12 de Febrero de 2015.
La música estruendosa hace que mi cabeza de vueltas, me siento perdida entre toda la multitud, la ropa se pega mi cuerpo debido a la capa de sudor que me cubre, no sé qué hora es ni donde están mis amigos, ¿Por qué he venido aquí?-Me pregunto a mí misma y cada vez que lo pienso, tiene menos sentido; decido ir al piso más alto de este lugar para así poder encontrarme con mis amigos, ya quiero irme, tengo un presentimiento extraño dentro de mi corazón que me hace dudar de cada paso que doy.
-Oye, chica bonita. -Oigo que alguien me dice, me doy la vuelta -¿Qué haces aquí tan sola? -Vuelve a decir aquel tipo, un hombre corpulento, con ojos color miel y con una sonrisa torcida que podría cautivar a cualquiera.
-Me he perdido, quiero encontrar a mis amigos pero el lugar está abarrotado. -Respondo a gritos, para que pueda oírme por encima de la música.
Él levantó una ceja y siguió mirándome, como inspeccionando que todo en mi cuerpo se encuentre en su lugar, se fijó en mis brazos, deteniéndose en ellos por un momento, observando aquella estúpidas marcas, cuanto quisiera que solo desaparecieran.
-¿Cómo te llamas? -Me dice, al cabo de un rato, sacándome de mis pensamientos.
-Bárbara. -Le dije mirándolo directo a los ojos.
-Bárbara. -Repitió él sin romper el contacto visual.
Por unos segundos me perdí en su mirada, emitía muchas sensaciones, confianza, calidez, pero también había algo en ellos que te decían que corrieras en dirección opuesta lo más rápido posible.
-Ya me voy. -Le dije-Quiero ir a mi casa y para eso debo encontrar a mis amigos.
-Yo puedo llevarte, tengo auto. -Me propuso aquel chico tan guapo; sabía que debía pensarlo bien, era una total desconocido, pero la verdad es que nunca me importó ir con un desconocido, además era guapo, si tenía una doble intención, de mí no recibiría un rechazo.
-Vale. -Dije al final, sin pensarlo dos veces.
El chico comenzó a caminar hacia la salida, la verdad yo estaba un poco ida, antes de perderme mi memoria está totalmente nublada, solo fumé un cigarro de marihuana y tomé una pastilla de éxtasis, para mi eran drogas leves, pero aun así no logro recordar donde estoy.
Sin darme cuenta, ya estábamos fuera de aquel antro, el aire era frio y yo estaba totalmente expuesta, vestida de fiesta; aquel chico, del cual no sabía ni su nombre o al menos no puedo recordarlo, estaba sosteniendo la puerta del auto para mi, sin dudarlo, me sumergí dentro, me fijé en lo que había a la vista, una envoltura en el suelo, latas de cerveza, una que otra colilla de cigarro y en el asiento trasero, una bolsa plástica y envolturas de condones, no pude evitar imaginarme a otra chica estúpida, como yo, cayendo en las garras de aquel hombre, sin embargo, ya era muy tarde para echarse atrás, pues el chico había arrancado el coche y nos dirigíamos hacia algún lugar.
-¿Cómo dijiste que te llamas? -Le pregunté
-Puedo llamarme como tú quieras. -Me contestó él con una de sus sonrisas torcidas, esta vez con una mueca extraña que me alarmó un poco.
No respondí, no me interesaba, me daba igual si este chico quería o no llevarme a la cama, así que no me molesté en aclarar hacia dónde ir, él se limitó a conducir su auto entre las calles.
-¿A dónde vamos? -Le dije en tono despreocupado, sin mirarlo.
-Donde tú quieras. -Me dijo él, tampoco se molestó en dirigirme la mirada.
-Sorpréndeme. -Le contesté con tono sarcástico. - ¿Tienes un cigarrillo?
-En la guantera - Contestó él, sin ninguna sorpresa en su voz.
Abrí la guantera y efectivamente había una cajetilla de cigarrillos, también algunas bolsas con marihuana y algunas jeringas, que lograron llamar mi atención.
-¿Prendes uno para mí? -Me dijo. -Por favor, aunque también podemos compartirlo. -Me guiñó el ojo.
