Prólogo

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Chloe Burgueois suspiró derrotada cuando el chofer le abrió la puerta. Salió del asiento e inmediatamente apretó con fuerza el gran paquete en sus manos. Miró hacia un punto lejano, y no tardó en soltar un bufido al notar que ligeras brisas de aire helado jugaban sin cesar con su cabello rubio, despeinandolo mil veces más de lo que ya estaba.

Respiró profundo, y entrecerró un poco los ojos al recibir la tenue luz mañanera directo desde el cielo.  Lo percibía como un halo de claridad precioso, y sentía que debía admirarlo como si nunca hubiese visto algo así en su vida.

Justo en ese momento se preguntó como lo había hecho su padre para lograr que saliera de su cuarto.

Ah si, amenazándola con cancelar todas sus tarjetas de crédito si no asomaba de la fina y oscura habitación en la que ahora prácticamente vivía, utilizando una entrega que cualquier trabajador en el hotel podría realizar, como coartada. ¿Era en serio? ¿era alcalde y no podía pensar en algo mejor? ¡Y que seguía! ¿él le daría el apellido a Violet?  Desde su punto era tan patético que podría hasta reírse.

En el fondo lo único que quería hacer, era llorar. Tenía en cuenta de que si seguía pensando en esas «cosas», sería peor. Se conocía lo suficientemente bien a ella misma como para darse cuenta de que causarse más sufrimiento no era bueno.

En el fondo, tenía en cuenta que algún día explotaría, soltaría todo, y gritaría como nunca. Por lo menos, eso era lo poco que sabía sobre lo que le "pasaba", así que probaba con desahogarse en la noche, cuando absolutamente nadie la escuchaba; ayudaba mucho el que su cuarto se encontrase casi aislado de la zona "podrida" del hotel. Los adultos siempre sacaban conclusiones apresuradas, y no quería a más gente susurrando y cotilleando a su alrededor.

A la jodida mierda.

El mayordomo asistente a su lado hizo un exagerado ademán de conducirla hasta la entrada de la panadería, pero Chloe ya conocía el camino y simplemente lo ignoró.

Abrió la puerta haciendo sonar la campanita que indicaba el ingreso de un nuevo cliente. El lugar estaba algo desordenado; repleto de cajas grises, pero a la vez rebosaba escencia navideña. Largas guirnaldas de luces enmarcaban las ventanas, y el olor a canela y chocolate colmaban de dulzura el ambiente. Por un momento sonrió, imaginándose a si misma en un hogar cálido, disfrutando de un tranquilo ambiente familiar. Algo que tuvo en un momento alejado, pero que ahora añoraba con su alma más que nunca.

No, no debía volver a esa etapa de su vida. Eso era lo que constantemente le repetían.

¿Pero que mas da? Después de todo, debía hacer lo que quería. Que lo llamaran rebeldía, que a ella la llamaran una hormonal y tonta adolescente, pero era su vida. Si su padre podía hacer lo que se la daba la puñetera gana, ¿por que ella no?

Ya estaba cansada, mejor dicho, furiosa. ¿Por que las cosas no eran como se las imaginaba? Nadie nunca se tomaba el tiempo de escucharla, preguntarle lo que quería como mínimo. La gente creía saber quien era, lo que quería, pero ella solo...

No importa, daba igual. Esa familia de panaderos  desearían tener un gran banquete de fiestas esperando por ellos en una grande y lujosa sala, con mayordomos sirviendo finas delicias navideñas, y... y...

Nada.

¿Hace cuantos días que no comía o probaba bocado? Tal vez dos o tres... Seguramente su padre había pensado que se trataba de una huelga de hambre, producto de los celos de Chloe hacia Genie, y por eso no la tomó en serio.

Últimamente todo se trataba de esa zorra, que ella dejara de importarle a su padre era culpa de ella y esa hija suya, la arpía.

Escuchó voces provenientes tras el mostrador, borrando por acto reflejo la estúpida expresión enojada en su cara.

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⏰ Last updated: Jan 07, 2017 ⏰

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