Una ciudad cubierta por un manto llamado noche, en donde la miseria y la discordia reinan, muchas personas sueñan y muchas más simplemente vagan por las aceras. Cada persona oculta algo, desde un deseo muy profundo hasta un absurdo sueño. Todas las personas tienen ambiciones, yo también las tenía pero esa noche simplemente me las arrebataron todas, acabaron con todo lo que alguna vez amé y con todo lo que alguna vez pude haber disfrutado, tal vez pude haber hecho algo pero el haberlo intentado hubiese acabado aún más con mi vida...
Caras vemos, intenciones no sabemos... sobre todo cuando los portadores de las mismas no tienen corazón.
El reflejo de la Luna se centró en una casa, hermosa a simple vista, sus dueños ya dormían gustosos en sus camas ignorando lo que próximamente se acercaba; una adorable familia, con sueños, esperanzas, y con una hermosa vida... no duraría por mucho tiempo en este terrible mundo.
Pasos elegantes se movilizaban justo en medio de la calle acercándose lentamente a la casa, su presa ya estaba identificada: un joven niño cuyo nombre era Millo, aquél era mi nombre, aquella fue alguna vez mi casa pero ahora son simples vestigios de mí pasado.
Una sonrisa de oreja a oreja se dejó ver en su cara mientras sostenía un impecable cuchillo, abrió la puerta sin percatar ni un sólo seguro y prosiguió su camino hasta detenerse en una puerta, allí se suponía que me encontraba, dormido como si mi cuerpo no tuviese vida, que mal que no fue así.
Logré percatar el sonido de la puerta abriéndose mientras yo todavía intentaba conciliar el sueño, aquél ser, aquella mujer, cuyos ojos sólo pude percatar. Entró como si nadie pudiese detenerle y se quedó parada justo en frente de mí cama.
Por un momento una gran sonrisa enmarcó su rostro mientras sostenía el cuchillo con firmeza, su mente no parecía vacilar y yo sólo podía observarla con los ojos adormecidos. Pude haber gritado pero mi cuerpo no respondía era como si ya estuviese preparado para morir inclusive ante mi corta edad.
Justo antes de dirigir su cuchillo a mi pecho se detuvo para pensar algo, algo que su rostro dejó ver como placer. Aquella curiosa idea provocó que esta abandonara mi habitación pero no la hizo salir de la casa si no que dirigió su rumbo hacia un segundo dormitorio.
Siendo los dueños de aquél segundo dormitorio: las personas que alguna vez fueron mis padres. Mientras todo ocurría me levanté por alguna razón de mí cama, todo me decía que no lo hiciera pero no podía omitir la presencia de aquella mujer.
Con pasos veloces me acerqué hasta aquella habitación y me detuve para así ver por la rendija de la puerta, allí estaba ella, parada de la misma forma que antes, tomando el cuchillo con firmeza y mirándolos a ambos permanecer en un profundo sueño del cual nunca iban a despertar.
Primero ubicó su vista hasta mi padre y toqueteo levemente su pecho, este ni siquiera pudo percatar la sensación de su mano, ya que para entonces el cuchillo que permanecía en la otra se dirigía con fuerza hasta su torso.
Mis ojos vieron los de mi padre abrirse con fuerza, para luego apagarse por su rápida muerte, mi madre despertó por un momento ante el inusual sonido, pero cuando apenas logró abrir sus ojos su pecho fue atravesado por el frio acero.
Esta dejó salir un fuerte grito, el cual fue callado en unos instantes por la sangre que brotaba de su boca, ella terminó muriendo ahogada conjuntamente por la herida tan grande que había sido provocada en su pecho.
En ese momento la voz de aquella mujer se dejó oír en un fugaz e inusual momento.
— ¿Y qué te pareció Millo? — Dijo dando pequeños resoplidos. — ¿Sientes correr toda esa adrenalina?—
Ella supo desde un principio de mí presencia, y ante sus palabras no pude decir nada...
Su boca se cerró por un momento demostrando una cara de total disgusto, para luego voltear a verme y de esa forma dirigirse hasta la entrada, después, sólo abrió completamente la puerta.
Allí estaba yo, temblando por el miedo que mi corazón sentía.
Asustado... Acorralado... Un pobre niño en la oscuridad, en donde una pequeña luz era opacada totalmente por la temible figura de aquella horrible mujer.
Parecería sorprendente pero en ningún momento pude detallarla completamente, su imagen ante mis ojos era opaca, oscura... siniestra, sus ojos no demostraban más que lujuria, odio y nada más que muerte.
Fue entonces que nuevamente me habló con la mirada fija a la mía.
— ¿Qué sucede Millo, acaso tienes miedo? — Dijo mientras me dedicaba una de sus ya mencionadas sonrisas.
No pude responderle...
Nuevamente me quedé en silencio ante sus palabras, no pude aguantarlo más, mi corazón no podría aguantarlo y por supuesto, mi mente tampoco pudo, caí desmayado contra el suelo dejando finalmente cerrar mis ojos.
El ruido de las sirenas era intenso ante mis oídos, la policía había llegado. Yo estaba vivo, a salvo, mi mente vacilaba una y otra vez, todavía no creía lo que había pasado, sólo podía decirme a mí mismo que todo lo que ocurría era un simple y absurdo sueño. Mis padres seguían vivos, aquella mujer nunca había entrado, mi vida seguía circulando normalmente.
Pero no era así, sin importar cuan fuerte lo deseara, simplemente mis deseos, mi único deseo en ese momento no pudo ser cumplido, nada ni nadie los traería de vuelta, todo por culpa de aquella terrible mujer.
A pesar de todo, fui encontrado recostado en una cama bañada de un rojo carmesí, aquél color perteneciente a mis padres que ahora estaba pintando aquél lecho y gran parte del suelo.
Sus rostros permanecieron con una mueca serena, empapados en lágrimas; mientras que yo, me encontraba manchado con los restos de su sangre, su sangre formaba palabras dando a ver a simple vista... nada más que mi nombre.
De esta forma comenzó aquella terrible pesadilla que sólo se convirtió lentamente en algo mucho peor.
YOU ARE READING
Millo | Pausada
Mystery / ThrillerCon pasos lentos se acerca aquella perversa muerte, sus ojos sólo reflejan lo que su corazón de verdad desea, hacer daño es su meta, ella sólo quiere jugar, con la vida de un pobre niño el cuál pronto nada tendrá. Aquella débil presa acorralada...
