9 1 0
                                        

Grace seguía su camino, como de costumbre, cada día regresaba a casa a las 5 y
15 pm, saludaba a Tim, la mascota del edificio, se había convertido en su otro amigo,
se dirigía a toda prisa, a revisar el buzón, en busca de aquella carta, su desespero
era evidente, pero una vez más no estaba allí. Su espera parecía interminable…
permanecía sigilosa a la vuelta de la esquina, anhelando que el cartero estuviese
de regreso, quizá había olvidado ponerla en su lugar, su vida dependía de ella, era
todo lo que necesitaba para poder ser libre de aquel sentimiento que se estaba
llevando de forma irónica sus días.
Cierta noche, mientras observaba la calle solitaria, adornada por un pequeño farol,
aunque de luz intensa, a lo lejos alguien empezaba a descubrirse, la niebla no era
impedimento para que ella lo reconociera, aquella voz le resultaba familiar:
-Grace, Grace… le gritaba al final de la calle, él simpático Harry. Agitaba sus manos,
con energía y desborde de alegría.
(Habían pasado muchos años, 10 para ser precisos), que con solo verlo sonreír de
esa manera, bastaba para olvidarse de todo, hasta de la carta. Lo esperó cada
minuto, paciencia tenía esa mujer. Era realmente alentador oír su voz, hermosa,
suave y delicada, su imagen radiante no había cambiado, seguía estremeciendo
con la misma intensidad de hace años, los sentimientos de Grace.
Perpleja e inmóvil, no entendía el suceso y es que siempre había sido una joven
reservada y después de aquella “cita” resultaba increíble que el joven Harry
estuviese frente a ella, sin embargo sentía su corazón latir con tanta fuerza que
unos cuantos pasos fueron suficientes para que el esperado abrazo se diera.
-¿Harry? Preguntó con algo de timidez, quería asegurarse de que no era un sueño,
que el momento era verdadero y así era, el coche permanecía en su lugar, y él junto
a ella. La besó, nunca antes, sus labios se habían rozado, era inevitable.
Grace era una chica misteriosa, profunda e inefable, de pocas palabras aunque
certera, estuvo en Londres terminando sus estudios, les contaré lo que esa noche
sucedió (10 años atrás habían fijado la “cita”, la última antes del viaje):
Mientras Grace lo esperaba, de pie, en un lugar cercano al acordado, vestida de
azul y con sus zapatillas favoritas, sus palpitaciones similares a las de hoy,
resultaban cada vez más frecuentes y con mayor fuerza, bien podría decirse que
animarían a un estadio lleno de personas, mantenían un ritmo hasta interesante, al
fin su silueta apareció.
Harry caminaba rápido, llevaba un buso gris, era una noche fría y la luz de la luna
resplandecía… no quería hacerla esperar más, se disponía a cruzar la calle, pero
las palpitaciones de Grace comenzaron a menguar, algo inesperado surgió, su
imagen de ser completo y grandioso se fue a la basura… alguien se atravesó en su
camino.

¿Qué sucedió con certeza?, ¿Quién se atravesó en su camino? Grace nunca me
lo hizo saber, pocas palabras se susurraron aquel día, creía conocerla… solo
mencionó: -No quise seguir observando la escena, decidí alejarme prudentemente.
Harry esperó un largo tiempo allí, pero Grace nunca apareció, llegó a casa, tiró su
morral al sofá marrón, allí estaba la carta y seguiría allí hasta el día de hoy, ¡la
cuidaba tanto! Aquella carta extraña contenía la esencia de su vida… su vida.
Recostado en su cama, observaba el sofá, el silencio inundaba la habitación en
aquel edificio, la intriga se hacía más cruel, el rayito de luz resplandeciente pasaba
temeroso a través de la ventana, su mente no dejaba de dar vueltas, sentía morir,
romper definitivamente la carta podría aliviar su carga.
Harry era algo extraño, se mostraba fuerte, pero Grace con su mirada sutil
desnudaba su mente, conocía sus miedos y pensamientos, podía ver como él se
contradecía en varias ocasiones, sus palabras y acciones tomaban rumbos
diferentes, pero lo que sentía era único, o por lo menos eso me hizo creer. La intentó
leer por última vez:
Querida Grace,
Permanecer sigilosamente junto a ti ha sido un reto, eres un imposible, he plasmado en mi
mente cada uno de los días que hemos compartido, tu suave voz enciende mis noches, tu
dulce mirada me cautiva, tus delgados labios reflejan tu fragilidad, y tus abrazos rodean mi
existencia…
Con lágrimas en sus ojos, dejó allí la lectura y decidió guardarla hasta que la viera
nuevamente. La leería para ella. Era consciente de lo que había sucedido, sin
embargo no podía hacer nada, no era conformismo, no era resignación, fue
simplemente un acto de cobardía, de esos normales en los seres humanos.
-Prometo encontrarte Grace, anhelo tocar tu alma con mi cuerpo entero, sólo
déjame verte, siquiera despedirme…
Transcurrieron días, semanas, meses y 10 años, hasta hoy 15 de Septiembre…
Llámenlo destino, casualidad o propósito…. Es lo que menos me importa definir en
este momento, sólo vi a Grace sonreír al contemplar su figura, algo así como cuando
te dedicas a observar el majestuoso cielo, percibí tranquilidad, esa que siempre la
acompañaba.
Son las 11, se acerca la hora de partir, estoy agotado, me resigné a perderla,
regresarla a su lugar ha sido mi mayor castigo, pero también mi mayor logro, verla
sonreír me llena el alma, que el tiempo transcurra, me robé la carta. Grace siempre
me habló de ella, sin conocer su contenido, cada día analizaba lo que podía decir,
a decir verdad, ahora vivo anonadado en el mundo que ella construyó, con esa
carta, la que me atrapó y no por lo que escribió Harry, sino por lo que día a día mi
Grace narró.

La cartaWhere stories live. Discover now