– ¡Aren, Aren, despierta! – exclama Deimus moviéndome despacio.
Abro los ojos y me encuentro con su rostro mirándome atentamente. La luz se filtra por el casi derrumbado techo de la habitación.
– Mgh... Estoy despierto, ¿qué quieres? – le respondo algo soñoliento todavía.
Mi hermano se aleja un momento para mirar por la destrozada ventana. Luego se vuelve hacia mí.
– No estoy seguro, pero creo que ya vienen para acá – susurra mientras sigue observando.
Me levanto rápidamente, salgo de la cama y me pongo mis improvisados zapatos de cuero. Si Deimus tiene razón pues debemos irnos cuanto antes. Si nos quedamos un minuto más correremos peligro.
– Entonces ayúdame a guardar las cosas. Nos vamos ahora mismo.
Agarramos un par de armas y provisiones y saltamos por la ventana hacia el caliente y sofocante exterior. Caemos al suelo y me doy la vuelta para contemplar por última vez la semi derrumbada estructura. De todos los sitios en los que nos hemos ocultado este ha sido el mejor sin duda alguna. El edificio parecía haber sido un hotel o algo así, sólo que ahora la mitad estaba hundida bajo tierra. Lo mejor era que la habitación en la que estábamos Deimus y yo tenía dos colchones en buen estado, sucios pero sanos. El lugar nos había provisto de descanso durante tres días. Aunque ahora debemos irnos sin importar si era un buen lugar o no para esconderse. Ellos ya nos localizaron.
Estamos muchísimo más que acostumbrados a vivir de este modo: huyendo como ratas, porque ahora ese es el único modo de vida que el mundo conoce. Sin embargo, lo peor es que hay muy pocos lugares en donde esconderse debido a que ya no queda casi nada del viejo mundo más que cenizas y escombros. Todo cambió desde que los demonios ascendieron y atacaron la Tierra; los ángeles bajaron del cielo e intentaron enfrentarlos. La batalla fue épica. Pero al final, los ángeles fueron derrotados y los demonios establecieron su poderío sobre este mundo. De esto ya han pasado más de cien años. Lo que mi hermano y yo sabemos sobre esa época oscura lo hemos escuchado de nuestro abuelo. Cuando él murió, nosotros tuvimos que aprender a vivir y salir a enfrentarnos a la realidad.
Después de la Guerra del Apocalipsis, los demonios formaron la Legión del Tártaro, la cual se encarga de exterminar a los sobrevivientes humanos del cataclismo. Pero a quienes más buscan frenéticamente son a Deimus y a mí.
Mi hermano menor y yo no somos humanos. Nuestro padre era un ángel y nuestra madre una demonio. Por supuesto que su relación estaba mucha más que prohibida, así que tuvieron que huir juntos. Primero nací yo y tres años después nació Deimus. Mis padres, temiendo que nos encontrarían y asesinarían, nos dejaron al cargo de un humano que se ocultaba en un antiguo búnquer militar. Él nos crió y nosotros lo consideramos como nuestro abuelo a pesar de que no lo fuese. Sin embargo, los demonios descubrieron la relación de nuestros padres, los asesinaron y se percataron de que somos ouxidianos (que proviene de la palabra Ouxidius, que significa hijo de fuego y luz y hace alusión a los nacidos de la unión de un demonio con un ángel) y desde entonces no han parado de estar buscándonos. La Legión del Tártaro nos odia casi tanto como odian a los humanos. Sólo hubo tres ouxidianos en el mundo: el primero fue asesinado por su propio padre al nacer y los otros dos somos nosotros.
– ¿Dónde nos ocultaremos ahora, Aren? – pregunta mi hermano menor.
– No lo sé. Podríamos ir a las montañas del sur.
Deimus me mira con confusión y sorpresa.
– Pero, Aren. Dicen que allí hay un campamento secreto de humanos.
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Ouxidius
General Fiction¿Hasta dónde llegarías para recuperar a la única persona que tienes en todo el mundo? La Tierra ha cambiado y ya nada es como antes. La raza humana está al borde de la extinción. Y en este mundo, Aren, perteneciente a las dos razas más poderosas jam...
