazándola. –Lo siento...-

-Mamá... yo...-

-¡Cállate!-me gritó, sacando el cuchillo del cuello y tirándomelo. Este cayó al suelo antes de que me diera.-¡Eres un asesino, un monstruo!-negué con la cabeza.

-No... yo...-

-¡Asesino!-

-No soy un asesino.-susurré apretando mis pequeños y temblorosos puños.

-¡Demonio!-seguí negando con la cabeza. Mis manos tapando mis oídos, pero aún así escuchaba las voces.

"Asesino."

-¡Cállate!-gritaba.

"Psicópata"

-¡Déjame en paz!-gritos y llantos inundaban la sala.

"Monstruo"

-¡No soy un monstruo!-seguía gritando. Estaba en el suelo. Mi cabeza escondida entre mis piernas, mis manos tapando mis oídos... aunque no hacían nada. La cabeza empezaba a darme vueltas.

-¡Engendro!-gritaba mi madre, llorando.

"Psicópata"

-¡Muerete!

"Monstruo"

-¡Vete al infierno!

"No mereces vivir"

Mis ojos se enblanquecieron. Mi respiración estaba agitada y mi pulso era irregular. Mis manos temblaban, pero cogí el cuchillo. Me acerqué a mi madre y le cogí del cabello. Tiré de ella, mientras que intentaba soltarse de mi agarre. Levanté mi mano para clavarle el cuchillo pero me la paró y me empujó a un lado, tirándome al suelo. Se levantó con dificultad y se acercó a mí. Me dio un patada en el estómago y me retorcí allí. No sentía dolor alguno, pero mi cuerpo me obligó a encogerme. Cogiéndome el cuchillo, me volvió a dar una patada golpeándome contra la pared. Se volvió acercar a mí, y se agachó a mi lado.

-Todo esto ha sido por tu culpa.-me clavó el cuchillo en el estómago y solté un grito de dolor. Sonrió maliciosamente, mientras se limpiaba las lágrimas que aún salían. Se levantó y me dio la espalda. Con quejidos me saqué el cuchillo del estómago y volví a gritar. Me tumbé boca abajo y me puse a cuatro patas. Con ayuda de la pared me pude levantar. Caminé con dificultad hacia mi madre. Estaba de espaldas, agachada al lado de mi hermana, aún sollozando. Le clavé el cuchillo en el hombro, soltó un grito y cayó al suelo, tapándose su herida.

-¡Hijo de puta!-gritó, arrastrándose hacia mí. Me puse encima de ella y ambos peleemos por el cuchillo. Mis fuerzas se estaban agotando así que, sin dejarle alguna esperanza, le clavé el cuchillo entre ceja y ceja. Sus ojos se quedaron de inmediato blancos y su corazón dejó de latir al instante en que el cuchillo atravesó su cerebro.Sus manos que me agarraban el cuello cayeron a ambos lados de su cuerpo muerto. Agité la cabeza volviendo en mí y miré la escena. Los cuerpos de mi hermana y mi madre estaban desangrándose, lentamente. Miré hacia abajo, viendo el cuchillo aún clavado en su cabeza. Mis ojos seguían sin poder creérselo. Mis labios formaban una línea recta.Tirándome al suelo y arrastrándome por este, me alejé de los cadáveres. Me tapé la boca esperando a alguna reacción. No podía respirar, no podía moverme, no podía llorar... No tenía control alguno de mi cuerpo. Giré un poco la cabeza, volviendo a tener el control sobre este. Mis lágrimas inundaron mis ojos y vomité. Mis hombros se movían con el ritmo de mi acelerada respiración. Mi pecho dolía, ya que sentía que mi corazón iba a salir del pecho, desgarrándolo. Me apreté el pecho intentando arrancarme yo sólo el corazón, para no tener que seguir sufriendo. Al notar que mis uñas se clavaban sobre mi piel, grité. Grité y seguí gritando. La herida del cuchillo no me dolía, era mi corazón. Latía tan fuerte que no aguantaba aquél dolor que me producía el continuo golpeteo contra mi pecho. Era muy fuerte. Era demasiado fuerte. Mis lágrimas ya me estaban ahogando. Mi respiración no ayudaba. Era entrecortada y a veces ni podía respirar. Sintiendo mareos, me puse de pie, agarrándome el estómago. Y salí corriendo como pude. Mis piernas no estaban acorde con mis pasos. De vez en cuando caía al suelo y me costaba levantarme. Seguía llorando, sin respiración y con dolor en el pecho. Sentía como me desangraba lentamente y cómo mi cabeza se hundía en una oscuridad profunda poco a poco. Caí al suelo golpeándome la cabeza contra una piedra y quedando inconsciente.

Fin del flash back.

Diario de un asesinoStories to obsess over. Discover now