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Te veo a través de la multitud, de los que alguna vez fueron nuestro compañeros de clases. A pesar de que han pasado casi 10 años desde la última vez que nos vimos, tu aspecto sigue igual que siempre: tu cabello castaño oscuro ondulado cayendo por tu espalda, tu piel rosada, tu pequeña sonrisa incomoda mientras caminas entre las personas—nunca te gustaron los grupos grande de gente—, tus ojos verdes buscando algo y tu caminar tambaleante por usar tacón alto. Todo sigue igual en ti, el paso del tiempo solo había acentuado tu belleza.
Mi mente comienza a recordar todos los momentos que pasamos juntos. Cuando llegaste el primer día de clases y el profesor te hizo sentarte a mi lado, tu nerviosismo no te dejo levantar la mirada durante toda esa hora. Nuestra primera conversación en la que no podías parar de tartamudear y sentía que te ibas a largar a llorar en cualquier momento, y los meses que pasaron antes de que pudieras hablarme con normalidad. La vez que no entramos a clases y pasamos todo un día dando vueltas por la ciudad, tú nunca habías hecho eso antes y a pesar de que te ofrecí que nos quedáramos en clases si no querías hacerlo, tú te negaste y me acompañaste, alegando de que eras mi mejor amiga y que «los amigos hacen locuras juntos». Claro, esa locura te costo un mes de castigo y que tus padres no quisieran verme ni en pintura pero siempre me repetías que había valido la pena.
También recuerdo cuando te me confesaste en nuestra sala después de clases. Estabas tan sonrojada y te tiritaban las rodillas, creí que te ibas a caer frente mío. Y la reacción que tuviste cuando te bese; no esperabas esa reacción, eso era seguro. Aun siendo novios, te sonrojabas cuando te besaba, abrazaba o incluso tomaba tu mano. Siempre ame eso de ti.
Y ni hablar de la primera noche que pasamos juntos. Querías parecer segura y que esto era lo que querías pero yo te conocía mejor que eso para saber que estabas mintiendo. Al final, esa noche simplemente dormiste abrazada a mi. Pero nuestra verdadera primera vez juntos no demoro en llegar y puedo jurar que es algo que jamás podre olvidar.
Y también recuerdo esa noche en que nos despedimos.
— ¿Por qué te tienes que ir?—me preguntó con el rostro sonrojado, no por vergüenza esta vez, sino porque el alcohol que tenía en su sangre ya era algo elevado. Había estado bebiendo bastante durante la fiesta que habíamos organizado como curso para despedir nuestra vida escolar.
—Ya lo hablamos, mis padres me han estado presionando mucho para que acepte la beca para estudiar en el extranjero que creo que la voy a aceptar—le contesté.
—Pero, ¿por qué?—exigió—. Puedes decir que no y quedarte a estudiar... quedarte aquí conmigo—me sonrió tristemente.
—Sé lo que estas pensando, que me voy para no tener que estar contigo, pero no es eso. Sabes que yo te amo y que amaría quedarme aquí contigo pero esta oportunidad no se va a repetir de nuevo, sabes lo mucho que esto me ayudara en mi futuro.
—Pensé que yo era tu futuro—respondió mirando hacía el vaso que tenía entre sus manos. No supe que responder—. Pensé que íbamos a estar juntos para siempre pero supongo que eso era una maldita mentira, ¿no?—tomó lo que quedaba en su vaso, no sé que bebida era pero por como arrugo su cara debía ser fuerte.
—¡Para de beber!— le grité pero este se ahogo entre la fuerte música y el ruido de los demás gritando, solo ella me escucho.
—¡No quiero! ¡Voy a tomar hasta quedar inconsciente! Quizás así te pueda olvidar y mi pecho deje de doler—la miro tratando de controlar la ira que siento y la tomo del brazo bruscamente llevándola a un rincón del salón. No me miraba y su rostro lucía molesto.
—¡Hey! Mírame—siguió ignorándome por lo que le tomo el rostro y la obligó a observarme—. Escúchame, quiero que sepas algo: tú eres la única razón por la que he dudado todo este tiempo si quedarme o ir. He pasado noches entera pensado si es lo correcto dejarte aquí, si vas a estar bien aquí. Quiero que estés bien, no voy a estar tranquilo hasta ver que tú vas a estar bien. Y si tú no estas bien, yo no puedo irme.
—¡No!—dijo rápidamente que me sorprendió—. No quiero ser yo el motivo por el que no cumplas tus sueños.
