Me llamo [Tu Nombre] y vivo en [pon tu país]. O al menos eso es lo que me repito todos los días para no perder la cordura, sabiendo que mi estancia aquí tiene fecha de caducidad. Mi madre me ha dicho que, en cuanto termine el tercer año de secundaria, haré maletas para irme a vivir a Alemania. Allá está mi hermana mayor, Fernanda —aunque todos le decimos Fer, tiene 28 años, está casada con un colombiano y tiene dos hermosos hijos: Mario, el mayor de 9 años, y la pequeña Sofía, de apenas 3 años—.
Tiempo después, recibí una llamada de mi hermana diciéndome que me había arreglado una habitación hermosa y que me encantaría cuando llegara. No cabía en mí de la emoción; por fin iba a librarme de esta casa. Ya no soportaba a mi madre. Su rutina diaria consistía en llenarme de obligaciones, golpearme e insultarme por cualquier tontería, como aquella vez que me gritó solo porque no le arreglé bien su cuarto. Pero poco me importaba el maltrato físico; en mi mente siempre rondaba un pensamiento oscuro: tarde o temprano, ella me pagaría cada una de sus crueldades.
Sin embargo, el punto de quiebre ocurrió ese preciso día.
—¡[Tu Nombre]! ¡Ven de inmediato o aténtate a las consecuencias! —gritó mi madre desde la planta baja, con una furia que hizo temblar las paredes.
—¡Ya voy! ¡No te desesperes, ya bajo! —le respondí desde el segundo piso, asomándome apenas por la puerta de mi habitación.
—¡Apúrate, [Tu Nombre], o querés que suba a buscarte y te pegue con el chilillo! —vociferó, perdiendo lo poco que le quedaba de paciencia.
(Para los que no lo sepan, el "chilillo" es una especie de azote hecho de plástico grueso, trenzado de tal forma que cada golpe se siente como fuego puro).
Mientras la escuchaba amenazarme, mis pensamientos volaban:
"Esa bruja de verdad quiere usar el chilillo otra vez... La última vez casi me desangro las piernas, y si no hubiera sido por mi padre interponiéndose, hoy no estaría respirando."
—¿Y por qué le haces caso? Deberíamos matarla de una vez, ya no la soportamos. Si no lo haces tú, lo hago yo, je, je, je... —susurró una voz escalofriante dentro de mi propia cabeza.
—¿Quién es? ¿Dónde estás? —pregunté sobresaltada, girando la cabeza por toda la habitación, a oscuras y completamente sola.
—Déjame presentarme: soy Angel of Death. Mitad ángel, mitad demonio... y básicamente, soy tú —respondió esa presencia en mi mente con total naturalidad.
—No puede ser... ¿Cómo que soy mitad ángel y mitad demonio? ¿Por qué yo? —me dije a mí misma, aterrada—. ¡Si solo soy una persona común y corriente, esto no tiene sentido!
—Sí, lo somos. Solo sé que nos adoptaron y ya, pero cállate y no le digas a nadie. ¡Apúrate o nuestra madre nos va a azotar de verdad! —insistió ella, con un tono urgente.
—Está bien... Solo me peino y bajo —murmuré para calmar el nudo en mi garganta.
Mientras tanto, en la planta baja...
—Ay, esta maldita mocosa... ¡[Tu Nombre], apúrate! ¡No me hagas subir o ya sabes lo que te espera! —seguía gritando mi madre, roja de la ira.
(Pensamientos de mi madre):
"¿Por qué demonios la habré adoptado? Debí dejarla abandonada en el orfanato. Ah, claro, fue capricho de Josep... En fin, que se largue de una vez a Alemania. Al menos allá que la aguante su hermana, je."
—Ya vine, madre. ¿Qué querías? —le pregunté con frialdad, bajando los escalones y sacándola de sus pensamientos.
—Ah, hija... Al final te vas a ir a vivir a Alemania con tu hermana. Allá tendrás una verdadera oportunidad porque aquí... la verdad, ya no te soporto ni un minuto más en esta casa —me soltó con desprecio.
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la hija de zalgo (jeff y tu)
FanfictionDicen que el cabello rojo sangre y una mirada profunda pueden ocultar los secretos más oscuros. A mis 16 años, he aprendido que mi apariencia es tanto mi mayor escudo como el imán de todos los problemas. Con una melena rizada y suelta que cae más ab...
