Decir que Eros estaba furioso era poco, ser recibido cada que llegaba de algún viaje con escenarios como el que estaba presenciando era insoportable, ya se había cansado de todas las intromisiones de su hija en el círculo de los dioses. Esto se debía a que su hija era una semidiosa y por lo tanto debía de permanecer con los de su "especie".
Pero no solo eso, sino también de sus constantes visitas al mundo terrenal y la relación amistosa que mantenía con los pequeños demonios o los caídos.
No se explicaba porque su hija tenía que ser tan rebelde y el contemplarla frente a él, mirar lo frágil que era, sólo empeoraba las cosas.
-Los siento, puedo explicar el porqué de este desastre, yo....
-¡Me avergüenzas, Génesis!-Espeto el Dios- solo se te pide que cuides de los niños, no que provoques una destrucción en....
-¡Se equivoca!- irrumpe en la habitación Samuel con sus hermosas alas blancas, el mejor amigo de Génesis- Nesi, sólo ayudaba, es lo que siempre hace, ¿Por qué no lo puede ver?
- Samuel, a lo que mi hija hace no se le llama ayudar. Tu madre y yo te llamamos Génesis porque serías del comienzo de algo bueno y claro que eres el principio, pero de un sin fin de catástrofes. ¿Por qué simplemente no puedes permanecer con los de tu especie?
-¡Eros!
Levanta la voz Afrodita, tal y como estuviera regañando a un pequeño que ha hecho algo imperdonable. La única diferencia aquí es que su pequeño es un Dios ya muy crecido.
- ¿ Cómo te atreves a decirle tales blasfemias a mi nieta? Ni siquiera le has permitido explicarse.
- Con todo el respeto, Eros- interviene Sam- se supone que es usted el Dios del amor, pero la actitud que toma siempre para con su hija no es digna de tal concepto.
-Ja, menudo Dios del amor- dice Génesis con ironía- no te preocupes Eros que de mí, ya no sabrás más. Dices que te has cansado, pues yo también, me importa poco sí soy suficiente para tí. Renuncio a todo esto y a ti como padre.
-Mi niña...
- Sí así lo quieres no voy a detenerte.
La voz de Eros carecía de la dulzura que le caracterizaba, en ella solo había frialdad, al igual que su mirada que taladraba la de su hija.
Génesis reunió todo el coraje y orgullo que aún conservaba, pero sus ojos no contuvieron más las lágrimas, se dió media vuelta y se marchó tan rápido que Sam tuvo que trotar para alcanzar a su amiga.
-Espera, Nesi.
Cuando llego a su lado Sam la rodeo con un brazo, mientras la consolaba hasta desaparecer de la vista de los dos dioses.
-Supongo que ya estarás conforme, este fue tu golpe de gracia, hijo. Le has demostrado a tu propia hija que no la amas. Me decepcionas.
-¿Como puedo amarla, madre si ella me quito lo que más amaba? Desde su nacimiento solo ha sabido destruir.
-Te engañas , cariño. Amas a tu hija pero tienes miedo. El hecho de que seamos dioses no quiere decir que no lo tengamos. Gracias al cielo predominan otros sentimientos. Pero el que trates así a tu propia hija dice mucho del miedo que tienes al perderla. Reacciona hijo mío, antes de que sea tarde. - suspira- Mi nieta no tiene la culpa de parecerse a su madre. Al enamorarte de Alexis, asumiste y aceptaste que era una humana, los humanos son frágiles. Ahora están aquí y al otro minuto ya no lo están, tu hija no destruye, une. Pero como vas a saberlo sí te la pasas viajando, siempre huyendo de tu hija. Que pena que no sepas verlo.
Antes de que él pudiera decir más, su madre se dió la vuelta y salió de la habitación.
Era cierto que su hija se parecía a su madre y eso lo hacía más difícil, pero lo que empeoraba la situación era el hecho de no poder explicarse, el como podía ser posible que alguien tan frágil y pequeño hiciera tantos destrozos. Los semi dioses comenzaban a desarrollar su fuerza y habilidades a temprana edad, cosa que en su hija no había visto, tenía más de humano que de Dios.
CZYTASZ
Las Constelaciones de tu ser
General Fiction¿Qué pasaría sí Eros, nuestro famoso cupido no fuese el Dios amoroso que todo mundo conoce? Eros ha tenido una hija, a la cual no quiere o eso es lo que se dice a sí mismo. Un buen día Nesis decide que lo mejor que puede hacer por ella y su padre e...