—Pero entonces, ¿qué demonios quieres? Si te digo que me voy, te pones a beber como loca y me dices que me quede, pero si me quedo, me dices que me vaya. ¿Qué es lo que quieres? Dímelo y yo lo voy a hacer. ¿Qué quieres?
—No lo sé—contesta después de un momento de silencio mientras las lágrimas recorren sus mejillas, yo solo puedo abrazarla fuertemente. La escucho llorar fuertemente contra mi pecho mientras aprieta mi camisa—. Quiero que estemos juntos, quiero que te quedes conmigo y seamos felices, pero tú no vas a ser feliz si sabes que dejaste pasar esta oportunidad.
—¿Cómo sabes que no seremos felices?—le pregunto contra su cabello.
—Yo lo sé—me separa pero no lo suficiente como para dejar de abrazarla—, no quiero ser egoísta, ser la mala de la historia—me mira a los ojos fijamente—. Lo que quiero que hagas es que vayas a donde sea que te mandan y cumplas tus sueños— me dice con firmeza.
—¿Estas segura?—pregunto y ella asiente con la cabeza—. Esta bien, así será.
—Pero...—duda un momento—. Quiero que hagamos algo antes.
—Lo que tú quieras—le respondo apoyando mi boca contra su frente.
—Quiero que hagamos un juramento.
—¿Un juramento?—pregunte confundido separándome de ella.
—Sí, ven—toma mi mano y me lleva hasta la mesa donde están todas las bebidas. Tomo una botella y mientras buscaba otras cosas, lei la etiqueta.
—¿Tequila?—dije extrañado—. ¿No crees que ya has bebido mucho?
—Un poco más, un poco menos, hasta altura ya no importa mucho—rió—. Listo— en la mesa había dos vasos de chupitos, sal y dos pedazos de limón. Me quita la botella y sirve pequeños tragos—. Quiero que hagamos un juramento de sal y limón— me dijo con una sonrisa.
—¿Un qué?
—Un juramento de sal y limón. Una vez leí esto en una página, haces un juramento, chupas la sal, tomas el tequila y muerdes el limón.
—¿Qué clases de página estas leyendo?—bromeó.
—Eso no importa. ¿Vas a hacer o no?
—Sí, sí. ¿Qué juramento quieres que haga?
—Quiero que—mira a sus pies—terminemos y no hablemos nunca más...—la interrumpo.
—¡¿Qué?! ¡No, no voy a jurar eso!—le grite pero ella levantó un dedo y me hizo callar.
—Déjame terminar. Quiero que terminemos y no hablemos más, que tú hagas tu vida, si quieres salir con alguien más lo hagas, que trabajes en lo quieres, que si quieres casarte o tener una familia lo hagas. Que hagas lo que se te venga en gana y yo haré lo mismo. Pero que en dentro de 10 años, en esta misma fecha, nos volvamos a ver, aquí mismo—seguía mirando el piso.
—¿Para qué? Me refiero, me acabas de decir que haga lo que quiera, que me case incluso, ¿para qué me querrías ver después?
—Porque, quizás, no estés casado o con alguien, y yo tampoco este con alguien y quizás podamos continuar esto donde lo dejamos. O quizás sí estés con alguien más, me gustaría conocerla—se ríe—, pero estoy segura que ese entonces creo que voy a poder soportar verte con alguien más y voy a ser feliz por ello—levanta la mirada hasta mis ojos—. Entonces, ¿qué dices?
—Esta bien—digo en un suspiro, luego sonriéndole.
—Esta bien- me sonríe tristemente—. Dame tu mano— se la doy y me coloca sal en la unión de mi dedo pulgar y el indice, yo tomo mi tequila con la mano y el limón en la otra. Ella hace lo mismo—. Bien, júralo.
—Emm, ¿qué se supone que tengo que decir?
—Di lo que dije de la forma que quieres y júralo por el tequila—me animo.
—¿Por qué por el tequila?
—¡Solo hazlo! Vamos, vamos— me apuro.
—Ok, ok—tomo aire—. Yo juro por este tequila que desde ahora nosotros somos unos desconocidos, que haré mi vida como quiera y que dentro de 10 años me recordaré de quien eres y nos volveremos a ver en este mismo lugar. Tu turno.
—Yo juro por este vaso de tequila que desde hoy no te conozco y que haré lo que se me venga en gana de ahora en adelante, y que en 10 años nos conoceremos en este mismo lugar—respira hondo—. Listo, ahora—la interrumpo.
