Sólo estaban Perla, Andrés y yo en el subterráneo. Viajabamos a la ciudad donde nos encontraríamos con la prima de Perla, Martína. Mientras esperaban, Perla y Andrés leían y yo miraba por la ventanilla escuchando música, pensando en ella. Varias veces la electricidad se iva y Andrés y Perla chillaban porque no podían leer mientras. Yo no apartaba la vista de la ventanilla del subterráneo. Una de las veces que se fue la electricidad no volvió. Sólo se podía vislumbrar las escasas chispas que se veían en las vías aveces al doblar. Andrés y Perla se dirigían hacia la cabina del conductor para reclamarle el tema de la luz. Cuando desaparecieron el tren empezó a temblar. Me apartó de la ventanilla y me sujeté a un asiento porque el subterráneo se movía más de lo normal. Entonsés algo llamó muchísimo mi atención, por la ventanilla podía verse una tupida cantidad de chispas y posterior a eso el tren se descarriló. Pasaron los minutos cuando de repente observo como el último vagón del subterráneo explota. Mi vello se erizó y entonces pensé que no faltaría mucho para que mi vagón estuviera destinado a él mismo suceso. En realidad era un subterráneo exageradamente largo así que tenía una cuantas horas. Entonsés me apresuré y me abrí paso entre todas aquellas personas exaltadas cuando en un momento inoportuno una niñita de no más de 7 años me tomo de la camisa y me dijo "¿Haz visto a mi mami?". Conocía a la pequeña, su madre se había ido al último vagón para buscar algo. Sólo fui capaz de decirle "Encontraremos a tu mami, sólo sigueme". A la niña se le iluminó el rostro y una sonrisita apareció en sus labios. Cuando llegué a la cabina no pude abrir los ojos más al ver que el capitán estaba sangrando sobre el interruptor de la luz.
