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Te Buscaré

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"Te buscaré a través de mil mundos y durante diez mil vidas, hasta encontrarte."

Una promesa que le hizo en aquella vida pasada. Sin embargo, las vidas vinieron y, por más que pudiera recordar las existencias que tuvieron sus compañeros, no podía recordar la suya...

Sus ojos azules, fiel característica de aquellos que fueran elegidos como portadores de Virgo, se fijaron en la inmensidad del universo que, muy a pesar de que solo podía contemplar un fragmento, era consciente de su verdadera magnitud. La luz de la luna alumbraba aquel recóndito lugar al que había ido a meditar. El azul de su mirada reflejaba el brillo natural de las estrellas que acompañaban su silenciosa contemplación.

Un día más de vida. Un día en el cual se puso a meditar sobre el ir y venir de todo. Un día en el que pensó en lo perecedero de la vida, así como en lo inmortal del alma. Un día en el que la carne pudo vivir y el espíritu pudo sentir.

Durante días enteros, su conciencia se preguntaba el porqué de su destino en aquel inmenso lugar. Su deber con Atenea era claro; sin embargo, había algo más allá.

— ¿Qué era...? —eso era lo que lo hacía meditar.

Existía un vacío que no entendía a qué se debía. Era como si necesitara algo.

— ¿Pero qué? Nunca necesité de nadie y estoy seguro de que tampoco lo necesitaré alguna vez. Entonces... ¿qué es esto?

—Puedo recordar vidas pasadas, lo que vi mientras vivía en aquellos tiempos. Bendito privilegio, llamarían muchos... pero ¿por qué me atormenta no poder saber quién fui en mis vidas pasadas? —Confesó al viento—. Un Santo de Atenea, es obvio. El guardián de Virgo, también. Fui igual de distante y orgulloso, con seguridad... pero ¿qué hubo más allá que me hizo ser más humano? —Susurró mientras fijaba la mirada en el claro de aquel bosque que le servía de resguardo—.

Puedo recordar con claridad a Aries, con su sonrisa y paciencia eternas. Tauro y su gran jovialidad. Géminis y su personalidad dispersa. Cáncer y su apego a lo mortífero. Leo y su impulsividad. Libra y su falta de sensatez. Escorpio y su impertinencia. Sagitario y su nobleza. Capricornio y su mesura. Acuario y su frialdad. Piscis y su particularidad.

Cada uno con una manera diferente de ser; sin embargo, todos eran una parte importante del universo llamado Santuario. Cada uno complementaba a los demás.

—Siempre nacerán juntos y se complementarán, no importa el tiempo o el lugar. Así será... —expresó con los ojos cerrados—. ¿Y dónde...?

Se reprendió mentalmente por pensar en ello, por caer en la debilidad de pensar en cosas que, a su parecer, eran vanas.

—Es mejor regresar —se dijo a sí mismo antes de volver sobre sus pasos e ir hacia las Doce Casas.

***M***

— ¡Admítelo! —El caballero de Piscis había cambiado mucho en su trato y, a pesar de que aún era muy retraído, fuera de las Doce Casas, con Acuario y Aries, mostraba su verdadero ser.

—Ya dije que no es verdad.

Su mirada verde se desvió y sintió sus mejillas enrojecer ante la insinuación de su amigo.

—Emil, di algo —pidió Attis de Piscis, buscando apoyo en el de Acuario, quien solo negó.

—Eso, Attis, es solo asunto suyo —expresó al ver la mirada de Dan de Aries, que buscaba ayuda para dejar de ser torturado.

—Bien, exclúyanme de su grupo.

El caballero del duodécimo templo tomó el casco de su armadura y se dispuso a salir de Aries.

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