Quería olvidarlo. De verdad quería olvidarlo. Pero las imágenes de la noche anterior se hacían cada vez más nítidas, más reales.
No era un sueño. No era mi imaginación. Podía sentir en mis manos la viscosidad de la sangre de aquel cuerpo que yacía inerte en el suelo.
Sacudí la cabeza y me llevé las manos al rostro, como si así pudiera borrar el horror del que había sido testigo segundos atrás.
Comenzó como cualquier noche. Estaba acostada en mi cama, con los auriculares enchufados y escuchando música a un volumen que podría haberme dejado sorda, era una maldita noche normal. Recuerdo haberme puesto mi pijama a rayas, recuerdo haber cerrado las cortinas y dejado prendida la luz de la lámpara para leer el último capítulo de mi libro favorito. Incluso recordaba el aroma de las sábanas limpias.
Pero lo que no podía recordar era cómo había llegado a aquella habitación.
Era bastante pequeña al decir verdad. En el centro había una mesa circular adornada con un simpático florero de vidrio, el cual dejaba a la vista unos lindos jazmines. El piso estaba cubierto completamente por una alfombra en tonos de bordo. Las paredes amarillas despintadas estaban apenas cubiertas por un par de cuadros de flores. La única ventana que había estaba cerrada, así que no podía ver hacia afuera, aunque por la poca luz que alcanzaba a colarse por las aberturas de la ventana, suponía que era de noche.
Pero no era eso lo que importaba. Realmente no.
Lo verdaderamente aterrador sucedió después.
Vi cómo una puerta se abría de golpe, y dos personas entraron abruptamente, una siendo empujada por la otra. Una de ellas, la que era empujada violentamente, era una mujer. Gritaba. No paraba de gritar.
Yo no la maté, yo no la maté.
Cayó contra la pared. Las lágrimas caían por su rostro, una cascada de sentimientos devastadores que me golpeaban con fuerza. La escuchaba suplicar desesperada, pero quien fuera que estaba con ella le apuntó a la cabeza con un arma sin importarle nada.
En medio de mi desesperación, logré percibir el brillo de un anillo en su mano derecha. Un rubí. Jamás lo olvidaría.
Y entonces disparó sin piedad.
Grité. Grité hasta caer de rodillas sobre el charco de sangre. Grité mientras el miedo y la impotencia corrían por mis venas. Y grité cuando el asesino de aquella mujer se acercó a la puerta, volviéndose sólo para mirarme a los ojos cuando me habló con una sonrisa despojada de piedad alguna. No podía reconocerlo.
Tú eres la próxima.
Luego desperté en mi cama. Cubierta de transpiración, con unas enormes ojeras y temblando.
Jamás había sentido algo así. Jamás había vivido nada así.
Corrí a la ducha y dejé que el agua me cubriera por completo, para tal vez lograr barrer el horror que había sentido ante aquella visión. De alguna forma, el sonido del agua cayendo me tranquilizó.
Salí de la ducha y me paré frente al espejo empañado y pasé un poco la mano para ver mi reflejo.
Espanto. Eso era lo que podía ver. Las ojeras, mi rostro pálido. Distante.
Seguía así cuando llegué al trabajo esa mañana. Muerta de miedo.
─ Kim, ¿qué es lo que te pasa? Te ves fatal. ─ Ángela se acercó y me agarró de la muñeca, como queriendo verificar si aún tenía pulso. ─ Ya estaba por llamarte cuando vi que no llegabas.
No era raro que se preocupara de esa forma. En cinco años de trabajo, jamás había llegado fuera de hora a trabajar.
─ No te preocupes, es sólo que tuve una mala noche, es todo.
YOU ARE READING
Testigo
Mystery / ThrillerKim se convirtió en testigo silencioso de un horrendo crimen. El asesino lo sabe. Ella será la próxima. Pero Kim no descansará hasta encontrarlo primero. No, claro que no. Todavía no es su turno. ¿O sí? #2do puesto PREMIOS DIAMANTE, en la categorí...