—Momento, quiero jurar algo más—me mira confundida—. Juro por este amor que siento por ti que siempre te voy a amar aunque acabe de jurar que ahora seremos desconocidos— me rió y ella también.
—Ya ya, mucho preámbulo. Hagámoslo; primero la sal, luego el tequila y por último el limón, ¿ok? A la cuenta de tres. Uno, dos, tres— llevo la sal a mi boca, luego el vaso y después el limón. Arrugue un poco la nariz al igual que ella.— ¡Ya! Eso fue divertido—sonrió y sacudió la cabeza—. Agh, eso estaba fuerte—me rió de ella y luego me acompaña con la suya. Nos quedamos en silencio por unos minutos hasta que volvió a hablar—. Ven desconocido, acompáñame—me tomo el brazo y me saco del bullicio.
Salimos a la recepción del hotel donde habíamos arrendado el salón para la fiesta y caminamos hasta los ascensores. Entramos y marco el número de nuestro piso, vimos como la puerta se cerro frente a nosotros. Subimos en silencio, ella aun sujetando mi brazo. Bajamos en nuestro piso y caminamos a la habitación que compartíamos, éramos los únicos que había pedido una habitación para quedarnos. Abrí la puerta y me hice a un lado para que pasara, ella entro y fue directo hacía nuestra cama. Me quede parado frente unos pasos alejado de la cama mientras se sentaba. Una vez allí, estiro la mano y yo se la tome acercándome, ella tomo mi otra mano libre y entrelazo los dedos para luego tirase hacía atrás en la cama dejándome encima de ella.
—¿Que haces? Pensé que éramos desconocidos ahora—le dije en voz baja.
—Sí, pero los desconocidos hacen esto todo el tiempo, ¿no?—respondió.
La mire unos momentos a los ojos y luego la besé.
Esa fue nuestra última noche juntos. Cuando desperté al otro día, ella ya no estaba. Mis entonces compañeros me dijeron que sus padres la habían venido a recoger temprano por la mañana. Traté de llamarla a su celular pero no hubo respuesta. Cuando llame a su casa, su madre me contesto y simplemente me dijo que «recordará la sal y el limón». Allí fue cuando recordé nuestro juramento y lo estúpido y ebrios que estábamos, especialmente ella. Pero todo lo que había dicho esa noche iba en serio y así es como he vivido los últimos 10 años.
Fui a estudiar Arquitectura a New York y después de terminar, me quede allí a trabajar. No tenía motivo para volver aquí, por lo menos no en ese momento. Tuve solo 2 novias en ese tiempo pero muchos amores de una noche. Nunca fue lo mismo que con ella, nunca la pude reemplazar. La amaba tanto que llegaba a doler. Muchas veces pensé en tomar un avión y buscarla pero me arrepentía en el último momento, pensando que ella se iba a molestar así que preferí esperar y quizás el tiempo iba a hacer que dejara de amarla.
Pero aquí estoy, viéndola caminar entre la multitud y sin poder moverme para ir a buscarla. Sus ojos siguen moviéndose buscando algo, hasta que su mirada choca con la mía y siento que su mirada se ilumina y creo que la mía hace lo mismo. Comienzo a caminar hacía su encuentro y ella hace lo mismo. Mientras lo hago, trato de ver su mano izquierda, mi mayor temor siempre fue que hubiera un anillo allí. Pero por fijarme en eso, ella choca conmigo. Da un paso atrás y me mira a los ojos mientras sus mejillas se sonrojan y siento que mi corazón saldrá de mi pecho.
—Hola—digo después de un momento de silencio.
—Ho-hola.
—Tanto tiempo—digo sin que se me ocurriera algo mejor.
—Sí...
Silencio. Suspiro, la tomo de la muñeca y la llevo donde una vez ya habíamos estado antes. Coloco unas sillas contra la pared, una al lado de la otra y nos sentamos; ella mirando hacia sus manos, yo mirándola a ella. Estaba embobado mirándola después de tanto años. Me parecía irreal volver a tenerla a mi lado, había soñado tantas veces con este momento pero en mis sueños ella siempre me rechazaba.
¿Qué se supone que debía decir?
—Te he echado de menos—fue lo que dije. Y la vi saltar de su asiento por el asombro y sonrojarse sin mirarme.
—Yo... yo también te he echado de menos—respondió con una sonrisa en el rostro y sentí que la confianza y la vida volvía a mi.
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Juramento de Sal y Limón
Historia CortaHistoria corta basada en la canción «Te he echado de menos» de Pablo Alborán.
