¡Qué hay, gente!
¿Alguna vez os habéis preguntado cómo es en reali-
dad la vida de los elegidos?
Pues bien, yo os lo diré, porque soy una de ellos. Y
no me refiero a modelos hermosas, actores, prodigios
de la música ni a genios de las matemáticas. Hablo de
quienes hemos nacido con la vida resuelta, los que tene-
mos todo lo que uno podría desear y consideramos
totalmente normal que así sea.
Bienvenidos al Upper East Side de la ciudad de
Nueva York, donde mis amigos y yo vivimos y vamos a
clase, jugamos y dormimos —a veces con algún otro
del grupo—. Todos vivimos en pisos enormes con
nuestras propias habitaciones con cuarto de baño y
línea de teléfono privada. No tenemos ninguna limita-
ción ni de dinero ni de bebida, ni nada de lo que se nos
ocurra, y nuestros padres casi nunca están en casa, así
que disfrutamos de vida privada a mogollón. Somos
listos, hemos heredado la belleza clásica, llevamos ropa
fantástica y sabemos pasárnoslo bien. Todo eso no qui-
ta que nuestra mierda siga oliendo, como la de cual-
quiera, pero no se huele porque cada sesenta minutos
una empleada pulveriza el cuarto de baño con una
esencia purificadora que nos fabrica en exclusiva algún
perfumero francés.
Es una vida de lujo, pero a alguien le tiene que tocar
vivirla.
Nuestras casas están todas a poca distancia del
Museo Metropolitano de Arte de la Quinta Avenida y
de los colegios privados de chicas y de chicos, como el
Constance Billard, donde vamos la mayoría de noso-
tras. Aunque tengas resaca, la Quinta Avenida está her-
mosa por la mañana con el cabello de los chicos del St.
Jude, tan sexys, brillando al sol.
Pero algo huele mal alrededor del museo...
Visto por ahí
B discute con su madre en un taxi frente a Takashi-
maya. N se fuma un porro en las escalinatas del MET.
C se compra los zapatos del colegio en Barneys. Y una
rubia conocida, alta y de intrigante belleza se baja del tren
de New Haven en la Gran Estación Central. Edad
aproximada, diecisiete. ¿Será posible? ¿S ha vuelto?
LA CHICA QUE SE MARCHA AL INTERNA-
DO Y VUELVE PORQUE LA ECHAN
Sí, S ha vuelto del internado. Su pelo está más largo y
más rubio platino que nunca y sus ojos azules poseen el
misterio de los secretos ocultos. Lleva la misma fabulosa
ropa vieja, hecha harapos ahora tras sufrir las tormentas
de Nueva Inglaterra. Esta mañana la risa de S1
sonaba en
las escalinatas del MET, donde ya no podremos tomar-
nos un capuchino y dar unas caladas sin verla saludarnos
desde el apartamento de sus padres al otro lado de la
calle. Ha adoptado la costumbre de morderse las uñas, lo
cual nos pica todavía más la curiosidad, y, aunque nos
morimos por preguntarle por qué la echaron del colegio,
no lo haremos, porque en realidad hubiésemos preferido
que no volviese. Pero está clarísimo que S ha vuelto.
Como medida de seguridad, deberíamos ponernos
las pilas. Si no tenemos cuidado, S se ganará a nuestros
profesores, se pondrá el vestido ese que a nosotras no nos
cabe, se comerá la última aceituna, hará el amor en la
cama de nuestros padres, derramará Campari en nues-
tras alfombras, les robará el corazón a nuestros herma-
nos o a nuestros novios y, en definitiva, nos joderá la
vida bien jodida.
Yo la estaré vigilando de cerca. Vigilaré a todo el
mundo. Será un año loco y movidito. Me lo huelo.
Con cariño,
Chica Indiscreta.
Como la mayoría de las historias jugosas,
comenzó en una fiesta
—Me pasé la mañana viendo Nickelodeon en mi
habitación para no tener que desayunar con ellos —les
dijo Blair Waldorf a Kati Farkas e Isabel Coates, sus dos
mejores amigas y compañeras del colegio Constance
Billiard—. Mi madre le hizo una tortilla francesa. No
tenía ni idea de que supiese cocinar.
Blair se enganchó el largo pelo castaño tras las ore-
jas y le dio un sorbo al vaso de cristal tallado con whisky
añejo de su madre. Ya iba por la segunda copa.
—¿Qué programas viste? —le preguntó Isabel, qui-
tándole un pelo que le había caído en el chaqueta de
punto de cashmere negra.
—¿Qué más da? —dijo Blair, pateando el suelo con
impaciencia.
Llevaba sus nuevas bailarinas negras, serias y pijas,
pero ella se lo podía permitir, porque en cualquier
momento podía cambiar de opinión y ponerse sus lar-
gas botas baratas de punta y aquella sexy falda metaliza-
da que su madre no podía ver ni en pintura. ¡Pof.
Convertida en un instante en una sexy gatita rockera.
¡Miau!
— El tema es que me pasé la mañana atrapada en mi
habitación porque a ellos les apetecía un burdo desayu-
no romántico. ¡Los dos en bata de seda roja a juego y ni
siquiera se ducharon! —Volvió a tomar un sorbo de
whisky. La única forma de soportar la idea de que su
madre se acostara con aquel hombre era cogerse una
cogorza, una buena cogorza.
YOU ARE READING
Gossip Girl
Teen FictionBienvenido al Upper East Side de Nueva York, donde mis amigos y yo vivimos en enormes y fabulosos pisos y vamos a colegios exclusivos. Entra en el mundo de Gossip girl, un mundo habitado por la gente más fabulosa de la ciudad; un mundo de celos, tra...
