La fría argolla de hierro pesaba contra su cuello.
El incesante bamboleo que mecía el aro metálico de un lado para otro, de arriba hacia abajo, abría la piel delicada y casi traslúcida de su garganta.
La sangre manaba libre de la carne abierta de las llagas y se deslizaba por su torso flaco y desnudo hasta caer goteando al suelo sucio de la carreta donde se hallaba derrumbado.
El frío calaba sus huesos y le producía estremecimientos y escalofríos.
Estaba confuso.
Aion no recordaba haber llegado ahí ni haber hecho nada malo.
Únicamente recordaba haber salido de su facultad, andar hasta un callejón en donde escuchaba una susurrante voz llamarle, caer y golpearse la cabeza. De ahí hacia delante su mente y recuerdos estaban difusos.
Lo más extraño de todo es que el lugar no podía ser real, era simple y meramente imposible. En el hemisferio en el que vivía era actualmente verano y en el lugar adonde se hallaba era invierno, además de ser un lugar inhóspito al contrario que su concurrida y ruidosa ciudad.
Cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que fuera un sueño, que no fuera real. No obstante, sabía que era cierto, tan cierto como que no haría el examen de lengua que tenía el próximo día.
El joven sintió como se le formaba un nudo en la base de la garganta.
Una minoritaria parte dentro de sí reconocía el lugar y muy en el fondo intuía que pertenecía allí, si bien no encadenado si al entorno.
Sus centelleantes irises blancos bordeados de dorado se cerraron y dejó salir un sollozo de entre sus labios morados y resquebrajados.
¿Era esa su verdadera realidad? ¿Estaba destinado a ser un mero esclavo?
Le asombraba la rapidez con la que aceptaba su mala fortuna. ¿En qué lugar había quedado oculto el vivaz y positivo Aion?
Permaneció con los ojos cerrados lo que le parecieron segundos, ¿Pero quién sabe? Hacía tanto frío que unos pocos instantes devenían a eternidad.
Intentó abrirlos de nuevo, pero la escarcha acumulada sobre sus párpados sólo permitió que dos pequeñas franjas aparecieran bajo sus cejas definidas y finas.
El castaño probó a mover la cabeza, pero la sangre helada y el rozamiento del grillete en su cuello hicieron que siseara y viera estrellas al notar un pulsante dolor. Aion volvió a tratar de mover la cabeza, esta vez con mayor cuidado y lentitud.
Logró observar que no estaba solo en la carreta.
La tartana era pequeña, de unos tres metros cuadrados, pudo calcular. Las paredes estaban conformadas por barrotes macizos de metal inoxidable y sus cadenas estaban esposadas a ellos.
El suelo era de madera medio podrida y húmeda, recubierto de paja sucia más negruzca que amarillenta.
En una de las esquinas había una adolescente de por lo menos trece años, acurrucada.
Miró con pena a la chica al ver los violentos espasmos que recorrían su magullado cuerpo, aunque él no debía de estar mejor.
Delante de la muchacha se hallaba sentado y abrazado a sus rodillas un hombretón con un rostro amargado de mirada rencorosa.
Un largo y profundo corte se asomaba por su camiseta deshilachada. Aion bufó, al menos el hombre llevaba algo encima, no como él, que sólo poseía sus bermudas azul claro ahora marrones.
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AION (YAOI)
Fantasy"«Aion» « ¿Papá? ¿Eres tú? Tengo frío y sueño...» habló en su cabeza. «Aion» Poco a poco caía en un letargo de dolor. «Aion, di mi nombre. Aion» Y no supo cómo, pero un nombre invadió su mente y le dio fuerzas para gritar: - ¡Agoooooon! Todo se sum...