-¿Para qué son las jeringas? -Le pregunté al tiempo encendía el cigarro y le daba una calada, sentí el humo invadir mis pulmones dándome la sensación de paz.
-Cuando lleguemos te mostraré. -Respondió tajante.
Yo ya lo sabía, también sabia como iba a terminar este asunto y no tuve ningún problema con eso, la noche no iba a ser aburrida después de todo.
...
-Extiende el brazo -Me dijo y yo obedecí, como si fuera mi padre. Una vez llegamos nos limitamos a besarnos y a fumar marihuana, ahora él estaba a punto de inyectarme heroína y yo estaba en el cielo, solo buscaba diversión y eso era lo que él me estaba dando, mucha diversión.
Me inyectó y al instante sentí la droga expandirse a través de mi organismo, me tiré sobre la cama y comencé a reír, mi risa se escuchaba extraña, aquel hermoso chico se veía lejos, veía como me sonreía, sus ojos tenían un brillo que no había visto antes, desde que me lo encontré en aquel antro. La droga estaba aumentando mi apetito sexual, lo hicimos dos o tres veces, no recuerdo, me encantó, yo quería seguir pero mi cuerpo ya no respondía.
-Vas a recordar esta noche toda tu vida. -Lo escuché decirme, su voz se oía extraña, así que me hizo gracias y comencé a reír, él tenía razón, nunca olvidaría esta noche.
...
Me desperté y mi cuerpo estaba dolorido, no recordaba nada sobre la noche anterior, el cuarto donde me encontraba esta mañana era sucio, había pasado un tiempo desde la última vez que desperté en un lugar así, las paredes tenían humedad, había sangre en la cama y no pude evitar preguntarme si era mía o de alguien más, también habían jeringas por el suelo, me maldije a mí misma por permitir que sucediera otra vez.
Me levanté y caminé buscando el baño, estaba sucio, había un condón en el lavado, me vi en el espejo, estaba desastrosa, mis ojeras se expandían a lo largo de mis mejillas, mi cuerpo tenia marcas de dientes y chupetones, mis brazos tenían marcas, como si aquel tipo me hubiese agredido, mis labios estaban resecos y tenía el cabello totalmente enmarañado ¿Pero qué diablos me había hecho este tipo?
Salí de allí, tomé mi ropa, no tenía dinero pero sí tenía mi celular, llamé a mi mejor amiga, no sabía si era de ayuda, ya que ella estaba en otra ciudad, aun así lo hice.
-¿Hola? - Escuché su voz por el auricular de mi celular.
-Camila, ayúdame, estoy perdida. -Le dije yo.
Mi mejor amiga empezó a hacerme un interrogatorio sobre cómo había terminado perdida, intenté en vano mentirle, pero ella me conocía más que cualquier otra persona, a menudo me preguntaba a mí misma como sería mi vida si ella no estuviera en ella, probablemente yo ya no fuera una persona, probablemente ya habría acabado con mi vida; dando vueltas alrededor de este lugar, me encontré con algo que me dejó completamente helada, lo vi y me cayó como un balde de agua fría, por un momento el tiempo se detuvo, ya no existía Camila, ahora era solo yo y aquella pared, aquella frase que este chico había dejado escrita para mí.
-¿BÁRBARA ESTAS ALLÍ? -Escuché nuevamente la voz de Camila
-Nena, ya logré ubicarme, te llamo más tarde. -Le mentí nuevamente.
Después de colgar el teléfono, lo único que pude fue sentarme en el suelo, sin dejar de mirar aquella frase, no lograba creerlo, pero estaba pasando, repetí las palabras en voz alta, varias veces para que no se me olvidara, justo antes de salir de allí las dije por una última vez.
-Bienvenida al mundo del SIDA, Bárbara, bienvenida a mi mundo, feliz viaje.
Salí sin mirar atrás, esas doce palabras marcaron un antes y un después en mi vida, salí de allí con un solo propósito, morir.
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Heroine
Novela JuvenilCuenta la trágica historia de Bárbara Morales Santos, una chica colombiana de 20 años que nunca se ha preocupado por las responsabilidades u obligaciones de la vida, Bárbara, quién ha recibido todo lo materialmente posible, sale de fiesta y en una n...
