La primera vez que te vi, fuiste grosero, odioso y arrogante.
Todo aquello que siempre me puso en la dirección contraria, que me hacia correr lejos.
Por alguna razón que no comprendí sino hasta un tiempo después, no logré dejar de pensarte.
Tus ojos tan cálidos, lejanos y llenos de burla me atraían con la fuerza de un huracán.
Tu risa tan fresca, fue mi perdición.
Fue escucharla y saber de inmediato que nada sería igual.
Como me enojaba saberme tan vulnerable, como detestaba saber que eras la causa.
Desde que nos conocimos los dias se tornaban aburridos sin nuestras absurdas peleas.
Desaprovaba todo de tí y me aseguraba de que lo sepas.
Extrañamente y en secreto, también lo amaba absolutamente todo de tí.
Me encontraba siempre absorta observando tu rostro con verdadera facinación.
Era increible como hasta el sonido de tu voz lo alteraba todo en mí.
Tu sola presencia llenaba cada sitio de luz.
Tu tenacidad era admirable y tu inteligencia indiscutible.
Siempre dispuesto a perseguir tus metas sin importar lo desquiciadas o poco probables que fueran.
Dios... amaba incluso como sonaba tu nombre en mis labios, cuando estando sola me atrevía a pronunciarlo.
Con el correr de los meses aprendí todo acerca de tí.
Lo que te hacia feliz, lo que te enojaba e incluso las cosas más tontas, con una facilidad asombrosa.
Era frustrante darme cuenta que aún así, solo parecia ser la chica que odiabas.
Todo de mí, sacaba lo peor de tí y eso me lastimaba profundamente.
Dolía, no sabes cuanto dolía en este punto cada discución.
Fuí cruel, arrogante, grosera y todo lo que me llamabas.
Pero sólo porque nadie nunca había despertado sentimientos tan profundos.
Y no tenía idea de como manejarlos.
Como explicar que en tan poco tiempo respirar, pensar, reir, soñar y tantas cosas más sólo existían cuando estabas cerca.
Cuantas lagrimas amor, por no saber que pensabas cuando te descubría viendome con tanta intensidad, que sentías cuando de la nada y en silencio te acercabas y suavemente acariciabas mi mejilla, para correr lejos un minuto después.
El día que todo cambio llegó sin previo aviso, como casi todas las cosas buenas que nos cambian la vida.
Allí nos encontrabamos discutiendo por algo sin sentido que ya olvide.
Te acercaste de repente silenciando mis palabras.
Sujetaste mi rostro con la fuerza necesaria para mantenerme donde deseabas pero sin hacerme ningún daño.
Me besaste con tanta ternura y pasión.
Con tanta necesidad y arrebato que sorprendida como me sentía intenté como pude devolverte el beso con la misma fuerza y sentimiento.
Respirar no parecia más importante que el mantener cerca al otro.
Y pensandolo bien amor, así fue.
Sólo nosotros existimos desde ese primer beso.
Lo sentimos en medio del pecho, recorriendo nuestras venas, entibiando nuestras almas y haciendo uno nuestros corazones.
Ese día nuestras miradas sellaron el trato, caímos profunda e irrevocablemente enamorados.
No llegamos a la vida del otro para completarnos sino para embellecer quién ya eramos.
Fue increible cada momento que compartimos, ser testigos de la persona en que nos convertímos, fue un regalo.
Ser la principal razón por la que luchamos, fue un reto.
Ver en tus ojos y que veas en los míos como crecía nuestro amor, no tuvo precio.
Pero este amor no fue perfecto ni mucho menos, simplemente fue real.
Fue único porque fue nuestro.
Fuiste mío y yo tuya.
Y aunque hayan pasado trece años desde que el cielo te reclamó y de que te extraño más de lo que las palabras son capaces de contar, ese hecho no cambió nunca.
Aún nos pertenecemos...
Aún te amo como la primera vez que te vi.
A trece años de tu partida física y sabiendo que esta carta sólo encierra una pequeña parte de todo lo que vivimos, de lo mágico que fue tenerte en mi vida, de lo inmenso de nuestros sentimientos y del poco tiempo que tuvimos para disfrutarlo, necesitaba decirte amor, cuan imperfectamente perfecto fuiste para mí.
Gracias por haber sido mi compañero, mi amigo, mi amor.
Gracias por haberme dado generosamente todo de tí.
Te extraño cada día, te recuerdo siempre y te necesito mucho aveces.
Te amo tanto que duele, pero que sería de la vida sino doliera de vez en cuando.
Ese dolor me recuerda que sigo viva y lo afortunada que fuí por haber visto la vida a travéz de tus bonitos ojos café.
Más allá de toda lógica, del dolor de perderte, de la tristeza de no poder volver a verte, más allá del vacio que le dejó a mi corazón tu ausencia.
Más allá de la muerte, amor.
Más allá del cielo, Sebastian... yo te amo.
Bien pequeñuelos, como dije antes esta es una carta al amor de mi vida, una que no puede ser entregada pero que hace mucho necesitaba escribir.
Quieran, sonrían y amen mucho, entreguen su corazón aunque al final este sea roto en muchas partes, no existe el amor perfecto o ideal sólo existe el real. Ese que si somos afortunados nos llenará el alma y el mundo de sueños y momentos felices. Al final les aseguro que esos momentos mantienen unido el rompecabeza que somos. Si su amor dura un suspiro, una vida o para siempre no importa. Sean felices ese tiempo y disfruten sin medidas. Vale la pena,porque habrán vivido y pueden decirle a su reflejo cada día... yo si amé.
Gracias y nos leemos, buena vida.
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Más Alla Del Cielo, Amor...
Short StoryEsta es una carta al amor de mi vida. Si alguien lee esto, estará leyendo una importante parte de quién soy. Y pués, si sólo yo lo hago, sigue siendo un intento, de plasmar en palabras un sentimiento profundo, de darle una forma distinta a un recuer...
