Capítulo I

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Quizás ha sido la llamada más difícil que haya tenido que realizar en mi vida.

Llevo días sin conciliar el sueño porque una idea me lo ha arrebatado. Desde el momento en el que decidí que mi vida no podía continuar por el mismo sendero y que debía tomar las riendas de mi destino, entendí que debía hacerlo sin dudar; por mí, por él y sobre todo por mis hijos.

Espero a que la mañana siguiente todo mundo salga a realizar sus labores cotidianas y cuando me cercioro de que me encuentro totalmente sola en casa decido tomar el teléfono, no sin antes dar vueltas como león enjaulado tratando de acumular el valor suficiente para hacer lo que tengo que hacer.

Entiendo a la perfección el desconcierto de la voz que atendió del otro lado de la línea y del mundo, yo misma no hubiera podido reaccionar de manera distinta. No tengo claro del todo el por qué lo he hecho, pero definitivamente mi intuición me indica que no existe otro camino.

Quizás he enloquecido, quizás es la desesperación la que ha hablado por mis labios, quizás me arrepienta el resto de mi vida por la decisión que acabo de tomar. Nadie conoce mis planes, yo misma ignoro si existe alguno en realidad.

Mi voz al tratar de explicar los motivos de mi petición ha pretendido ser clara, serena y firme, pero en el fondo presiento que el temblor y la duda se hicieron presentes durante los interminables segundos que duró la llamada.

En cuanto concluyo la primera parte de mi plan, pongo en marcha la segunda y obvia, debo hacer la reservación en el primer vuelo en el que encuentre espacio, así que me comunico con mi agente de siempre y le encargo encarecidamente que lo consiga ya, no sin antes advertirle que de ninguna manera puede permitir so pena de muerte que alguien se entere de mi intempestivo viaje.

Mientras empaco lo poco que puedo necesitar para un viaje repentino y sin pretensiones de estadía, trato de analizar con la mayor calma posible lo que le diré. Mientras doblo un pantalón aquí y guardo ropa interior por allá, me percato de que ninguna idea viene a mi mente y comienzo a preocuparme, "¿estaré haciendo lo correcto?" No puedo, bajo ninguna circunstancia, echarme para atrás en este momento, pero aún así, me siento incapaz de articular un pensamiento coherente, así que decido dejarlo para después.

Otra preocupación asalta mi mente, con suerte y nadie notará mi ausencia, aunque quizás sea prolongada, es muy posible que pase desapercibida o por lo menos pretendo que así lo sea. Ruego a todo Dios, que me ayude a que así sea. Sé que tendré tiempo suficiente para pensar con calma durante la larga travesía, lo que no sé si tendré es la cordura para hacerlo. Tendré que resolver muchas cosas durante el trayecto.

Finalmente, la última llamada que tendré que hacer desde casa. Llamo al taxi que me llevará al aeropuerto y cada paso dado me sabe a un tramo de arrepentimiento, pero desisto de mi primer impulso cada vez que mi cerebro pretende dar marcha atrás. Desconozco ahora mismo mis motivaciones e incluso me parece la locura más grande que haya cometido en mi vida, aún a sabiendas que han sido demasiadas hasta este punto.

No espero demasiado la llegada del automóvil y por primera vez desde que desperté puedo otorgarme un momento de respiro. Mientras comenzamos nuestro trayecto hacia el aeropuerto me permito apreciar lo que en pocas ocasiones tengo oportunidad, observo a través de la ventana el transitar del mundo allá afuera y agradezco las bondades de vivir en una gran ciudad, pero a pesar de ello no puedo evitar sentir las miradas del mundo sobre mi espalda. En ocasiones el mundo me parece tan pequeño que percibo la clara sensación de pérdida de anonimato o quizás sea paranoia, quizás la vida gira totalmente ajena a mi presencia en ella, pero mi megalomanía me impide asimilar esa verdad.

Mi vida por un sueñoStories to obsess over. Discover now