Uno

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¿Era acaso que los finales felices existían? O era que sencillamente si tomabas la decisión correcta en el justo momento, periodos de paz lograrías en una agitada vida.

Eso era lo que reflexiona magneto sentado a la hora de la cena, con su familia. Una hermosa mujer y una preciosa hija. Nunca había sentido tanta paz desde aquellos recuerdos lejanos con su familia, antes del "Holocausto".

Vio a Nina sonreírle, cosa que le hizo corresponderle de inmediato con una mano revolviéndole el cabello a la pequeña de ocho años.

— Es hora de dormir, Nina. — Magda levantaba los platos de la mesa.

— Solo un momento más, mamá. Papi me enseñara como arreglar mi collar.

Erik río, asintiendo y tomando el delgado collar de plata, luego mostro la extensión del mismo y en donde por descuidos, estaba separado. — Bien, Nina, ¿Ves la abertura? — incentivo a la niña a prestar atención, y que llevara los dedos al eslabón abierto e hiciera un sonido afirmativo.

— Ese lo tienes que hacer que se una con el otro que esta bueno y ejercer presión para cerrarlo. Es una compostura fácil, pero si no quieres que se suelte de nuevo, debe ser soldado. — comentó el magnético, haciendo la simple operación a los ojos expectantes de la pequeña. — Después te mostraré a hacer pulseras, ¿Quieres, Nina? Solo si le haces caso a tu madre.

— ¡Sí! — clamo ella, mirando a su madre que con los brazos cruzados, mas con una sonrisa, observaba a su esposo e hija. — Ven, Nina, lavaras tus dientes y a la cama. — Sí, esa vez dejo Erik que Magna se ocupará de llevar al retoño a dormir. A su vida.

...

— ¿Estás pensando en algo, Erik? — La mujer poso un brazo sobre su marido que estaba recargado al filo del marco de la puerta, que daba a la parte frontal de la casa.

— Pienso en que en algún momento descubrirán quien soy y vendrán por ustedes.

— Eso no va a pasar, Erik. Estamos bien, estaremos bien.

— He escuchado eso antes, Magda. — El judío negó para sí mismo, forzando la sonrisa melancólica; al final atrajo a la mujer para que le diera un abrazo. Y así ella lo hizo. — Lamento decirlo... las protegeré de lo que sea.

— Sé que así será, Erik, así lo harás. — Acuno entre las manos la mandíbula de su esposo, dejando el beso sobre la misma. — Estamos a salvo aquí, nadie sabe tu nombre, eres honrado, un buen hombre. Nadie te lo quitara.

Un buen hombre.

Eso se lo repitió en la mente antes de contestar. — Te amo. —

Y la beso.

¿Hay algo bueno que me toque?Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang