Todo era bellísimo: las plantas verdes que salían del suelo tocaban mis dedos cuando corría hacia el gran árbol y me hacían cosquillas, me tiré al suelo para ver el cielo con una sonrisa en mi cara. Las nubes no se asomaban por ninguna parte, por lo que no me tendría que preocupar si iba a llover. Cerré los ojos para escuchar el silencio que más me encantaba: pájaros cantando, aguas de la catarata, viento suave chocando se contra mi cuerpo, alguien llamándome... ¿¿alguien llamándome??
- Alex...- al escuchar esa voz de hombre, me retumbó en los oídos y tuve que abrir los ojos bastante rápido, me levanté para mirar quien me llamaba, y no vi nada, por lo que me volví a tumbar.
-Alex- otra vez. Me levante un poco enojada por saber quien me llamaba todo el rato y luego no daba la cara. Mire hacia delante, y hacia los lados...hasta que me giré para verlo allí...ese chico que me hacía soñar esto cada noche, estaba allí. Con la luz del sol no veía bien la cara por lo que me fijaba en su cuerpo, su perfecto cuerpo con los músculos tensados y relajados a la vez, sus brazos fuertes y abdominales que se le marcaban con esa camiseta ajustada blanca que llevaba. Siempre me fijaba en su tatuaje del brazo izquierdo que recorría desde la parte superior de la muñeca hasta su hombro: una especie de tigre mezclado con un dragón con fuego perfectamente hecho con detalles muy buenos. -¡¡ALEXANDRA!!- y ahí estaba...mi madre con cara de asesina levantandome por las mañanas arruinandome el sueño...típico.
- Mamá, ¡¿que te he dicho de nunca levantarme gritandome?¡ Sabes que me pones de malhumor y tendrás que soportarme.- levantó las cejas en advertencia, por lo que ya estaba yo de malhumor y las levante igual que ella.
- Alex me da igual como estes ahora, tu padre ya ha venido con el camión, así que levanta tu trasero y mete tus cajas en el camión. - y se fue por la puerta, escuché escalones por lo que supuse que se fue abajo.
- ¡Buenos dias a ti tambien mamá! Camión, camión, camión...¿Mamá pero de que camión....?- estuve bastantes segundos pensando porque me acababa de levantar y tampoco es que yo fuera una chica con cerebro rápido, o al menos es lo que me decían. - ¡¡CAMIÓN DE MUDANZAS!! Lo olvidé por completo- no tenia ni una sola caja llena de ropa ni de accesorios ni nada. Fui corriendo al armario y tire toda mi ropa a las cajas sin doblarla, por lo que ya me preocuparía de eso cuando llegase. Metí todos mis cepillos de pelo y dientes en cajas junto con mis cremas faciales y demás.
Cuando vi que no tenía más cosas que meter me planteé convertirme en Flash, porque lo había hecho en menos de seis minutos.
Miré mi habitación por última vez recordando todos los momentos que había vivido en mi ventana favorita, los golpes que me daba contra la puerta, mis posters de la pared...de tanto recordar se me cayó una lágrima por la mejilla y la sequé rápido porque odiaba llorar. Cuando baje me estaban esperando en el coche y subí corriendo con las cajas.
- Decir: hasta luego casa! - mi padre siempre con su carácter positivo. Como le envidiaba.
- Hasta nunca- susurré para que no me escuchasen y cerré lo ojos.
Escuche el coche detenerse y me desperté.
Dormí por mas de dos horas en el coche y cuando por fin pude enfocar bien después de despertarme me fije en lo que había detrás de mí ventana: señores con mala pinta llevando una capucha negra puesta y caminaban muy deprisa... yo tenia mucha imaginación pero no sabia si me iba a gustar este pueblo. Por lo que me encogí en mi asiento para que no me viera nadie de afuera.
Leí el cartel que habia: Bienvenido a Redwood city
- Es aquí papa??- pregunte con un poco de emoción, desesperación y duda.
-Aquí es cariño, tu nueva vida empieza aqui- no me di cuanta que estaba con la boca abierta cuando aparcamos nuestra coche en la nueva enorme casa, con un color blanco madera nuevo y limpio con ventanales, terrazas en las habitaciones y la buhardilla con una ventana muy bonita típica de las películas románticas.
BINABASA MO ANG
Consecuencias del amor
Teen FictionToda mi vida había sido una pequeña rutina: levantarme, cepillarse el pelo, desayunar, cepillarse los dientes, instituto, deberes y dormir. Hasta que un día, le ofrecieron a mi padre un trabajo en un pequeño pueblo de California...seguro que nadie...
