El tren de la vida

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Baje del colectivo murmurando las palabras de la leccion de biologia, necesitaba aprobar esa materia pero Calabró, la exigente y temerosa profesora, no me lo iba a dejar nada fácil. Seguia repasando tranquilo hasta que la campana de la barrera del tren me interrumpió; odiaba ese sonido desde el dia en que lo habia escuchado y no solo porque era molesto, sino porque además acarreaba consigo un millar de cosas que tambien aborrecia, tanto o mas que el ruido en sí: gritos, gente apresurada, estúpidos conductores maldiciendo porque llegaban tarde a lugares siempre desconocidos para mi, pero importantes para ellos. Siempre me pregunte, si son tan importantes ¿por que no salen antes de sus casas? Preguntas como esa invadían mi cabeza siempre, no importaba el lugar donde me encontrase, a cada momento encontraba algo que me distraia.
Dejando de lugar las cosas que odio, vamos a hablar de las cosas importantes que pasaron ese dia, asi que retomemos.
Cuando la barrera del paso a nivel bajó, los conductores, apurados, ignoraron completamente esta señal y pasaron por el espacio que estaba libre. Esto no era raro, ya que la poca - o nula - presencia policial en la zona, le otorgaba impunidad a todos los infractores, delincuentes, o al que sea que incumpliera las leyes antes establecidas. La locomotora se acercaba y los vehiculos continuaban pasando como si nada, parecia no importarles en absoluto el hecho de que un tren con cientos de personas a bordo pudiera impactar contra su vehiculo, ocasionando daños muy graves o hasta incluso la muerte.
Todo aparentaba ir bien -dentro de lo mal que estaba el accionar de todos esos infractores- hasta que una camioneta con 4 pasajeros en su interior fue impactada por el tren, ocasionando la muerte de todos sus jovenes ocupadores. Al ver esto quedé impactado por un momento, al igual que todos los espectadores que ahí estaban; por un segundo toda la avenida quedó en silencio, como formando parte de un pacto no premeditado para acompañar, enmudecidos, a las almas que partían hacia la tierra de los no-vivos, o al cielo, o al infierno, o a donde cada uno crea que vamos en nuestra próxima vida, si es que hay una.
Ese dia, un jueves 17 de noviembre de 2016, fue recordado como el dia de la tragedia de Carapachay. Culparon a la poca presencia policial, a los uniformados que se les pagaba por vigilar las calles y velar por nuestra seguridad que nunca estaban presentes en donde debian, y hasta cuestionaron al maquinario de la locomotora; pero nadie pensó en los conductores, los verdaderos culpables de la tragedia, nosotros, ellos. Nadie señaló a ese señor que insultando, como todos, tomó la equívoca decisión de cruzar aquella barrera. Ese señor que, sin pensarlo, tomó la mala decisión de ignorar la señal que esa barrera llevaba consigo. Ese señor que murió, junto a sus acompañantes, solo por buscar llegar antes a algún lugar, que creo nunca conoceremos.
Buscando no tener que esperar a que pase el tren, le pasó por encima, el tren de la vida.

El tren de la vidaStories to obsess over. Discover now