Escenas Perdidas

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Mycroft estaba sentado en uno de los sillones del 221B de Baker Street, jugando distraídamente con su paraguas con su mano derecha.

El CCTV (circuito cerrado de televisión) había detectado a Sherlock hacia eso de unos veinte minutos. Él debía llegar ahí en cualquier momento.

Mycroft trató de ignorar la cálida sensación que se había extendido con rapidez sobre su pecho en cuanto oyó que Sherlock aún estaba vivo que, de alguna forma, había sobrevivido al ataque contra el cuartel general de los Reformista. La compasión no le ayudaría a llevarse detenido a su hermano, ni le ayudaría a poner un collar alrededor del cuello de Sherlock.

El collar estaba sobre la mesa en frente suyo. Sherlock lo vería de inmediato y sabría lo que estaba por devenir. Mycroft hubiese preferido que Sherlock regresara al Metamoxin, pero, desde que alguien había filtrado el estado Omega de su hermano, eso se había vuelto un imposible. Sherlock necesitaba ser capturado; convertido en un esclavo.

Anthea entró diligente. Con un movimiento de cabeza le indicó que su hermano ya casi estaba ahí, así que él aferró su paraguas con más fuerza, centrando sus ojos sobre la puerta, mientras que Anthea se ocultaba de la vista.

Pasaron unos minutos en silencio. Entonces, el pomo de la puerta giró.

Sherlock se congeló en cuanto vio a Mycroft en la silla, pero, una fracción de segundo más tarde giró sobre sus talones, sólo para encontrar el camino bloqueado por Anthea quien ya había salido de algún rincón.

—Tengo a diez personas del S.A.S. en el edificio. Cada posible salida está custodiada. No te puedes escapar.

Mycroft observó cómo los hombros de Sherlock se derrumbaban resignados. Su hermano lentamente colocó una expresión en blanco. Sus ojos cayendo sobre el collar.

—Así que, ¿finalmente vas a hacerme tú esclavo?

Mycroft resopló.

—No tenemos otra opción aquí, Sherlock.

Cuando su hermano se quedó quieto, Mycroft se levantó de la silla, tomó el collar y se aproximó a él, cuidando de mantener su rostro tan inexpresivo como le fuera posible mientras cerraba el trozo de piel alrededor del cuello de su hermano.

Sherlock no le miró a los ojos. Mycroft vio su mano contraerse como si quisiera elevarse para tocar la tela. Era del cuero más suave que el dinero podía comprar.

—Tomá asiento, Sherlock. Háblame de tú tiempo con los Reformistas.

Sherlock no respondió. Reprimiendo un suspiro, Mycroft clavo sus ojos sobre Anthea quien empujó a su hermano hasta el segundo sillón, mientras que Mycroft regresaba a su asiento.

De mala gana, su hermano se sentó e hizo todo lo posible para descansar sobre el sillón como generalmente lo hacía, pero su lenguaje corporal delataba su inquietud.

—¿Qué te hicieron?

Sherlock simplemente le sostuvo la mirada durante unos treinta segundos, entonces probablemente se dio cuenta que él no se iba a ir a ninguna parte hasta que respondiera.

—Me mantuvieron en una celda. Me alimentaron y tuve acceso a un baño.

—¿Cómo pasaste tú calor?

—Sólo —Sherlock se estremeció ante el recuerdo. Mycroft sólo se pudo imaginar lo que debió haber sido para su hermano perder el control sobre su cuerpo de esa manera, siendo demasiado testarudo para aceptar ayuda.

—¿Cómo escapaste?

—Estaba de camino al baño cuando el ataque ocurrió y utilice la conmoción para reducir a los guardias. Encontré una forma de escapar por los túneles del metro, mientras que todo el mundo estaba ocupado defendiendo el cuartel general.

La Reconstrucción. (Johnlock AU) - Traducción.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora