Capítulo veintitrés.

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[NARRA THALIA]

El tiempo pasó anormalmente deprisa. María y su madre ya estaban instaladas en casa y ya había tenido algún que otro conflicto con ellas. María era una pesada, no paraba de hablar de Harry, su novio, chico que gracias a mí conoció. Y su madre no paraba de pedirle a mi padre dinero para chorradas y caprichos suyos.

La limusina vino a por mí a eso de las doce de la mañana. Estaba enfadada con mi padre y no me despedí de él.

Hasta dentro de una semana mundo real.

Nada más entrar en el gigantesco y lujoso automóvil, mis ojos se encontraron con el rostro afable y sonriente de Margaret.

-¿Qué haces tu en mi limusina?

-Como somos de la misma academia me pareció divertido ir juntas además que tengo muchas cosas que contarte, estoy super ansiosa, nerviosa, euforica, asustada y feliz todo a la vez –dijo muy muy rápido.

-Relájate que te ahogas con tu propia saliva –reimos ante mi comentario y notamos como el cochazo se puso en marcha- Cuéntame.

-He investigado sobre la escuela y vamos a convivir con la hija del director, tenemos que llevarnos bien con ella.

-¿Eso era todo? ¿Por eso estás así?

-No. Conocí a un chico.

Ambas chillamos emocionadas a la vez.

-¿Quién?

-Louis Tomlinson, tú misma me le presentaste. Somos almas gemelas. Estamos hechos  el uno para el otro y lo más fuerte es que le gusto. ¡Nos hemos besado!

Volvimos a chillar de emoción y la tomé las manos.

-Amiga, te felicito. ¿Ya son novios?

-No… hemos decidido darnos un tiempo, por lo de la escuela de ballet y eso.

-Qué pena. Cómo lo odio, no quiero asistir a la dichosa escuela.

-¡Mira! ¡Parece que ya hemos llegado! –dijo mirando por la ventana dando pequeños saltitos en el asiento del coche.

El chófer nos abrió la puerta y cogió nuestras maletas. Estábamos caminando por un enorme jardín lleno de césped y árboles. También había numerosas rosas. Mi amiga chillaba a mi lado. Tras unos cinco minutos andando en línea recta llegamos al gigantesco edificio. Tenía siete plantas. La fachada era de ladrillos, la puerta de cristal y en la parte de arriba de ésta había un enorme letrero con el logo de la escuela y las palabras ‘seven wings’ escritas bajo él. Todas las ventanas eran iguales, con el marco marrón y unos relucientes cristales. También había numerosos balcones en cada planta, excepto en la de abajo.

Cuando pasamos dentro ante nosotras se abrió un amplio recibidor con un escritorio de roble en la parte izquierda y una mujer de mediana edad y castaña de ojos grises detrás de él. Tecleaba algo muy deprisa en su ordenador, se la veía ajetreada. Cuando nos vio sonrió y llamó por el teléfono negro que tenía en la mesa. El chófer dejo las maletas en el impecable suelo gris y desapareció. Por la puerta que había atrás del escritorio salió el director de la academia, el señor Jones. Nos recibió cálidamente y nos invitó a pasar a su despacho.

Cuando estuvimos sentadas en los sillones negros de la habitación y él estaba sentado enfrente de nosotras en su aún más grande sillón negro nos sonrió cordialmente y comenzó a hablar.

-Más que nada, desearos una feliz estancia en la escuela donde se les impartirán clases de danza, historia del arte y demás materias. Deberán tener al menos una media de 7 en las asignaturas para poder continuar estudiando aquí. La secretaria les dará la llave de su habitación situada en la última planta. Compartirán habitación las dos con Yaiza Jones. Eso es todo señoritas, en dos horas habrá un recorrido por el establecimiento. Pueden marchar a alojarse en su habitación, espero que sea de su agrado.

Buceando en las profundidades de tus ojos [Liam Payne]Where stories live. Discover now