8.
- Queridas pasajeras, hemos llegado.
Roger abrió con gran energía la puerta de la camioneta como si fuera una puerta giratoria y de un salto bajo del coche a la carretera.
- ¿Están en casa los chicos?.- preguntó Suzz desde el coche asomando la cabeza por la ventanilla para mirar los coches aparcados delante de la casa.
- Sí, vienen a buscar las camisetas del partido.
El chico caminó por el camino de grabilla hasta la casa seguido de las dos amigas.
Los otros tres chicos les esperaban dentro, sentados en el sofá mientras compartían las ideas del partido de esa tarde.
- ¡No! Yo creo que deberíamos avanzar por la izquierda.
- ¡Tú estás loco Dani! El Lorerosth tiene los mejores delanteros zurdos, irán por la izquierda y los defensas estarán a la izquierda. Tenemos que presionar con los delanteros la derecha y defender la izquierda.
Las voces de Dani y Jared inundaban la casa. La tensión se hacía notar en el ambiente. Pero aunque todos pensaran que era debido al partido, en su interior, ambos discutían por cual de los dos pertenecía al corazón de la castaña que acababa de entrar.
- Jared tiene razón, Dani.- dijo Roger cansado de la discusión que habían tenido también en la universidad.
Daniel se dejó caer sobre el sofá mirando fijamente la pared e intentando contener lo que tenía guardado dentro.
- Voy a mi habitación a por las camisetas.
Cuando Roger desapareció por la puerta, Jared relajó sus hombros y miró sonriente a la chica que le alegraría hoy ese día.
- ¿Vais a venir a vernos hoy?.-preguntó Jared interesado por la respuesta de Suzz.
- ¡Claro! Estaís cerca de la final, no podemos perdernos ni un solo partido.- le respondió la rubia.
El castaño le sonrió. Quería que Suzz le hubiera respondido, oír su voz después de haber probado ayer sus labios. Después de saber que ella siente lo mismo.
- ¿Os quedaís a comer?.-preguntó Suzz haciendo que tanto Dani como Jared levantaran la mirada y la clavaran en ella.
- Tenemos entrenamiento...-contestó Dani cortante.
Los grandes saltos que hizo Roger al bajar por las escaleras resonaron con gran fuerza e hicieron que el momento fueran aún más incómodo.
Solo Nicholas y Cate parecían completamente relajados.
- Aquí teneís.-dijo repartiendolas.- Y ahora, fuera de aquí, que tenemos entrenamiento en media hora.
Uno a uno los chicos fueron saliendo de la casa, dejando a Roger y las dos chicas solas.
Suzz estaba tumbada en la cama con Cate, pero cada una perdida en sus propios pensamientos cuando un mensaje llegó al móvil de la rubia y sobresaltó a las dos.
Cate suspiró saliendo de sus ensoñaciones y estirando el brazo hasta la mesilla donde tenía el móvil.
¿Nos vemos en la puerta del Sol en media hora?
El corazón de la rubia empezó a latir vertiginosamente mientras releía una y otra vez el mensaje que le había llegado al móvil.
El número estaba en desconocido, pero ella sabía perfectamente quién era. Había hablado una y mil veces con esa persona, en pequeños SMS que luego desaparecían de su móvil.
Era su pequeño secreto, el único del cual su amiga no estaba enterada.
- Me tengo que ir.-dijo levántandose de la cómoda cama de Suzz y colocándose el abrigo.
- ¿Por?
- Mi madre quiere que esté en casa en media hora, para ayudarla con mis primos, ¿nos vemos en el partido?
- Vale... está bien.- Suzz no creía del todo a su amiga, la conocía perfectamente como para saber que le estaba mintiendo, pero decidió no presionarla con el tema, ella también tenía muchas cosas en la cabeza.
Como la gran pregunta de qué eran ahora mismo Jared y ella.
- Hasta luego.
Cate salió acelerada de la casa de los Robinson y cuando llegó a la calle se colocó la capucha para resguardarse de las gotas que caían ese día del cielo encapotado.
Corría tanto como sus piernas se lo permitían.
Tenía ganas de verle. Pensaba que todo había terminado entre ellos, él le había dejado claro que nada de ataduras, que todo había acabado, que se habían divertido pero que ella era una cría y cada uno debía ir por su lado.
Pero él quería verla, ¿se abrá replanteado las cosas?
De todas formas, ella no debía dejarse llevar, él le había echo daño.
Frenó en seco en un semáforo y se apoyó contra él para recuperar un poco de aire antes de seguir. Revisó el reloj, llegaba justa, ¿estaría el allí ya?. Se subió aún más la cremallera de la chaqueta mientras esperaba, hacía demasiado frío para ser otoño.
Verde. Cruzó el paso peatonal y siguió corriendo. Cruzó la esquina a gran velocidad sin darse cuenta de que un joven la cruzaba a la vez que ella. Ambos frenaron cuando estaban a punto de golpearse.
El corazón de Cate latía a cien por hora, no quería llegar tarde.- Perdón, no te había visto.-dijo ella apresudaramente.
El chico le sonrió, no todos los días le pasaba algo parecido, y menos con una chica como aquella.- Tranquila, no pasa nada.
El chico se apartó y la dejó pasar. Cate volvió a empezar a correr, pero antes de llegar al final de la calle, se giró para ver al joven parado todavía en la esquina y viéndola correr.
Él la saludó y desapareció por la otra calle y Cate retomó la carrera.
Buscó el pelo castaño del chico cuando llegó a la plaza. Pero solo vió rostros desconocidos por todas partes.
Unas manos ascendieron por sus brazos y el pecho del joven golpeó la espalda de la chica.
El joven sintió el corazón de Cate latiendo. Y se acercó a su oído.- Te eché de menos.-dijo en apenas un suspiro mientras le daba la vuelta y la besaba con delicadeza.
Todo Madrid fue testigo del beso de la pareja, pero nadie se fijo en la lágrima que resbalaba por la mejilla de la rubia y hacía salado aquel beso.
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¡Eres preciosa! (Editando)
Teen Fiction¿Enamorada hasta los huesos? Así es como esta Suzz del mejor amigo de su hermano. Hace años que se fijó en él, en sus ojos marrones, su pelo castaño y revuelto y su tan definido cuerpo. Pero lo que nunca pensó es que en un día todo fuera a cambia...
