Capítulo I

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Hay cosas que una no puede comprender ni aceptar al principio, no cuando se está bajo una presión social impresionante, cuando tienes unos padres católicos, cuando los ojos de la preparatoria entera están sobre ti.

El mundo espera demasiado, espera perfección porque tú misma te has creado esa imagen: la hija perfecta, la estudiante brillante, la porrista que lleva a la victoria a su equipo. Todos esperaban de mí el ciento diez por ciento y yo... yo me esforzaba más allá de lo extraordinario para lograrlo.

Por eso yo no podía admitir que de cierto modo tenía sentimientos por Rachel Barbra Berry, una mujer. ¿Cómo iba yo a sentirme atraída por alguien de mi mismo sexo? La iglesia, mis padres y la sociedad me habían enseñado que eso era antinatural, eso me llevaría a ser una paria, una señalada y sobre todo me llevaría al infierno.

Así que los primeros años reprimí aquello y me dediqué a sobajar a mi objeto de deseo. Tenía que decirle que tenía manos de hombre para yo misma creerlo a la larga y no pensar todo el tiempo en lo hermosas que eran. Tenía que pretender que su sola presencia podría causarme náuseas.

De ese modo por sí sola se alejaría, me dejaría en paz y yo podría seguir pretendiendo.

Pero, todos tenemos un punto de quiebre (menos ella al parecer) y aunque yo la alejara, siempre regresaba a mí, atraída por sabe qué cosas, buscando mi amistad, rogando que regresara al club glee; siento que soy un imán para Rachel y al final... cansada de pretender toda esa perfección que no era, me dejé vencer, permití que Rachel rompiera venciera mis barreras y fuera parte de mi vida, nos convertimos en amigas e incluso, permití lo que evitaba con todas mis fuerzas: que me abrazara.

Un solo abrazo podría significar la perdición para mí, porque el contacto físico sería enfrentarme a la realidad, sería como ponerme frente a un espejo y admitir plenamente, sin tapujos, sin negaciones, que Rachel era para mí, mucho más de lo que yo era para ella.

Aunque la gente pensara lo contrario.

El amor que sentía por ella rebasaba cualquier comprensión, fue así nada más que surgió, se convirtió en mi primer amor y también en la persona que al menos dentro del perímetro escolar, odié con todas mis fuerzas; porque esa personita de ropas extrañas, de presencia molesta, de ego asfixiante... esa mujer de menos de uno sesenta de estatura me había calentado el corazón y había movido mi mundo de una forma impresionante.

Enamorarme de ella significó poner en tela de juicio mi perfección, mi supuesta "naturalidad", mis creencias religiosas, la creencia en mí. El mundo como lo conocía antes de ella comenzaba a derrumbarse frente a mis ojos. Por eso la necesitaba lejos.

Pero nunca se alejó.

Finalmente cedí, y revolucioné a la Quinn que todos conocían, dejé atrás el uniforme de los Cheerios, admití (al menos para mí) mi atracción hacia las mujeres (una en particular) y me permití ser Lucy Quinn Fabray, la humana que posee millones de defectos, por ello, no era perfección. Sólo era yo.

Salir del closet no es cosa fácil, sí, es verdad que Santana y Britt habían admitido su amor a los cuatro vientos y fueron las primeras mujeres en la historia de Mckinley en salir de Narnia. Pero yo había sido educada en un ambiente muy reprimido y aunque ellas me habían abierto paso, aún necesitaba arreglar unos asuntos internos, tener valor y aceptarme tal y como era. Una cosa es admitir que eres lesbiana y otra muy diferente es aceptarlo y abrazarlo.

Aparte yo no tenía una Britt o Santana a mi lado, nadie estaba para tomar mi mano y besar mis penas, mandarlas lejos con caricias y palabras francas. De haber tenido a Rachel apoyándome en aquello probablemente sí lo hubiera hecho, pero su apoyo sería amistoso y eso era algo que a mí no me interesaba, al menos no a largo plazo.

Nunca es demasiado tardeTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon