En mi primer día de clases fui hacia mi transporte a la prepa. Yo insistía en que no era una buena idea eso de ir a tomar un curso una semana antes, se me hacía una pérdida de tiempo y una pérdida de tiempo para hacer cosas que me gustan.
Mi mamá como siempre preocupándose por mi educación me obligó a que fuera. Nada me disgustaba más que mi madre me llevara la contraria, sentía que lo hacía a propósito para hacerme enojar, pero como esto se trataba de mi educación no me negué.
El transporte tardo casi media hora en llegar, por suerte no era el único de la colonia que le había tocado ir a esa prepa y además conocía a varios de ellos, aunque no les hablara mucho. Y créanme que no era mi culpa, yo no era nada cotizado ni nada por el estilo pero casi nadie me hablaba.
Cuando llegué ni siquiera sabía qué hacer, no sabía si preguntar en qué salón me había quedado o si en realidad no sólo era un salón para cada grupo.
El chiste es que llegué a un salón donde estaban muchos alumnos que como yo eran de nuevo ingreso.
Al parecer no iban a dar una plática introductoria a qué es la prepa. Y lo peor de esto es que Un maestro de vieja edad nos iba a hablar primero. El hecho es que yo tenía la capacidad de adivinar la personalidad de cada persona, y es por ser alguien prejuicioso, simplemente yo me daba cuenta de sus expresiones corporales y sus rasgos físicos y me ponía a pensar en qué personalidad les queda más y lo mejor de esto es que la mayoría de las veces acertaba, y en está ocasión casi acierto.
El maestro era un vejete buena onda dentro de lo que cabe, me refiero a que no era un amargado y eso ya es una ganancia. A pesar de eso me aburrí de su interminable explicación de cómo las drogas destruyen tu vida social y dañan tu salud. Así que dejé de ponerle atención y empecé a explorar mi salón con la mirada.
Muchos de mis próximos compañeros, físicamente, aun eran unos niños. Y entonces pasó.
La vi, era una chica a la que yo sí le hablaba, o bueno, en ese momento no, porque iba conmigo en primero de secundaria y nos llevábamos bien, pero cuando entré a segundo ella se había cambiado de escuela. Jamás supe por qué pero se me hiso muy extraño.
Esperaba que dentro de un corto futuro me volviera a hablar, y para ventaja mía ella no se había sentado tan lejos de mí.
Pasó el tiempo y la mayor parte de éste fue tan aburrida que si no es porque iba a quedar en ridículo me hubiese quedado dormido.
A la hora de la salida esperando mi transporte la vi otra vez. Ésta vez estaba a mi lado. Y no es porque me muriera de ganas de hablarle pero se me hacía una falta de respeto de mi parte si no le hablaba. Estaba bellísima, bueno a como la recuerdo, es decir, era una niña que no se había desarrollado del todo, y no sólo me refiero a lo físico sino también a lo mental, Ya era una persona más madura creo.
-Hola ¿te acuerdas de mí?-. Le dije un poco nervioso. –Claro, eres Carlos, ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez.
Platicamos un rato y luego recordé que tenía que llegar temprano a mi casa o sino mi madre me mataría.
Entre lo que platicamos me contó que había tenido problemas familiares y que ese era el motivo por el cual se había marchado.
Ah pero que tonto, no les he hablado de ella. Ella se llama Andrea; era una chica guapa que amaba los girasoles y no había otra cosa en el mundo que amara más que leer, una virtud que orgullosamente yo se la pegué, leía y leía por horas al igual que yo, con la única diferencia de que ella tenía un gusto raro por la combinación de libros, café y tabaco. Eso era lo que más detestaba, amaba el café pero se me hacía una estupidez eso de fumar, no le encontraba ningún sentido, pero al parecer a ella le fascinaba.
¿Ya ven? Ella y yo por un tiempo nos hablábamos perfectamente, conocía todo acerca de ella. Pero todo eso había cambiado, o eso creía.
Me pasó su número de teléfono para que pudiéramos platicar por ahí y era una ventaja el poder mantenernos en comunicación pues tendíamos un largo tiempo para platicar aunque no fuera en persona.
Llegué a mi casa un poco cansado pero entusiasmado porque volvería a hablar con ella, al fin una persona a la que le compartiría todos mis secretos, tantas cosas que contarle; me estaba emocionando bastante.
Mi madre trabaja hasta tarde, y soy hijo único así que toda la casa es para mí hasta que llegue mi jefa. No les había contado: Mis padres son divorciados, decidieron que no era una buena idea eso de seguir juntos cuando yo tenía cuatro así que eso jamás me afecto. Mi padre vive en América del sur, en Chile, para ser más exactos. Pero desde hace un tiempo que ya no lo veo.
Comí, necesitaba alimentar mi cuerpo después de un largo día.
¡Me llego un mensaje de Andrea!, es increíble que ella me hablara porque estuve a punto de marcarle.
Andrea: Hola
Yo: Hola
Andrea: Que genial que hayamos quedado en la misma prepa.
Yo: Sí, después de que te marcharas.
Andrea: No fue mi culpa, tuve algunos problemas...
Yo: Ok, ¿Qué te parece si nos volvemos a conocer?
Andrea: Esta bien, empieza tú.
Yo: Me llamo Carlos, tengo 15 años, el tipo de música que más me gusta es el pop en inglés y algunas canciones de rock y rap. Amo las margaritas, el café y leer. Me encanta leer comics y novelas juveniles y para tu información no soy un chico muy sociable.
Andrea: Tal como te recuerdo.
Yo: Perfecto, ahora tú.
Andrea: Vale, soy Andrea tengo 16; las cosas que amo son los gatos, fumar, leer, ah claro, amo los girasoles. Bueno tú sabes que me encanta Charles Ans y pues lo demás no ha cambiado.
Platicamos un tiempo, era cierto, la mayor parte de ella no había cambiado y eso me gustaba porque era la misma persona a la que yo había considerado como mi mejor amiga.
Andrea: ¿Podemos vernos?
Ni siquiera lo pensé, tenía que verla otra vez.
Yo: Claro ¿Dónde estás?
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La cruda realidad de la Frienzone
Teen FictionCarlos en un joven enamorado de su mejor amiga, pero no se lo dice porque ella tiene novio, y lo peor es que él la ayudó a tener novio. Antes de que ella lo descubra; Carlos trata de decirle pero ella lo rechaza o eso cree él. Desde ahí comienza e...
